Diez años después: ¿quién busca a Milagros y Benicio?

Foto: Ítalo Lautaro | La Palta

El 28 de octubre de 2016 desaparecieron Milagros Avellaneda y su hijo menor, Benicio Coronel. Cinco años después, el 22 de septiembre de 2021, Roberto Carlos Rejas fue condenado a prisión perpetua por los homicidios, agravados por alevosía y, en el caso de Milagros, por mediar violencia de género. Sin embargo, los cuerpos nunca aparecieron. A una década de la desaparición, Amalia Ojeda, madre de Milagros, reclama que el Gobierno aumente la recompensa y que se retome la búsqueda.

Cinco días después de la condena, Rejas se fugó del cuartel de Bomberos de la Policía de Tucumán, donde permanecía detenido. Fue recapturado en Salta en octubre de ese año. La fuga sumó otro capítulo a una historia que, para Amalia, nunca dejó de estar marcada por la frialdad del homicida, quien, a pesar de haber sido declarado culpable, jamás respondió las preguntas sobre el destino de Milagros y Benicio.

“¿Dónde están Milagros y Benicio? ¿Qué hizo Rejas con mi hija y mi nieto?”. Son las preguntas que acompañan a Amalia desde hace diez años, durante los cuales no bajó los brazos y tuvo que hacerse cargo de la crianza de Álvaro, el hijo mayor de Milagros.

Hoy Álvaro tiene 16 años y cursa quinto año de secundaria. Creció sin su mamá y sin su hermano menor. Amalia destaca el acompañamiento que recibió del colegio, de sus compañeros, del grupo de padres y de los profesionales que lo atendieron desde chico. La tutela y esa red de contención fueron importantes para sostenerlo, pero no repararon la ausencia.

“No fue fácil seguir, pero acá me tenés de pie por Álvaro”, cuenta. La búsqueda continuó en medio de ese duelo y de una vida que tuvo que reorganizarse para criar al niño, acompañarlo en su crecimiento y sostener el reclamo de justicia.

Una condena no alcanza

Foto: Alejandro Sarmiento (Alegatos 2021) | LA Palta

“Se cumplen diez años de oscuridad, de vivir siempre con la misma pregunta, y el dolor no calma. Es un dolor igual al de aquel 28 de octubre de 2016, nada cambió”, expresa Amalia. Para ella, el paso del tiempo no convirtió la desaparición en un recuerdo ni la sentencia en una respuesta suficiente. La búsqueda sigue siendo una necesidad. “Justicia se va a hacer el día que encuentre a mi hija y a mi nieto”, afirma.

“Le pido a la familia Rejas que rompa el pacto de silencio. Benicio también es su nieto”, expresa Amalia, quien cuestiona la falta de respuestas sobre las medidas de búsqueda. “El Estado se quedó corto al no haber una búsqueda en diez años”, sostiene. Mientras tanto, dice, “la familia de Rejas va a la cárcel a ver a su hijo, lo abrazan y lo besan, ¿y yo qué tengo que hacer? ¿Abrazar un portarretratos? No es justo”.

Uno de sus pedidos centrales es que el Gobierno de Tucumán aumente la recompensa para que, al menos, eso motive, a quienes puedan saber algo, a aportar información. Según el registro oficial de personas buscadas del Ministerio de Seguridad de la Nación, la recompensa publicada es de diez millones de pesos. Amalia compara esa cifra con las recompensas anunciadas recientemente para otros casos y cuestiona que su reclamo no haya tenido la misma respuesta.

En el barrio Lola Mora, la familia encontró acompañamiento desde las primeras horas de la búsqueda. Amalia recuerda especialmente a los vecinos que salieron de madrugada para reclamar justicia cuando Rejas se fugó. Agradece a quienes estuvieron presentes durante esos años y a los periodistas que mantuvieron el caso en agenda. Para ella, la memoria pública es importante porque evita que la desaparición quede relegada mientras la pregunta continúa sin respuesta.

“Cuando estoy sola en mi casa me encierro a ver fotos de ella y su ropa”, dice. Diez años después, Amalia sigue teniendo presente a su hija y a su nieto en sus pensamientos cotidianos. Habla de un dolor que permanece intacto y que convive con la crianza de Álvaro, los recuerdos y la espera.