Ana Jeger: canciones vestidas para salir y ser espejos

“Lo que siento es que abro como una caja, una valija de cosas, así como la de la portada del disco, y sale todo lo que anda por ahí”, dice Ana Jeger cuando quiere explicar cómo compone, de qué se vale para llegar a sus canciones. 

Y en ese “todo lo que anda por ahí” entra el más amplio abanico de imágenes y sentires: las mudanzas recientes, las fotos del pasado, los pelos de su gato Canción, algunos cuadernos tachados, mensajes que le llegaron, mensajes que ella misma escribió y que borró antes de enviar, situaciones que la hicieron llorar, situaciones que la hicieron reír, ilusiones compartidas, frustraciones que vivió en soledad. En definitiva, su cotidianidad, su propio mundo condensado en los cinco temas que constituyen “Agridulce”, el primer álbum que la cantautora tucumana saca como solista.

El título resume la esencia de la mayoría de lo que nos rodea y nos ocurre: según Ana, de cada experiencia puede señalarse un lado B, un costado amargo y otro dulce. “Es una manera de ver las cosas. Para mí casi todo es agridulce, y si hay algo sólo alegre o sólo triste no sé si vale la pena cantarlo. Me parece que hay que transformarlo y que el resultado es algo así como la melancolía, el sentimiento agridulce por excelencia”.

¿Qué tiene de agridulce, por ejemplo, lanzar tu primer disco?

Me pone muy feliz y también me hace mirar con nostalgia el camino que me trajo hasta aquí. Me da miedo y me emociona, me alivia, pero me presiona en algún punto porque la línea de llegada es la de partida.

¿Por qué un disco de sólo cinco canciones? 

Los cinco temas que componen el disco entraron de cajón, desde el principio. Nos pusimos a trabajar en ellas con Juliana Isas, directora musical y arreglista del álbum, y nos concentramos en esas canciones. En algún momento se me ocurrió agregar una sexta, pero estábamos totalmente dedicadas a las otras y faltó el tiempo. Después, con el tiempo, le empecé a dar una vuelta más profunda y a pensar que son esas cinco porque no hacen falta más, porque hacen un todo que resume el momento en el que estaba cuando empecé a pensar el disco, y porque eso del álbum de 12 temas ya está un poco viejo. Charlando con otro amigo músico me dijo que él quería hacer un disco que durase lo que una ida al laburo en el bondi, que son los ratos que tiene la gente en estos tiempos acelerados. Así que me gusta pensar que este disco es para esos ratos. 

¿Cómo recopilas todas esas imágenes y sentimientos en el proceso de composición? 

No estoy muy segura de cómo llegan esas cosas de la vida de una a las canciones. Premeditadamente nunca; creo que se vuelcan solas. Para mí no es posible escindirme, hablar desde otro lado, buscar personajes. Me encanta, pero no me sale. Más que recopilar esos elementos lo que siento es que abro como una caja y sale todo lo que anda por ahí. Después ‘pulo’ un poco ese contenido, lo maquillo de algunas cosas, lo visto un poquito más para salir. Y esa es la canción.

¿Qué tanto te cuesta abrir de ese modo las puertas a tu intimidad?

Nunca es muy fácil hablar de una. De chica era medio para adentro y empezar a cantar en público me ayudó mucho a perder el miedo y la vergüenza. Toda la vida escribí, incluso antes de hacer canciones, pero hasta hoy no me animo a leer lo que escribo, sí a cantar mis canciones que quizá dicen lo mismo, pero cantando me siento más segura. Una se siente expuesta, pero me da la sensación de que lo que la gente escucha no es tu intimidad sino la suya propia. Con el tiempo, además, las canciones se despegan. Todos los temas son infinitamente mejores que la historia que los inspiró, porque siempre son la foto que salió bien o el desnudo cuidado de la tele (metafóricamente hablando, claro), donde siempre somos jóvenes y hermosos.

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¿En qué medida tus militancias están plasmadas en estas canciones?

