La historia ferroviaria encerrada por dos candados

Fotografía cortesía de Ariel Espinosa

Fotografía cortesía de Ariel Espinosa

Las puertas están cerradas con dos candados y nadie puede entrar al Museo Ferroviario de Tafí Viejo. En aquel lugar no hay nadie que reciba a los visitantes que llegan de todo el mundo. Solo queda ese espacio solitario que conserva la historia de toda una ciudad.

Por decisión del actual jefe de los talleres, Oscar Guzmán, el museo está cerrado para todos. Y no importa si los visitantes piden una explicación. La decisión es firme y seguirá así hasta que la Justicia actúe. Así lo explicó Ariel Espinosa, ferroviario e integrante del la organización “Amigos del Museo y los Talleres Ferroviarios”. Esta ONG fue la fundadora del museo con el propósito de mantener viva la cultura ferroviaria, mientras el gigante aún estaba dormido.

El cierre se produjo a raíz de un conflicto interno, entre la ONG y el jefe de los talleres, sobre quién maneja el museo cultural. Legalmente, el espacio fue creado y es coordinado por la organización civil, y es por ello que presentaron una demanda en la Justicia Federal. “No vamos a dar el brazo a torcer porque esto es un capricho del jefe”, expresó Espinosa. La denuncia fue presentada en la fiscalía segunda del Tribunal Federal Tucumán, luego de esperar respuestas, que nunca llegaron, del ministro de transporte de la Nación, Florencio Randazzo.

Según explicó Guzmán a un medio local, el museo está cerrado dado que no se le quiere entregar la llave, y la empresa estatal no puede tener a dos empleados atendiendo el museo ocho horas diarias, cuando se trabaja a pleno en la producción. Ante esta declaración, Ariel Espinosa explicó que “nosotros nunca atendimos el museo siendo empleados y cumpliendo nuestro horario laboral de 06 a 15. Siempre estaban las chicas voluntarias, que eran socias del museo o familiares de ferroviarios. Gente que venía colaborar con la limpieza y la atención de los visitantes”.

“Amigos del Museo y Los Talleres Ferroviarios” obtuvo su personería jurídica en el 2005, aunque trabajan para recuperar la historia desde el 2002.  El apoyo de familiares, jubilados y la comunidad en general fue fundamental para crear este espacio. Y es por ello que Espinosa no duda en destacar que el museo es un lugar de todo el pueblo. “Cada uno de los sectores que tiene el museo fue formado por los vecinos que se acercaban a aportar su grano de arena. Así se logró crear la biblioteca que tenemos, por ejemplo”, sostuvo.

La asociación contó con el apoyo del Ente de Cultura provincial, a través de la dirección patrimonio, quien declaró por unanimidad patrimonio cultural al predio que ocupa los talleres, incluido el museo. Y no es casualidad, en el lugar se guardan grandes tesoros, como la boletería de Ferrocarriles del Estado, una vieja sirena, escritorios, máquinas de escribir, y hasta una pequeña caja fuerte que permanece intacta con el misterio para los curiosos.

“Todos los objetos que tenemos están categorizados, fichados y fueron rescatados. Cuando digo `rescatados´ hago referencia a que, a estar mucho tiempo las instalaciones abandonadas, no tenían custodia, la gente entraba a robar y nosotros logramos revalorizar gran parte de ese patrimonio. Los que se llevaban las cosas no veían el valor histórico que tenían esos elementos. Para ellos era un poco de cobre, pero en realidad era una pieza única de una locomotora a vapor, por ejemplo”, explicó Ariel.

Mientras el museo está cerrado, la gente solo puede conocer los predios ferroviarios acompañada por dos empleados delegados por Guzmán. Sin embargo, estas personas no están capacitadas para realizar la tarea y no se cumplen ciertas normas para la seguridad de la gente.

 “La voluntad de este hombre es que esto siga cerrado. Se le metió un capricho de que no tiene que haber más museo, que él quiere la llave, que va a poner gente que él quiere”, contó Ariel. Sólo espera que la Justicia tome cartas en el asunto porque será la única forma de que el museo siga vivo y siendo del pueblo taficeño.