Que las lágrimas se hagan lucha

 Fotografía de Ignacio López Isasmendi

Fotografía de Ignacio López Isasmendi

“Llegaron sin esposas. Entraron por la puerta principal de la sala. Uno le guiñó el ojo al padre (…)”, contó Isabel de la Cruz, cuñada de Ismael Lucena, víctima de gatillo fácil (1). La escena que describió Isabel es la que había vivido momentos antes, cuando empezaba la última audiencia preliminar del año en la causa por el asesinato de Ismael y las lesiones a Marcelo López. Los que llegaron fueron dos de los acusados por estos delitos: Mondino Bessero y Antonio Monserrat. Ambos policías de la provincia de Tucumán. Sin esposas y por la puerta principal. Marcas concretas que para Isabel y su familia tuvieron una fuerte carga simbólica. Una carga que solo quien siente el dolor de haber perdido, o más bien, de que le hayan quitado a un ser amado, percibe con la profundidad y la angustia que se ubica en cada fragmento del cuerpo.

En la última audiencia, el 30 de diciembre, los familiares de Ismael y el propio Marcelo conocieron que el tribunal de la Sala II de la Cámara Penal, presidido por el juez Eduardo Romero Lascano, otorgó el cese de prisión preventiva de los procesados. Esta decisión del tribunal responde a que el Código Procesal establece que la prisión preventiva debe ser de dos años como máximo. En el caso de Bessero y Monserrat, superaba los tres años. “Si bien esta decisión de los jueces y la misma libertad de los imputados tiene que ver con una garantía de la Constitución, en esta oportunidad creemos que por los delitos que se han cometido, por las personas que son los procesados, el contexto que envuelve a la policía de la provincia y la proximidad del juicio, se debía mantener la prisión preventiva para asegurar que el juicio se realice”, explicó Julia Albarracín, abogada querellante en la causa. 

“Siento injusticia e impotencia. Siento injusticia porque si bien ellos tienen derechos, Ismael no porque está enterrado”, dijo Isabel. Las lágrimas, extensión de su cuerpo marcado por el dolor, se han hecho tan familiares que a veces pasan desapercibidas. Pero ahí están, al lado del recuerdo de quien amó como a un hijo. Y son esos recuerdos los que se convierten en el motor para seguir esta lucha que no se termina con eso que ella hoy llama injusticia. “Los jueces desde hoy, desde el día 30 de diciembre de 2014, se hacen responsables de nuestra integridad”, dijo respecto a la libertad concedida a los procesados. Julia Albarracín comentó al respecto que se presentó el pedido de restricción de acercamiento que tiende a la protección de las familias de Ismael Lucena, Marcelo López y los testigos de la causa.

Para febrero de 2015 se dispusieron varias audiencias ordenatorias que tienen por objetivo resolver cuestiones preliminares. El juicio está previsto para el 25, 26 y 31 de abril. Este será el momento para probar que Ismael fue una víctima más de la violencia que la policía imparte a cientos de jóvenes pobres y sin herramientas para defenderse. Un gatillo fácil, como se ha dado a llamar a estos casos. Fácil porque el miedo y la falta de recursos de los grandes sectores de la población que sufren la violencia, hacen que estos casos no se denuncien. Fácil porque son chicos y chicas que no existen para muchos medios de comunicación y, en consecuencia, para el resto de la población. Fácil porque es grande la impunidad que envuelve a toda la institución policial.

Julia Albarracín rescata y aplaude el apoyo que las familias de las víctimas han tenido por parte de la sociedad. Un apoyo que es producto de la comprensión de que esta problemática no debe ser ajena. “El comportamiento de la policía ha dado muestras claras de que es un cuerpo organizado, que delinque, que intenta hacer permanecer la impunidad”, dice, y asegura que a pesar de no estar conformes con la decisión del tribunal confían en que las medidas presentadas alcancen para que el juicio se pueda llevar a cabo.

Isabel, junto a su familia, no se cansa de agradecer el apoyo que recibe de la gente. El día martes, al terminar de dar notas, partió al cementerio donde está enterrado Ismael  hace más de tres años. A esa tumba fue a llorar y a seguir prometiendo que no descansará hasta conseguir justicia, como el primer día, cuando le entregaron el cuerpo de Ismael. Ese día no hubo lágrimas, pero el dolor permaneció hasta ahora. Pero el dolor y las lágrimas se hicieron lucha y, a pesar de los golpes, Isabel continúa levantando la bandera de la justicia para que no haya ni un Ismael más.   

(1)    http://www.colectivolapalta.com.ar/audios/2013/04/15/hacer-de-un-por-que-un-para-que?rq=Ismael%20Lucena