Una fiesta con pogo verde

Tarde calurosa y fin de semana largo. Desde la ciudad de Córdoba para todo el país, el Festival Girl Power hizo vibrar de música feminista a miles. Con casi 4.000 asistentes, mayoría de mujeres (alrededor de 85% según los números de la organización), con un line-up 100% femenino en los escenarios, y con más de la mitad de mujeres en la producción, se daba inicio a la última jornada de la nueva edición del festival con música, charlas y actividades más que atractivas.

“No tengo ningún problema con el cupo femenino. A lo mejor hoy la escena no tiene tantas bandas femeninas". Tales fueron las palabras que José Palazzo, organizador del Cosquin Rock, declarara en una entrevista, que tuvieron gran repercusión (y repudio) a nivel nacional.

Esto no fue un problema para las organizadoras del Festival Girl Power (GRL PWR) quienes diseñaron un festival de 12 horas a pura música de todos los géneros con más de 25 artistas mujeres, entre ellas una mayoría de disidencias, incluyendo también a las Pussy Riot, la banda de chicas rusas, activistas por los derechos LGTB y libertad de expresión, que tocaron la previa del evento unos días antes.

En las primeras horas, un partido de roller derby femenino ocupaba toda una cancha que, tiempo después, estaría repleta de chicas agitando en el aire sus pañuelos verdes. La femiferia acercaba la producción que las pibas hacen para las pibas, que contaba, entre otras cosas, con los fanzines hechos por las chicas tucumanas La Cosa Mostra, un colectivo de ilustradoras independientes y militantes.

Entre los tres escenarios, estaba el mesón de Lia Copello, creadora de la tira La Cope, con una intervención en esas paredes que la prensa hegemónica llama “vulnerables”. “EL FUTURO ES NO BINARIE” se podía leer en un graffiti con aerosol magenta sobre la pared gris, un dúo de color perfecto, y miles de historietas pintadas por las chicas que se acercaban a pedirle una selfie a La Cope. “Traje mis dibujos con los globitos en blanco para que las chicas le pongan los diálogos que quieran y los peguen en la pared, haciendo un mural con el contenido de lo que nos pasa diariamente.” dice la dibujante: “Es una responsabilidad por la llegada que tengo, pero trato de comunicar desde lo que me pasa a mí, y desde ese lugar las pibas me bancan”.

Atardecía y un montón de gente iba sentándose en el piso para escuchar a Srta. Bimbo, con la charla que lleva el nombre de su libro, producido por Futurock, “Bimbotiquín”: una recopilación de consultas sobre amor en tiempos del feminismo. “Tenemos la oportunidad de cambiar el presente desde nuestros vínculos, que son los que forman familias y crían posibles femicidas o posibles feministas. Toda la humanidad sale de los vínculos, por lo tanto podemos hacer que las personas tengan experiencias distintas.” explica Bimbo, y agrega: “La responsabilidad afectiva es para un vínculo de 5 minutos en un polvo o para un vínculo de 5 años, no importa cuánto dure, el tema es no lastimar. Hablen de esto con otres, no le dejen estos debates a los paneles de la tarde, ni a las películas.” Con el humor como bandera y junto a su compañera, “la otra gorda”, Noe Custodio, ironizaron en el escenario sobre patriarcado y sobre el personaje político más abucheado, el presidente Macri.

Fotografía de Agostina Rossini

Fotografía de Agostina Rossini

Fotografía de Agostina Rossini

Fotografía de Agostina Rossini

Las luces en los escenarios cambiaban de color para anunciar las primeras bandas de punk, de rock, de reggaetón, de hip-hop, de indie y de cumbia. Patricia Pietrafesa (bajista y cantante de las She Devils, milenaria banda de punk, además de activista de la contracultura) cuenta cómo 20 años atrás, en sus inicios como banda punk de mujeres, eran golpeadas por hombres al escucharlas. Este festival significaba para ellas un espacio seguro donde ninguna otra mujer volvería a sentir miedo de mostrar su arte.

Anita Tijoux, con su hip-hop político mezclado con música regional chilena, arremetía contra todas las formas de opresión: capitalismo, patriarcado, racismo. Las asistentes sacaban sus pañuelos verdes y naranjas, cantando mientras cerraban los ojos con los puños en alto: “Liberarse de todo el pudor, tomar de las riendas no rendirse al opresor. Caminar erguido sin temor, respirar y sacar la voz.”

Fotografía de Agostina Rossini

Fotografía de Agostina Rossini

Fotografía de Agostina Rossini

Fotografía de Agostina Rossini

También estuvieron presentes las gigantes consagradas de la música argentina como Sara Hebe, Miss Bolivia, Marilina Bertoldi (quien ganó el premio a mejor disco del 2018), y otras de la escena emergente como Mis Nina, HTML, Missil, La Femme d’Argent, entre otras. Convergían aquí las tachas, el perreo, los looks indies, el glitter, pelos de colores, los cuerpos tatuados, las argollas en la cara, y un denominador común: el pañuelo verde.

