Una familia malvinera con su propio ritual
/Foto: Encuentro en Córdoba - Angélica zelaya | La Palta
Encontrarse el primero de mayo es su ritual desde hace algunos años. Ese día, los Veteranos de la Guerra de Malvinas que formaron parte del Batallón Antiaéreo de Infantería de Marina (BIAA) viajan desde provincias como Chaco, Salta, Tucumán, Santiago del Estero, Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires y se reúnen para conmemorar lo que fue su bautismo de fuego.
Este encuentro, que se da cada año en distintos puntos del país, tuvo lugar esta vez en Villa María, Córdoba. Como suele coincidir con el fin de semana largo por el Día del Trabajador, los Veteranos conmemoran la fecha con un acto protocolar y además extienden la reunión durante esos días, compartiendo recuerdos, entre ellos y con sus esposas e hijos.
La noche que los encontró bajo fuego
En la madrugada del 1 de mayo de 1982, el Reino Unido llevó adelante el primero de los ataques aéreos en el marco de la operación Black Buck I. El blanco fue la Base Aérea Militar Malvinas, ubicada en el aeropuerto de Puerto Argentino, sobre la que se lanzaron aproximadamente 9.500 kilogramos de explosivos. Horas más tarde, el ataque fue con ocho aviones Harrier y Sea Harrier y nunca más paró: desde entonces y hasta el 14 de junio, día en que finalizó la guerra, el enfrentamiento continuó. Así tuvo lugar el llamado bautismo de fuego, esto es, la primera vez en la historia que esta unidad, junto a muchas otras, entró en combate.
El capitán de navío Alberto Baffico era el jefe del Puesto de Comando de Defensa Antiaérea, dispositivo que centralizaba a las unidades de las distintas fuerzas con esa misión. Allí, recuerda, llegaba toda la información necesaria para ser procesada e indicar las órdenes a las armas antiaéreas para que abrieran fuego contra el enemigo.
En el marco de las operaciones defensivas coordinadas en distintos lugares de la Isla, el entonces cabo principal Oscar Alberto Momo derribó con un misil Tiger-Cat a uno de los aviones que atacó durante la mañana. Otras unidades lograron derribar otros dos aviones más.
A pesar de las sentidas bajas para el Batallón de Raúl Ricardo Romero y Rito Portillo lograron cumplir con el mandato que tenían: defender el territorio asignado. La pista se mantuvo operativa, aún con leves daños, y la Royal Air Force se vio obligada a actuar, en adelante, desde alturas más elevadas, perdiendo eficacia en los siguientes ataques.
Una familia que empezó a formarse
Mientras los integrantes del BIAA se encontraban en las islas, la cercanía entre los familiares ya empezaba a gestarse. Nora Navarrete es la esposa del suboficial mayor Abel Alberto Arce. Dice que fue de las primeras en casarse del grupo de compañeros de su marido. De aquellos primeros días de abril recuerda las redes que se fueron tejiendo a su alrededor: “Nosotras las mujeres nos unimos bastante, había chicas recién casadas, algunas estaban en luna de miel. Entonces las mayores nos juntamos para darnos consuelo, fortaleza y también para informar a los familiares cómo iba la cosa, porque una visión era la que se daba publicidad en Buenos Aires y otra era la que vivíamos nosotros”.
Nora era maestra jardinera en la base militar de Puerto Belgrano, sede del BIAA. Ella lograba recopilar alguna información más allá de la que se conseguía en los medios masivos de comunicación y a través del teléfono de su madre, el único que tenían, hablaba con otras mujeres en distintos lugares. Visitaban también los hospitales a donde llegaban los heridos, tanto en su ciudad como en Ushuaia, Río Gallegos, Comodoro Rivadavia, los acompañaban o los ponían en contacto con la familia, y recibían mediante ellos más información de las islas.
Cuando Nora piensa en el regreso de su marido, piensa también en las primeras veces que lo vio reunido a sus compañeros. Al comienzo, los veía jugando al fútbol hasta el cansancio en su lugar de trabajo. Después, empezaron a encontrarse en Punta Alta con quienes vivían cerca, juntando aproximadamente 40 personas entre maridos, esposas e hijos. Con el paso del tiempo y la muerte de muchos de ellos, ese grupo se fue diluyendo y fue entonces cuando empezaron a acercarse más a los encuentros del Batallón, que empezaban a surgir.