Con las militancias pasa algo parecido a la forma en que la vida cotidiana entra en las canciones, en el sentido de que no creo que sea posible partirse en dos, como dice una canción, y que se anda siempre con lo puesto, como dice otra. Mis canciones no tienen un contenido político expreso, no entran en esa tradición de la canción de protesta, pero creo que son políticas en tanto soy, y somos todos, sujetos políticos. Las escribo desde un lugar, con una sensibilidad y unas ideas determinadas que salen del tiempo en el que vivo, la casa donde me crié, los amigos que tuve, mi sentido de lo que es justo y la libertad que defiendo de poder subirme a cantar. 

Pasó, por ejemplo, que hicimos el video de “La línea de llegada” en pleno debate por el aborto legal. La canción no habla de eso, pero yo quise que el pañuelo verde estuviera porque creo que, en este tema, y en todos los que involucran la defensa de derechos, hay que plantar postura desde los espacios en que nos movemos. Me parece que la sensibilidad de los artistas no debería pasar por mantenerse al margen dedicándose a lo suyo, sino por conmoverse con las cosas que pasan y poder decir ‘esta boca es mía’.

Es tu primer disco solista, pero de él han participado muchas personas. ¿Sólo es posible cumplir estos objetivos a partir de esas alianzas?

Para mí era imposible de otra manera. Tengo muy claras mis limitaciones y supe desde el principio que iba a necesitar ayuda. Después, en el proceso, me di cuenta además de que todo se hacía mucho más interesante compartiéndolo con otros. No es fácil delegar en cuestiones de la creación artística porque se mezcla mucho con lo personal, pero cuando podés hacerlo y confiar en los demás es muy bueno. En este caso fue un alivio trabajar con la Juli Isas, que es una amiga, pero también una persona que admiro mucho musicalmente; ella supo traducir al lenguaje musical muchas cosas que yo no sabía cómo hacer, y también transmitírselo a los músicos que participaron. Lo mismo me pasó con Gabriel Lemme, que hizo las fotos; con Marcos Martín, que estuvo a cargo del diseño, y con Alina Bardavid, la realizadora del videoclip: supieron llevar esos conceptos detrás de las canciones a imágenes. Hubo muchas charlas previas, mucha creación colectiva. 

Como parte del colectivo Canción en Movimiento: ¿qué falta todavía para difundir y valorar el trabajo de cantautores locales? ¿Qué pasa específicamente con las cantautoras?

Creo que a las y los cantautores nos pasa igual que a los músicos independientes de cualquier rubro, con el agregado de que hacemos canciones propias en un formato muy acústico, de guitarra y voz. Quiero decir, no es fácil para ningún músico vivir de lo que hace, tener público, seguir sumando seguidores sin que los de siempre se aburran, renovarse, componer, armarse la agenda, venderse solo, armar banda y sostenerla. En la canción de autor se suma el hecho de que es alguien con una guitarrita haciendo temas que no conoce nadie, lejos de rock y del folclore, que son probablemente los géneros que más gente mueven aquí. No es algo que suena en los grandes escenarios, tiene su público pequeño. Paradójicamente, en estos tiempos de tanta (ma)crisis en que los espacios culturales cierran, han empezado a abrirse otros espacios autogestionados, acústicos, amontonados, que se parecen mucho a lo que nosotros hacemos. Eso también es agridulce, que en tiempos de crisis aflore así la creatividad. Supongo que lo que falta para difundir el trabajo es aliarse y generarnos juntos los espacios que faltan.

En cuanto a las cantautoras me parece que está pasando algo muy bueno, que tiene que ver seguramente con la fuerza de los movimientos feministas y la ola verde, que es que las mujeres ya no nos callamos, en ningún ámbito. Las que interpretamos canciones de otros y las que hacemos las propias tenemos el aire renovado, y hay cada vez más, o es que muchas estuvieron siempre pero más en las sombras. El de la música también es un mundo de hombres y es increíble, pero todavía hoy sorprende ver una chica sola con una guitarra. Eso hace mucho que se viene modificando, por suerte, y no puede más que seguir creciendo.

Más datos

El disco “Agridulce” puede escucharse desde esta semana en Spotify. También está disponible en iTunes, Deezer, Google Play Music, Amazon y Bandcamp. 

Además de componer y cantar sus propias canciones, y al lado de una carrera musical que empezó con el dúo Calíope, Ana Jeger es Licenciada en Letras y becaria doctoral del Conicet. Y también redactora de La Palta, medio del que forma parte desde 2014.

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