Construir la “Otla patlia” a través del teatro

Fotografía cortesía de Federico Cerisola

Fotografía cortesía de Federico Cerisola

Luces de colores y música navideña. Los elementos claves que remiten a diciembre y dan inicio al grotesco Supelmelcado, La Otla Patlia, que está en escena desde julio en el teatro El Pulmón–Córdoba 86. La obra tucumana tiene como eje principal los hechos ocurridos del 9 al 11 de diciembre de 2013, y no es casualidad. Sin lugar a dudas, lleva la marca de su autor y director, Carlos Alsina. Una marca que refleja un compromiso con la realidad del lugar en el que vive, al que pertenece, a su Tucumán.

Desde sus comienzos, los textos de Carlos tuvieron un sello propio que se refleja en obras como Limpieza, que toma como punto de partida lo que sucedió el 14 de julio de 1977, época en la que Antonio Bussi mandó a limpiar la ciudad de mendigos. Supelmelcado, La Otla Patlia no es la excepción. A través del género teatral grotesco se cuenta cómo un matrimonio coreano vivió el saqueo a su supermercado, luego que la policía provincial entrara en paro.

Carlos no se encontraba en Tucumán cuando comenzaron los saqueos pero pudo seguirlos mediante Internet y los medios de comunicación. Al mirar la televisión hubo un hecho que lo conmovió demasiado. Se trataba de un reportaje a comerciante oriental que, llorando, expresaba que había perdido todo y que, a pesar de tener un arma, no quería dispararles a los saqueadores. “Eso a mi me conmovió porque, en general, la gente después comenzó con los linchamientos. Con tanta presión la gente se equivoca pero, sin justificar ningún delito o acción, las personas que entran a robar no dejan de ser víctimas de un sistema que no les ofrece otra opción. Nacen en un sistema muy injusto que lo primero que hace es establecer esas diferencias”, explica Carlos.

El matrimonio de coreanos es revivido en la pieza teatral por el señor y la señora Wang. Ellos llegaron a Argentina buscando una nueva patria. Esa que Internet pinta con sus paisajes, el mate, los gauchos, gente honrada y trabajadora. Cuando llegaron a Tucumán decidieron poner un pequeño supermercado al que llamaron “La otla Patlia”, y en donde trabajan la joven Marita y Papá Noel, que entretiene a los niños al acercarse la navidad. Una de las noches de diciembre, un grupo de saqueadores entró al local y se robó todo, hasta las ojotas de Marita. Así comienza a desarrollarse el grotesco, en el intervienen personajes como La Calladita, una vecina; Lillo, el político del barrio; Capitán Ututo, el superhéroe; y Beto, uno de los policías que está de paro. 

Para escribir la historia, Carlos Alsina tomó el dolor como principal elemento dado que, cuenta, es el material fundamental sobre el cual escribe una persona y es lo que sensibiliza y conmueve. “A mí me duele mucho mi comunidad, Tucumán, que es una comunidad atravesada por muchos conflictos, muchas contradicciones, donde la gente es muy castigada y, a su vez, castiga.  Entonces se genera un círculo bastante complejo de relaciones sociales que no son las mejores. En diciembre, todas esas contradicciones explotaron y se abrieron a la luz de una manera increíble”, reflexiona Carlos.

Eligir al grotesco como el género de la obra no fue casualidad. Según cuenta Carlos, es la mejor manera de presentar estos acontecimientos sociales porque, si se eligiera un estilo dramático, las personas no querrían ver la obra. “Hasta cierto punto competiría con la realidad, que es mucha más trágica de lo que pueda ser una obra teatral”, agrega.

Al ser un estilo tan argentino, que combina el amor con la tragedia, el público se ríe pero al final no tanto. “Es como una risa que al final se va dramatizando, convirtiéndose en una cosa agria que también te toca otras fibras”, afirma Alsina. Pero, por sobre todo, permite que el público reflexione sobre lo que está viendo. En la obra se hace una pregunta clave, ¿es posible ser buenito en este mundo? Como explica el autor tucumano, “esa pregunta que parece ser tan simple, lleva reflexionar las condiciones en las que una persona puede ejercitar su honestidad, su bondad, sus buenas intenciones”.

La Otla Patlia es el nombre del supermercado coreano que, lejos se formar parte de la historia de sus dueños, es una metáfora sobre la necesidad de construir una patria diferente. “Una patria que no se base en la prepotencia, en las cosas que no corresponden. Por eso, el título no deja de ser un hallazgo que combina a las personas y la ideología de la obra”, explica Carlos.

Se trata de una excelente pieza teatral, con un grupo de actores comprometidos sobre las tarimas: Virginia Ceramano, Alejandro Sandoval, Lali Carhuavilca, Federico Cerisola, Milagros Mendía, Pablo Mellace, Daniel Hipólito Fernández y Galo Faifán.  Una obra que llega, que toca. Una obra que ofrece tres funciones semanales; viernes y sábados a las 22 y domingos a las 21; lo que muestra una conquista del teatro tucumano. Una obra que se sostiene a pulmón y que, mientras vaya gente a disfrutarla, seguirá en cartelera.