Tierra Citrus, las historias que no cuentan las cifras del limón
/Foto: Gentileza prensa tierra citrus
En una antigua casona de principios del siglo XX, donde Atahualpa Yupanqui compuso la zamba La viajerita, transcurrieron algunas de las jornadas de rodaje de Tierra Citrus. La película de Ayelén Agüero encuentra en Alpachiri, en el departamento tucumano de Chicligasta, un territorio de memorias familiares, saberes compartidos y vidas atravesadas por el trabajo rural. “Una historia que nació de una experiencia íntima”, dice la directora y agrega que parte de su familia materna trabajó y todavía trabaja en la cosecha de limones.
Aunque la cineasta creció en la provincia de Buenos Aires, su infancia junto a sus abuelos estuvo marcada por relatos, silencios y conocimientos ligados al campo. Con el tiempo, esas memorias se convirtieron en el núcleo emocional de una película que se acerca a las personas que sostienen la producción citrícola y a las huellas que deja el trabajo en sus cuerpos y en sus formas de habitar el mundo. “Siempre me llamó la atención la cuestión del trabajo, su precarización y el contexto que surgía alrededor de las plantaciones de limones”, comenta.
A través de una propuesta que combina ficción y documental observacional, Tierra Citrus construye retratos íntimos de personajes no actores, muchos de ellos integrantes de la propia familia de Agüero y de la comunidad de Alpachiri. La cámara se acerca a sus experiencias cotidianas para explorar un universo donde la memoria, la representación y la vida real conviven.
Las vidas detrás de la producción citrícola
En Alpachiri buena parte de la población depende de las cosechas de limones y arándanos. Allí, la economía familiar y la producción a gran escala conviven en un territorio donde las posibilidades de desarrollo no son iguales para todos. Agüero quiso detenerse precisamente en esa trama cotidiana que suele quedar fuera de los relatos sobre la industria citrícola.
“Me interesaba mostrar lo que pasa en una comunidad chiquita, donde todo el mundo se conoce y existe una colaboración desde un lugar muy comunitario”, explica Ayelén. En ese paisaje también aparecen las pequeñas producciones familiares, que apenas alcanzan para el abastecimiento propio, frente a las grandes corporaciones que suelen centralizar la actividad. La cámara se aleja así de los números de producción para acercarse a quienes sostienen el trabajo. En ese movimiento aparecen las diferencias de clase, las relaciones desiguales entre terratenientes y trabajadores y las condiciones de precariedad que atraviesan a quienes dependen de las cosechas.
La historia también está atravesada por la experiencia familiar de la directora. Su abuela tiene nueve hermanos y gran parte de ellos trabajó en la cosecha del limón. “Tuve un tío que hasta casi los 80 años estuvo trabajando para el limón, porque también es una manera de abastecer a una familia”, recuerda. Esa continuidad entre generaciones permite preguntarse qué oportunidades ofrece una actividad de la que dependen tantas familias y cuáles son los costos de permanecer en ella.
Mujeres que transmiten saberes y sostienen el territorio
Foto: Gentileza prensa tierra citrus
Las mujeres ocupan un lugar central en el universo de Tierra Citrus. Con una perspectiva inclusiva y ecofeminista, la película se interesa por las mujeres, los saberes que transmiten y las preguntas de las nuevas generaciones en un pueblo donde la economía citrícola condiciona en gran medida las posibilidades de futuro. Ellas son protagonistas de una relación con la tierra que se construye desde la experiencia cotidiana. Agüero reconoce en la película una historia propia de abuelas y tías trabajadoras y aguerridas. Esa herencia encuentra una expresión particular en Kika, su tía, uno de los personajes de la película, que vive en Piedra Grande, en el camino hacia el pie del cerro.
A través de ella, la directora recupera otras formas de relacionarse con el territorio, vinculadas con el cuidado, la soberanía de la tierra y los conocimientos que circulan entre generaciones. “Quería mostrar cómo las mujeres tienen este lugar central de matriarcas, sobre todo en Tucumán y en el norte argentino. Me interesaba rescatar esos saberes ancestrales que se han ido perdiendo”, explica. En ese vínculo entre una tía y su sobrina aparece una forma de resistencia que se expresa en la transmisión de prácticas, conocimientos y modos de cuidar el lugar que se habita.
¿Qué futuro es posible en un pueblo de cosechas?
A través de Lucía, una niña que quiere curar con sus rituales la tristeza de su abuelo, se encuentra la mirada de las nuevas generaciones que crecen en comunidades donde el trabajo rural aparece como una de las pocas alternativas disponibles. “¿Cómo se construyen los deseos propios cuando las posibilidades de elegir parecen tan limitadas?”, se pregunta desde su interés por las expectativas de quienes nacen y crecen en estos territorios. Aparecen así las tensiones entre las raíces familiares y el deseo de construir otros caminos desde la propia experiencia. “Me interesaba mostrar a esta generación que se pregunta si hay futuro, cuáles son sus expectativas de vida, si solamente queda trabajar para la cosecha”, dice. Para Agüero, el problema no es la elección individual de permanecer o irse, sino las condiciones que determinan esas decisiones.
Entre la memoria familiar, las condiciones laborales y las preguntas de las nuevas generaciones, Tierra Citrus construye una mirada sobre Alpachiri que excede sus límites geográficos. Es una historia situada en un pequeño pueblo tucumano, pero que permite reconocer problemáticas compartidas por muchas comunidades rurales del país.
Para Ayelén, llevar estas historias a la pantalla también tiene un valor afectivo y político. “Me emociona muchísimo poder representar esta partecita de Tucumán, que es Alpachiri, y que la película pueda llegar a la gente”, comenta. Su deseo es que esas historias sencillas, protagonizadas por personas que pocas veces ocupan el centro de los relatos audiovisuales, encuentren nuevos espectadores. Ejemplo de ello también es Don Pablo, el personaje que pone en escena las marcas que deja una vida dedicada al trabajo rural. La vejez aparece entonces como otra dimensión de la precarización, un cuerpo que después de décadas de trabajo, las posibilidades de construir una vida con otras condiciones siguen siendo limitadas.
Tierra Citrus se presenta nuevamente en Tucumán este domingo 8 de noviembre, a las 18. Se trata de una función especial en el Espacio INCAA Sala Orestes Caviglia (San Martín 251).
