Un día especial para los abuelos del hogar San Alberto

 Fotografía de Cristian Romano

Fotografía de Cristian Romano

Los corredores del Hogar de Ancianos San Alberto están en silencio. Los abuelos caminan o se desplazan en sus sillas de ruedas. Don Miranda, que vive hace seis meses en el lugar, sale apurado hacia el final del pasillo principal. Allí comenzará la fiesta por el 27 aniversario del hogar. Como todos los años, la fecha no pasa desapercibida. “Para estos acontecimientos, la gente de recreación hace una fiesta y es muy bueno, no solo para nosotros sino para todos los que vienen a visitarnos”, cuenta mientras empuja su silla. 

En el último patio los preparativos están en marcha. Ricardo Diclemente, encargado del área recreativa en la institución, prepara el sonido y la escenografia y ubica las sillas blancas. De a poco, los abuelos comienzan a llegar. Ahí están 80 compañeros de vida.  

Para disfrutar de los espectáculos, algunos preparados por los abuelos y otros por visitantes, está 'Toty' Iglesias. “Yo soy nuevito aquí”, dice mientras se ubica al lado de Don Miranda. Llegó al centro el 14 de marzo de este año y espera seguir allí un largo tiempo. Algunas veces recibe la visita de los alumnos de la ex Escuela Técnica de Tafí Viejo y no es casualidad. Durante 50 años, 'Toty' fue sereno de la escuela y hoy es una leyenda viviente en la ciudad. “Siempre compartimos con todos los abuelos y con los chicos que vienen a visitarme. La escuela es mi segunda familia porque pasé mi vida entera ahí. A veces, no recuerdo el nombre de todos pero de las caras nunca me olvido”, recuerda sonriente. 

La música mata al silencio y la fiesta comienza con un show de folclore a cargo de Diclemente y los abuelos Gerardo Arias y Eduardo Llamur. Entusiasmado y haciendo palmas está Ramón, uno de los residentes más antiguos del hogar. A diferencia de años anteriores, a su lado no está Leticia, aquella mujer de ojos azules que vivió por más de 10 años en el centro. A pesar de haber partido, una sala de creación lleva su nombre.

Pasan las horas y el festejo continúa con el baile de academias taficeñas y la participación de los ancianos. Todos quieren mostrar lo que aprendieron en los talleres culturales, que les permiten pasar el tiempo libre y hacer cosas maravillosas. Por ejemplo, el taller de plástica prepara juguetes para el Día del Niño, que serán entregados en el Hogar Eva Perón y el Hospital del Niño Jesús. “Una actividad que permite una interacción entre la tercera edad y la niñez”, explica Ricardo. 

Al festejo se suma un nuevo año de servicio para los empleados que ingresaron con la inauguración del hogar. Graciela Beltrán trabaja en el centro hace 27 años y, como recuerda, “gran parte de nuestras vidas la hemos pasado aquí”. A pesar de tener la posibilidad de jubilarse, sus raíces siguen firmes junto a los ancianos. “Me inicié aquí, trabajé también con niños discapacitados, pero mi ser son los abuelos. Para mí son todo, ellos forman parte de mi historia y nosotros de las de ellos”, afirma. La experiencia le permite saber qué es lo que necesitan los residentes y se resume en una sola palabra: visitas. 

La celebración termina después que Eugenia Elbin, otra de las residentes, lee un poema que ella misma escribió. De a poco, los visitantes abandonan los amplios pasillos, el silencio regresa y los abuelos vuelven a sus habitaciones. El hogar San Alberto cumplió un nuevo año junto a la comunidad. Una fecha para celebrar y, como dijo Ricardo, “oportuna para hacer un llamado a la conciencia de la población. Decirles que la vejez existe y que hay que acompañar siempre a nuestros adultos mayores. Yo creo que los tenemos que valor y aprender de ellos”.