La feria invita a vender y hacer amigos

Fotografía cortesía de Gabriela Fernández

Fotografía cortesía de Gabriela Fernández

No importa si es nuevo o viejo, si fue reparado o hay que zurcirlo, lo fundamental es que esté limpio y que una persona esté interesada en él. Esa es la premisa con la que trabajan cientos de tucumanos a la hora de sumarse o integrar una feria comunitaria. Este tipo de iniciativa proliferó en los últimos meses no solo en el interior de la provincia, sino hasta en el centro tucumano. Por las tardes, también los bares convocan a comprar productos usados de buena calidad y a un buen precio. 

El origen de estos espacios fueron las conocidas ferias americanas, creadas con productos de los outlets de Estados Unidos. Pero las de aquí, las locales, poco tienen de eso. Salvo la estructura, las ferias tucumanas incluyen distintos rubros de productos que van desde ropa, pasando por artesanías autóctonas hasta llegar a los postres para el mate.  

La tarde es el horario que la mayoría elige para el encuentro, o así es para las chicas que integran la feria “Locas por la moda” de Tafí Viejo. A diferencia de otras, su punto de venta cambia cada fin de semana. “El propósito de encontrar nuevos clientes y llegar a los barrios de la ciudad. Por ahí, hay zonas en que las ventas son muy buenas y por eso no queremos un lugar fijo. A veces nos juntamos en la casa de alguna de las chicas o conseguimos que alguna institución nos preste sus instalaciones”, contó Romina, una de las vendedoras de postres. Pero más allá de las ventas, el rotar por el municipio permite que más personas se sumen a la iniciativa, desempolven sus pertenencias y las vendan. 

Cada fin de semana llegan al lugar elegido con su mercadería, ubican sus stands y se preparan hasta que lleguen los compradores. Como explicaron, las ventan se potencian en los sectores vulnerables, donde la gente no tiene el prejuicio de comprar artículos usados. “Tenemos que dejar de lado ese prejuicio que tenemos encima y animarnos. Por ahí una tiene miedo pero lo mejor es participar, y no solo comprando sino también vendiendo nuestras cosas. Nosotras nos compramos o intercambiamos nuestros productos, y se hace más fácil”, sostuvo Lorena, otra de las feristas.

La iniciativa por formar la feria nació para aportar a la economía domestica, contó la mayoría. “Se trata de revalorizar aquellas cosas que están sin uso en casa”, explicó María de los ángeles. Y no se trata solo de eso, sino de crear un espacio colectivo donde el punto de atracción sea, también, la generación de nuevos lazos sociales. Hoy, más que un grupo de vendedoras, las chicas integran un grupo de amigas se abren paso en su economía independiente. 

A diferencia de ellas, están quienes encuentran la clave en el uso de las redes sociales. Es el caso de Gabriela, que encontró en Facebook la posibilidad de vender sus artículos usados sin salir de su casa. A diferencia de la tradicional feria, el espacio se amplía a la inmensidad de la red y, junto a ello, las posibilidades de venta. “A mi me sirve muchísimo porque no puedo salir por los chicos. La verdad que es muy bueno porque, además, interaccionas con la gente. Gracias a esto, puedo tener mi propia plata porque no tengo un trabajo y, así puedo comprarme mis cosas”, sostuvo. 

Sin lugar a dudas, no importa si es Internet o una casa de familia. Lo que importa para ellas es encontrar un punto de encuentro y de ayuda mutua. Como contaron, siempre están las personas que llegan con su simple afán de lucro, pero la mayoría ve a la feria como lugar de amigos y en donde la solidaridad va más allá del dinero. “Lo que nosotros tenemos, y creo que lo tiene la mayoría de las ferias, es que encontramos en un lugar la contención que muchas veces necesitamos. Entre nosotros nos apoyamos, ya sea a elaborar nuestros productos como en cuestiones personales. Porque en definitiva, esa es la esencia de la feria”, finalizó Romina.