Ofelia Fernández, militante desde los 13 años, la presidenta más joven del centro de estudiantes del Colegio Carlos Pellegrini de Buenos Aires y actual referente en el frente electoral Patria Grande, respondió algunas preguntas sobre cómo es la militancia en provincias como Tucumán, donde los gobernantes ofrecen mucha resistencia a los reclamos de colectivos de mujeres: “Cualquier espacio hostil no lo es tanto si sabés que tenés una bancada en alguna parte. Es el fenómeno actual: teniendo la certeza de que hay compañeras que están haciendo lo mismo que vos, sufriendo la misma hostilidad en otro lado. Siempre se menciona que lo personal es político, pero yo creo que ahora hay que subir un escalón más y pensar que lo colectivo es político.” explicaba. “Entonces esos terrenos por más hostiles que sean, tienen la ventaja de que somos un montón, y que tarde o temprano se van a ver inundados por un fenómeno que excede su capacidad reaccionaria: nosotras avanzamos un paso y ellos retroceden cuarenta y cinco, pero no hay que bajar los brazos porque tenemos todas las de ganar, que el cambio cultural ya ha comenzado, y debemos soportar esa incomodidad en función de que mañana viene algo mejor”, declaraba Ofelia.

Lo colectivo es político, y el festival claramente tuvo una cartelera con mucho contenido político dejando en evidencia que el feminismo popular no sólo tiene en agenda la legalización del aborto sino también la feminización de la pobreza (según Las Naciones Unidas, de las personas que viven en situación de pobreza, cuyo total se estima en 1.700 millones, más del 70% son mujeres), el cupo femenino en escenarios y hasta los programas de salud para las mujeres en rehabilitación por drogas, que son todavía muy escasos en nuestro país. “El Lollapalooza son los sponsors, es la industria y ya. El festival GRL PWR entiende la disciplina artística como un terreno de disputa, y ya lo era antes, pero es más fácil avanzar si estás diciendo hacia dónde estás caminando. Además el hecho de que hayan invitado a mujeres a conversatorios y no solo a bandas es un claro acto de discutir qué estamos haciendo acá y qué significa jugárnosla en este sentido”.

Ofelia asegura que este año será fundamental para nuestro país y que puede significar un ejemplo para los pueblos de Latinoamérica como Brasil, que atraviesan esta ola neoliberal, a la cual Argentina resiste con espacios organizados de militancia, cuya misión es sostener un diálogo con el Estado.

Fotografía de Agostina Rossini

Fotografía de Agostina Rossini

Fotografía de Agostina Rossini

Fotografía de Agostina Rossini

Las colas en los food trucks anunciaban la hora de hacer una pausa aunque los escenarios no daban tregua: nadie quería perderse de ninguna artista. En la sala de prensa aguardaba Barbi Recanati, creadora y productora de GOZA Records, un sello discográfico dedicado a visibilizar proyectos musicales ya existentes de bandas de mujeres e identidades disidentes que no tienen espacio en los sellos de productores comerciales. “Futurock cumple una función muy grande en el sello porque apoya con la difusión, dándole un lugar en sus redes. GOZA es un sello muy enfocado en el momento que estamos viviendo, más que en el desarrollo individual de cada artista”, confiesa Recanati.

Miss Bolivia anunciaba su show con los primeros sonidos sintéticos y cumbieros de Bien Warrior. Recitaba luego la letra de su canción: “Si tocan a una, nos tocan a todas/ el femicidio se puso de moda/ el juez de turno se fue a una boda/ la policía participa en la joda.” Silencio absoluto, ceños fruncidos de las chicas y el “Ay, carajo, qué mal que estamos los humanos, loco, paren de matarnos”. Bastó una pausa para que al grito de “¡Alerta!” se hiciera un pañuelazo lleno de rabia devenida en resistencia colectiva, esa que sana porque no estamos solas.

En las pantallas del otro escenario, entre humo y luces aparecía la foto de Sabina, la niña de 11 años, militante de la Garganta Poderosa, asesinada en la Rioja. Sara Hebe comenzaba su show con las visuales denunciantes del femicidio y todo el público rapeando “La fisura en la estructura es un problema de base, el conflicto es el reflejo del concepto de clase, todo se vende, más allá del envase, la producción, mata todo lo que nace. La posta no se dice y hay que hacer lo que no se hace, si hay que pedir voy a pedir que no te pase. Es mentira que hay personas incapaces, hay gente que calcula porque sabe que podrías darles clases.” Mucho perreo mientras las tiras y argollas de la indumentaria de Sara diseñada por la artista Agustina Britos, saltaban por el aire junto con una bandera que decía “Ni una menos en las cárceles”.

Fotografía de Agostina Rossini

Fotografía de Agostina Rossini

Fotografía de Agostina Rossini

Fotografía de Agostina Rossini

Ya era de madrugada cuando las Kumbia Queers cerraban el festival. Flor Linyera (tecladista) con su pelo rosa y Juana Chang (vocalista) con las tetas al aire y una maraca amarilla en cada mano. También integran este grupo de cumbia punk, las integrantes de She Devils, Patricia Pietrafesa (bajista) y Pilar Arrese (guitarrista) quienes le ponían las guitarras distorsionadas típicas del rock a tanto ritmo tropical. Abajo el público femenino en corpiño, hacía pogo aprovechando los últimos minutos que quedaban.

Todas las luchas, todas las bandedas. El glitter y las disidencias. Las bandas emergentes y las de larga trayectoria. Las que hablan, las que cantan, las que bailan. La agenda del feminismo se discute y se amplía pero con fiesta y risas. Porque no faltan bandas de chicas, faltan festivales Girl Power.

Fotografías de Agostina Rossini