Miradas bicentenarias: rock and pol

Fotografía de Armando Pampillón

Fotografía de Armando Pampillón

El rock moviliza. Genera pasiones. Denuncia. En cinco décadas, el rock nacional argentino no quedó afuera de las disputas políticas. Desde el uso de la música como herramienta de expresión en dictadura, hasta el marketing político que utiliza a referentes culturales del rock para vender imágenes de candidatos. Sobre esto estudió Juan Ignacio Provéndola, periodista y escritor que basó su tesis doctoral en la historia política y social argentina al lado de la historia del rock. A partir de esto descubrió las tensiones y contradicciones que construyeron el estilo musical en el país y las publicó en el libro Rockpolitik.

Si bien el libro narra el surgimiento del rock en el mundo hasta la aparición, apogeo y crítica en Argentina, los vínculos que se generan entre el mundo del rock y el poder político son el contenido fuerte. En ello se plantea el nuevo desafío del rock en estos tiempos que, según Provéndola, debiera ser el de ser genuino. “A lo mejor cuando surgió el rock, era una de las pocas voces para movilizar o darle visibilidad a determinadas protestas o reclamos. Una vez que vuelve la democracia y se instala, me parece que ese desafío ya deja de ser patrimonio del rock y pasa a ser patrimonio de otros actores de la vida institucional: partidos políticos, militancia, sindicatos, organizaciones sociales y otros elementos que van apareciendo y le dan más volumen al otro lado de la balanza”, explica Juan Ignacio. Entonces aparece la pregunta capciosa: ¿sigue siendo el rock un canal de protesta? “No sé si tiene que seguir siéndolo, porque hoy hay otros espacios donde poder dinamizar estos reclamos. Creo que el rock ya no tiene esta responsabilidad que se cargó encima. Sí tiene el compromiso de ser auténtico, de sentir, de expresar y de representar observaciones genuinas”, agrega el autor y deja en claro que “si uno le sigue pidiendo al rock lo que le pedía hace 50 años, pierde la gracia y la riqueza”.

Las instituciones combatieron al rock como combaten a cualquier agente externo a la vía institucionalmente impuesta. Hasta que el rock termina siendo parte de la cultura y considerado como el hijo revoltoso.
— Juan Ignacio Provéndola

El libro, además, cuestiona las consideraciones a nivel mundial y nacional que se hicieron del género. Iniciando con Elvis Presley, las censuras a sus movimientos de cadera y su aleación con las fuerzas militares de Estados Unidos, Rockpolitik da cuenta de la estigmatización del rock por parte de las instituciones. “Las instituciones combatieron al rock como combaten a cualquier agente externo a la vía institucionalmente impuesta. Hasta que el rock termina siendo parte de la cultura oficial y ahí ya no es visto como un enemigo sino considerado como el hijo revoltoso. Es un poco rebelde pero es parte del organismo. Está sistematizado”, afirma Provéndola.

No cabe duda que en Argentina las bandas movilizaron a los jóvenes. Hubo épocas de gloria como ser el año 86, en el cual se editaron discos como Signos de Soda Stereo, Oktubre de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota o Fuera de Sektor de Los Violadores. “Una locura de discos que salieron en doce meses.  Pero a su vez, más allá de ese momento de gracia creativa, no tenían una bajada política. Tenían una sensibilidad más entregada hacia la estética que hacia la ética”, dice el autor de Rockpolitik, haciendo hincapié en la búsqueda de la calidad musical que se plantaba en el rock nacional de los 80. Ahora bien, en los 90 sucede lo contrario. Las bandas no tienen una complejidad musical y las letras de bandas como La Renga marcan un contenido político fuerte. “De hecho es más fácil aprender a tocar la guitarra con canciones de La Renga que de Virus. Pero era una juventud que se sentía marginal del sistema y que se daba cuenta que el modelo de país que se estaba imponiendo y desarrollando era nefasto y dañino”, remarca Provéndola.

En los 90 las bandas llegan a ocupar el lugar que debían ocupar los partidos políticos. Mientras que los músicos de los 80 provienen de familias de clase media con ciertas oportunidades, en los 90 aparecen los hijos de trabajadores que se estaban quedando afuera del sistema a partir de despidos y el cierre de las fábricas. Soda Stereo se formó cuando los músicos se encontraron estudiando publicidad en la universidad. A diferencia se encuentra Attaque 77, donde el padre de Ciro Pertusi fue echado de una de las tantas fábricas que cerraron en el conurbano. “Ya en los 2000 cuando la política se vuelve más amigable y empieza a incorporar el discurso de los jóvenes, el rock pierde espacio, pero no por eso se queda afuera”, dice Juan Ignacio y manifiesta que en este siglo el rock se empalma con la política y se dan casos como el de los músicos de Las Manos de Filippi, que participan del Partido Obrero. Y eso se pone en juego con la actualidad, la juventud militante y la participación política de los jóvenes que, según Provéndola,“es posible no solo porque desde el Estado se estimuló eso, sino también porque ya había una sensibilidad sembrada en la década anterior donde el rock fue educando a los jóvenes a que no sean unos boludos”.