Sostener la ciencia en precariedad

Foto: Protesta en Tucumán (mayo 2025) - Mariela De Haro | La Palta

Investigar en la actualidad es mucho más que producir conocimiento. Implica sostener, con esfuerzo colaborativo, instituciones cada vez más debilitadas. Los institutos siguen abiertos, las investigaciones continúan, pero sostenidas en gran medida por los propios investigadores e investigadoras. Los trabajadores del CONICET dan a conocer un escenario que preocupa a la comunidad científica y que debería empezar a preocupar a la sociedad en general, teniendo en cuenta la necesidad de estas investigaciones para pensar políticas públicas o como base para proyectos de avance en ciencia y tecnología.

María Jimena Medina Risso es profesora en Geografía y becaria doctoral. Su trabajo, lejos de cualquier abstracción, se enfoca en la pobreza en el Gran San Miguel de Tucumán. “Mi proyecto de tesis busca analizar la pobreza en la primera infancia. También cuáles son las políticas públicas que se produjeron, tanto a nivel nacional como provincial, para el abordaje de esta problemática”, explica. Pero ese trabajo, que apunta directamente a uno de los problemas más urgentes del país, hoy se desarrolla en condiciones ajustadas.

“Las becas siguen estando, seguimos saliendo al territorio, generando redes y produciendo conocimiento. También seguimos cobrando, pero el sueldo no está actualizado”, afirma la docente, quien enseguida baja el conflicto a lo concreto: “Esto se ve más en la realidad infraestructural y, en muchos casos, los becarios tenemos que aportar todos los meses una cuota para sostener los institutos y así comprar víveres del día a día”.

Ese desfinanciamiento también impacta en los proyectos. “Muchos de los que antes se financiaban hoy están desfinanciados o con fondos muy bajos, entonces hay que salir a buscar financiamiento externo”, señala. Y, aunque en las ciencias sociales el impacto puede parecer menos visible, advierte que en otras áreas es aún más crítico.

Pablo Paolasso es doctor en Geografía, y director del Departamento de Geografía de la Universidad Nacional de Tucumán y del Instituto de Investigaciones Territoriales y Tecnológicas para la Producción del Hábitat, de doble dependencia entre la UNT y el CONICET. El investigador plantea sin vueltas que “el sistema científico está completamente desfinanciado. No hay plata para proyectos” y menciona que una convocatoria reciente fue suspendida dos veces. “Estamos hablando de, aproximadamente, 30 millones por año por proyecto, pero está suspendida”, expone. A eso se suma la pérdida de personal: “El CONICET ha sido uno de los organismos que más gente ha perdido, pero de una manera silenciosa”, manifiesta, en referencia a becas que terminan sin renovación y a jubilaciones que no se reemplazan. “La pérdida ronda el 50% desde diciembre de 2023”.

Paolasso analiza el contexto y lo define como “una desconexión entre la sociedad y la comunidad científica”: “Tiene que ver con un desconocimiento, que en parte es responsabilidad nuestra, pero también hay una intención mediática de generar esa distancia. Este gobierno ha entendido muy bien cómo funciona la comunicación y cómo influir en la percepción pública”.

El doctor habla de una consecuencia a futuro por el tiempo que lleva formar a un investigador. “Son ocho años de formación y recién ahí se puede intentar entrar al sistema de investigación. Cuando se desfinancia, se rompe esa cadena. La construcción demora mucho tiempo y la destrucción nada”. En ese punto, tanto él como Medina Risso coinciden en que la ciencia no es un gasto aislado, sino una herramienta que impacta directamente en la vida social. “La ciencia es una herramienta para la toma de decisiones”, dice Jimena. Y agrega que “desfinanciar implica un retroceso para toda la sociedad”.

En la misma línea, Paolasso lo lleva a una escala más amplia. “Los países más avanzados lo son porque han construido una base de conocimiento. Lo que estamos perdiendo es también la masa crítica de conocimiento. Ese conocimiento que hoy tenemos, mañana lo vamos a tener que ir a buscar a otros países. Perdemos el camino hacia la prosperidad”, advierte. Y continúa: “El conocimiento sirve para mejorar procesos industriales, sociales y las condiciones de vida. Sirve para hacer políticas públicas, para desarrollar alimentos, vacunas y tecnología. Es una pérdida para la sociedad en general”.

Sin embargo, el problema no es solo económico. También hay una disputa sobre el sentido de la ciencia. Medina Risso habla de un “discurso de desvalorización”, por eso la necesidad de mostrar lo que se hace. “Hay equipos trabajando en los barrios, como en Los Vásquez o El Sifón, ayudando a organizaciones y mejorando condiciones concretas”, cuenta.

Paolasso lo plantea en términos más directos: “Se bastardea la figura del científico”, dice,  y señala que esa narrativa impacta en la percepción social. “La gente no conoce lo que hacemos y empieza a preguntarse para qué sirve investigar”.

Esa deslegitimación tiene consecuencias concretas. Una de ellas es la dificultad para sostener el recambio generacional. Paolasso se pregunta cómo incentivar a los jóvenes con salarios tan bajos, y refiere algunos ejemplos de estudiantes que prefieren enseñar en escuelas porque ganan más, o profesionales que se van al sector privado. “El que elige esta carrera lo hace porque quiere cambiar el mundo para mejor. Puede ser desde algo muy concreto, como estudiar un lactobacilo para evitar diarreas en niños, hasta mejorar las condiciones sociales”.

En paralelo, se debilitan áreas enteras del conocimiento. “Se está desfinanciando la ciencia básica. No hay ciencia aplicada si antes no hay ciencia básica”, advierte Pablo. Medina Risso, desde su lugar, insiste en el rol público de la investigación. “No es lo mismo investigar desde el Estado para la población que hacerlo en un sistema privado”, declara.

La escena que queda es la de investigadores que siguen en territorio, que sostienen proyectos, que forman equipos. Pero también de institutos que dependen de aportes propios, con salarios deteriorados y con una estructura que pierde capacidad.