La Palta

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El juego de las letras

Fotografía cortesía de Ivanna Décima Fasola.

El grupo El Juguete Rabioso comenzó como un taller de escritura, con el mismo nombre, en abril de 2014. Desde el principio la propuesta fue diferente. No se trataba únicamente de llevar el texto propio y corregirlo, sino de discutir los modos de hacer y pensar literatura. “El taller lo pensamos con un espacio de intercambio y comunión, donde el que asiste puede aprender leyendo literatura, escuchando a un par, leyendo a “grandes autores” – a tipos con cierta trayectoria, digamos–, exponiendo su propia escritura a la mirada – que progresivamente y mediante ciertas herramientas pretendemos que se construya como una mirada crítica, pero sobre todas las cosas apasionada– de sus compañeros y, claro, de nosotros, los talleristas. También está bueno pensar que para hacer un taller de literatura, para asistir o dictar uno, no tenés que ser un genio escritor, sino simplemente un curioso al que le gusta escribir, leer, ver y escuchar” comenta Ezequiel Naccuse, que coordina el taller junto a Blas Rivadeneira.

Desde el principio, Ezequiel y Blas aportaron textos de ruptura con respecto a lo que usualmente se lleva a los talleres de escritura. Pretendían salir de los clásicos, del boom latinoamericano y de la literatura de corte realista. Entonces, cada taller traía una propuesta nueva y contemporánea como Mario Levrero o Alan Pauls, del lado latinoamericano, o Alfred Hayes y Thomas Pinchon del lado anglosajón. A la vez, se iban trabajando los textos propuestos por los alumnos. “El taller se fortalece porque la gente quiera compartir su experiencia, porque cada texto que lleva un alumno impone su respeto, pero además, su necesidad propia de análisis, y en este punto nos gusta detenernos, a cada texto le damos un tiempo y un espacio de pensamiento especial; lo charlamos, lo debatimos, pensamos qué cosas conviene decir para que el que escribió ese texto crezca buscando su propia voz literaria y qué cosas habría que evitar, porque podrían bajonearlo, hasta nos conmovemos con los textos. Además en el taller recomendamos lecturas, hablamos un poco de 'teoría de la escritura' e incluso analizamos textos de autores con cierta trayectoria, siempre pensando que todo está en función de los asistentes, y no olvidándonos que lo principal son los textos que ellos mandan, eso es lo que marca el pulso del taller”.

Con el tiempo y el grupo se encontró con la necesidad de disputar espacios literarios, es decir, lugares donde poder dar a conocer su propia literatura y difundir la literatura regional. Ezequiel cuenta que “si bien la ausencia del Estado en las letras es notoria”, dice, “hay una proliferación de editoriales independientes y revistas literarias, todas de variada calidad, que están desarrollándose. Hay chicos en Jujuy que organizan un festival muy bueno que se llama ‘Festival Sumergible’; hay pibes en Santiago que tienen un ciclo de lecturas que se llama ‘Lata Peinada’; revistas literarias históricas como la ‘Trompetas Completas’ o nuevas como ‘El Gueto’, editoriales independientes como ‘Culiquitaca’ o ‘Dichosa Editorial’, etc. etc. –la lista es larguísima–quizás falta organización entre los grupos, pero me da la sensación de que poco a poco va formándose eso”. Y justamente, ese espacio de reunión e intercambio era el que hacía falta. El grupo, entonces, se dispuso al armado de ciclos de lectura. Con la ayuda del Museo de la Universidad Nacional de Tucumán realizaron dos, con poetas de trayectoria nacional. Ambos ciclos convocantes y exitosos. Ambos permitieron que jóvenes poetas y narradores den a conocer sus obras, junto a personajes de más trayectoria.

Paralelamente, en estos ciclos se abrió el espacio para que las editoriales independientes que quisieran vendieran sus libros y se invitó autores tucumanos, tanto poetas como narradores. “Nos gusta abrir el juego, en al menos dos sentidos: el primero sería decir que pretendemos generar un espacio diverso en estéticas y modos de mirar la literatura, nos parece que eso enriquece al ciclo y que a la vez genera en el público una sensación de no saber qué es lo que puede encontrarse, algo seguro se va a llevar el que vaya y escuche, así le guste o no, la propuesta es siempre abrir la cabeza, porque de cada cosa uno puede aprovechar, como escritor o como lector; el segundo punto tiene que ver con la posibilidad de ponernos a escritores más jóvenes con gente de trayectoria, incluso de otros lugares: que tu primera lectura sea junto a Osvaldo Bossi o Mariano Blatt, que son referentes de la escritura y la edición a nivel nacional no es joda. Es algo que está bueno, de lo que podés aprender. Que después te puedas acercar y charlar con ellos, que la gente pueda hacerle preguntas o conseguir sus libros –que en las librerías de Tucumán por ahí no se consiguen, además también de conseguir libros de editoriales tucumanos, que seguro no se consiguen en las librerías más grandes”, agrega Ezequiel.

Por ese constante apostar al crecimiento colectivo en la literatura, a que sea de todos y para todos, el grupo se presentó en las becas del Fondo Nacional de las Artes y ganó. El proyecto estaba dedicado al primer “Festival Internacional de Literatura en Tucumán” (FILT).  Desde el Juguete se piensa como otro espacio necesario. Pretenden que se establezca como un punto de referencia regional, un festival con las características y el tamaño que tienen los festivales de literatura de Rosario, Córdoba y Buenos Aires. Se plantea abrir definitivamente el juego en la provincia y en la región. Que los jóvenes escritores de acá conozcan lo que se está escribiendo en otras provincias y difundan sus obras entre los escritores y lectores de las otras. “Un festival es la posibilidad de poner a la región en contacto las producciones de todo el país, de tender puentes entre editoriales, escritores, lectores. Me parece que Tucumán necesita insertarse en algo mayor –como sucedió en Córdoba hace algunos años, como hace Rosario–, en una red de relaciones en la que editoriales y escritores puedan ser tomados en cuenta”
Queda en evidencia que desde la concepción que si bien hay una técnica, todos y todas pueden escribir, y además, que son necesarias la defensa y la difusión de la literatura regional, El Juguete Rabioso se alza como un joven bastión en defensa de lo propio, de la caída de la torre de marfil y de la socialización del arte.