El orgullo de ser diverso en una provincia homogénea

Se realizó en Salta, como todos los años, la Marcha por el Orgullo LGBTIQ. El sábado 4 de noviembre la columna de gente marchó desde el Portal de la Memoria situado en el parque San Martín hasta la plaza 9 de Julio. Fueron dos horas de caminata y de fiesta por el centro de la ciudad que culminó con un acto frente al cabildo salteño.

Después de una semana de calor intenso en la ciudad de Salta, el sábado amaneció nublado, lluvioso y frío. La agenda del día arrancó desde las 15 en el Anfiteatro del Parque San Martín con la "Feria Disidente", donde miembros de la comunidad de Salta hicieron exposiciones de trabajos independientes y vendieron artículos de los más variados. A partir de las 18:30 se concentraron a unas pocas cuadras de la feria el resto de las agrupaciones que desfilaron por las calles salteñas. 

En un principio primó la preocupación; no habían carrozas como en años anteriores, ni tanta gente. Muchos hablaban de que el clima terminaría perjudicando la convocatoria, pero cuando se hicieron las 7 de la tarde de distintos autos bajaron diosas y dioses del olimpo para marchar con los mortales. Tres camionetas con altoparlantes hicieron vibrar el cielo encapotado, y los concurrentes sacaron a relucir sus plumas, vestidos y zapatos o botas imposibles para alguien que no sea un superhéroe.

La columna compuesta por diversas agrupaciones superó las tres cuadras de largo y marchó a través del microcentro en una tarde colmada de gente en las calles. Los parroquianos se agolparon en los bordes de las veredas o salían de los comercios con caras curiosas para ver quiénes eran los que instaban a la fiesta y la algarabía. No faltaron los machos que torcían la boca en un gesto de desaprobación, pero sin dejar de mirar de reojo las colas esculpidas y las prendas diminutas. Los niños aplaudían y más de una señora se acercó para sacarse selfies con las chicas. También marcharon las mujeres lesbianas y bisexuales con pelucas rosas y megáfono en mano arengando e interpelando a la población con cánticos provocadores pero certeros, atacando al patriarcado donde más le duele y haciendo hincapié en los femicidios, la trata y el aborto no punible, temas que todavía siguen cajoneados por los representantes provinciales y nacionales.

Ante todo primó la buena onda, la fiesta y la alegría. Nadie faltó el respeto a quienes desfilaban y ni siquiera la Policía se hizo presente, como se esperaba tras la difusión del nuevo protocolo que implementó el gobierno nacional la semana pasada. Solo dos oficiales motorizados cortaron las calles, pero después desaparecieron cuando la columna multicolor se acercó a la plaza. Hace mucho que los responsables organizadores de la marcha se quejan de lo mismo: no hay acompañamiento permanente de efectivos que ayuden a organizar el tránsito, lo que deja en responsabilidad de los compañeros cortar calles y pelearse con los automovilistas. Por suerte, los conductores se mostraron comprensivos y colaboraron esperando o tomando caminos alternativos.

El miércoles 1 de noviembre el Concejo Deliberante había declarado de interés general la marcha del orgullo LGBTIQ, lo que significó una victoria y un avance en el reconocimiento a los miembros de la comunidad. La nota de color la dio el flamante concejal Andrés Suriani que en una entrevista con una radio local manifestó su desacuerdo con la decisión tomada por mayoría en el Concejo “debido a que representa todo lo antinatural del ser humano”. “Y menos después de que me entregaran un folleto que mostraba mujeres con pene y hombres con el aparato reproductor femenino”, agregó. A pesar de esto y el repudio a los comentarios del concejal, la marcha se llevó a cabo sin ningún traspié más allá de alguna que otra torcedura de tobillo por culpa de un taco aguja que quedó atrapado en una grieta del pavimento.

Una vez al año la ciudad salteña se pinta con los colores del arco iris y baila al ritmo de la música estridente, con o sin lluvia, las verdaderas mujeres maravilla, superhombres y caballeros de la noche le pintan la cara a más de uno. 

Fotografías de Gastón Iñiguez

(Hacé clic para agrandar)