El vínculo infinito

Imagen de Teerapun / FreeDigitalPhotos.net

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Cada 15 de mayo, desde 1994, se celebra el Día Internacional de la Familia a instancias de una resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Unidad de medida para lo que ocurre en la sociedad. Comodín para los "qué barbaridad" de los que se empeñan en la domesticación de lo ajeno. Primera escuela que enseña y moldea cómo se actúa más allá de su puerta.

La familia se constituye según los principios y las vivencias de quien la define. Desde chicos, con trazos torpes de lápices y crayones, dejamos en claro su importancia, sus protagonistas y su rol. Esa familia patrón, donde mamá mima y cocina, papá trabaja y los chicos observan, esa familia contra la cual es cada vez más difícil compararse.

Los tiempos cambian y los límites previamente establecidos se desdibujan. Ese modelo de familia, a los que muchos se aferran con obstinación, ha originado miles de variantes, todas válidas, todas únicas. Madres que trabajan, padres solos, abuelos cama adentro, medios hermanos de fin de semana, padrastros, amigos casi hermanos, y la cuenta sigue. La familia se agranda y se contrae según las circunstancias.

En un constante ejercicio de supervivencia, la familia gambetea las necesidades, las distancias y los abandonos, abraza a nuevos integrantes más allá de la sangre y conforma sus propios rituales. Excede las convenciones, la uniformidad y los papeles para regirse por sus reglas.

Con sus debilidades y sus fallas, con sus peculiaridades y sus ritos, heredada o elegida, la familia sigue firme. Es el refugio adonde, pase lo que pase, siempre se puede volver.

Cecilia Morán

cmoran@colectivolapalta.com.ar