Martha Salazar es esposa del soldado conscripto Adolfo Osorio. Su marido tenía contacto con algunos de sus compañeros, los más cercanos geográficamente a las Termas de Río Hondo, donde viven actualmente.
Foto: Encuentro en Córdoba - Angélica zelaya | La Palta
Él siempre se preguntaba por quienes estuvieron con él en las islas, pero no fue hasta que las redes sociales estuvieron más al alcance de todos, que las búsquedas se aceleraron y empezaron los reencuentros. “Recuerdo un encuentro grande acá en Villa María, hace no tantos años, que creo que ahí fue el inicio de este encuentro ahora que es cada vez más multitudinario porque vienen de todos lados. Y estuvimos acá invitados por -Carlos- Goya, como ahora. Nos juntamos en su casa, en el campo, y a partir de allí ya empezó a armarse”, cuenta Salazar.
A pulmón y con mucho anhelo, los veteranos trabajan coordinadamente para llevar adelante un cronograma de, por lo menos, tres o cuatro días. La actividad principal de cada año es un acto protocolar organizado por ellos mismos, al que invitan a las autoridades de la ciudad que los recibe. En esta oportunidad, Luis Salvatori junto a Carlos Goya, ambos soldados conscriptos, fueron quienes recibieron a más de 70 personas en su ciudad, Villa María, al sureste de Córdoba: “Nos fortifica un poco para seguir pasando, con pena y alegría, lo que fue Malvinas. La alegría de reencontrarnos y vernos cada año con ellos, saber que todavía estamos bien, dentro de todo lo posible. Los que mejor saben cómo estamos son nuestras familias, que conviven día a día con nosotros, porque nosotros estamos siempre recordando Malvinas”reflexiona Salvatori, y agrega: “llegar una vez al año, juntar todo el Batallón con personal de cuadros, conscriptos, de tantos lugares del país y que se sientan como en casa, para nosotros es fantástico”.
Este esfuerzo es celebrado por todos los Veteranos que junto a sus familias hacen también lo propio para llegar, no importa cuán lejos estén, porque van a encontrarse con su familia más grande. “Es una reunión de camaradas, de amigos y de gente que vivió lo mismo. Estar en una guerra no es un tema fácil y deja secuelas de todo tipo, entonces la reunión de todos es como que es un efecto curativo, de juntarnos”, sostiene Baffico cuando es consultado sobre la razón por la que asiste a los encuentros que organiza el BIAA.
Foto: Encuentro en Córdoba - Angélica zelaya | La Palta
Como en toda buena familia, las diferencias pueden estar, pero siempre hay algo que los mantiene unidos, Malvinas los llama a seguir estando. Ese compromiso también es el que transmiten a sus hijos, nietos y, algunos, hasta bisnietos.
Alejandra Ale es hija del conscripto Jorge Isamel Ale. Malvinas siempre estuvo presente en su vida, aunque los recuerdos más lúcidos vuelven desde su adolescencia, cuando iba a la secundaria y tenía que hacer actividades relacionadas a la temática. Su papá, comenta, era muy reservado. Esa experiencia escolar le permitió conocer un poco más de su historia en las islas, ahí supo que su destino fue el BIAA.
Tiempo después, casi a sus 28 años, participó de una primera conmemoración del bautismo de fuego donde conoció más familias, más allá de Tucumán de donde son oriundos. Para Alejandra es un encuentro que la emociona, que la reconforta: “Nos hace bien en general, no solo a ellos porque sanan un poquitito el estar con sus compañeros el charlar, el poder estar ellos en su zona de confort por así decirlo y poder disfrutar, hablar temas que quizás solo ellos se entienden con sus códigos. Todo eso les hace bien a ellos y a nosotros como familia también”, comenta.
En el encuentro salen anécdotas que, aún 44 años más tarde, las familias no conocen, o que ellos mismos habían olvidado y se ayudan a recordar. Ellos comparten la mesa y largas horas de sobremesa, bailan, se ríen. Están juntos una vez más, como hermanos, como a ellos les gusta llamarse . Y así seguirán llevando a cada rincón del país su historia, y su anhelo en común de que en las Islas Malvinas vuelva a flamear la bandera Argentina.
Gracias por sus testimonios a:
Alejandra Ale y familia
Nora Navarrete
Martha Salazar
Luis Salvatori
Alberto Baffico
