Una escuela que mantiene vivo el circo en Tucumán
/Foto: Ente Cultural de Tucumán
Por la calle Marco Avellaneda al 300, en el Centro Cultural Juan B. Terán, funciona una escuela que mantiene viva la actividad circense en Tucumán. Hace casi diez años, la Escuela de Circo de la provincia recibe a chicos y chicas de distintos lugares, donde se divierten, aprenden de la disciplina y del trabajo en grupo de forma gratuita. De esta manera, cada año, los zancos, monociclos, telas, pelotas y aros se despliegan en el espacio para dar comienzo al juego.
La Escuela de Circo, perteneciente al Ente Cultural de Tucumán, nació el 24 de mayo de 2016 tras la iniciativa de Pablo Quiroga Curia, actor, artista de circo y director de la Escuela. Los primeros seis meses fueron de prueba piloto en el Complejo Belgrano. Ya en marzo de 2017, la escuela comenzó a dictar sus clases con normalidad y de forma gratuita. En sus inicios, las clases se llevaban a cabo en el Teatro Orestes Caviglia. Pablo recuerda que, junto a dos docentes, trasladaban a diario los elementos necesarios para trabajar en el lugar. “Fue muy difícil al principio porque había que poner mucho el cuerpo porque eran dos turnos. Había que educar a los funcionarios, a la comunidad, a los chicos que estaban ingresando, y nosotros estábamos permanentemente aprendiendo también. Fueron años de sacrificio”, dice Pablo. Antes de la pandemia, la escuela contaba con más de 100 alumnos y alumnas por año, luego de 2020, el número disminuyó.
El director cuenta que en la provincia sólo existían talleres específicos como los de tela, acrobacia o malabares. Con la creación de la Escuela se sistematizó ese aprendizaje en un solo espacio, organizado en dos años de cursado. Actualmente, el lugar cuenta con 11 asignaturas como malabares, monociclo, acrobacias, trapecio, entre otras. En cada una de ellas, la confianza con los demás y la conexión son fundamentales.
Al dar comienzo a una clase, la disciplina y el respeto son los ejes centrales. Esto implica seguir las normas del lugar y ser constante en el aprendizaje. Quienes asisten saben que el tatami, el piso encastrado en donde se trabaja, es un espacio sagrado: allí no se come, no se bebe, ni se utilizan celulares, sólo se despliegan los conocimientos circenses. Cuando el reloj marca las 9.30, les estudiantes llegan al espacio, conversan y comienza el calentamiento general. Luego asisten a la asignatura pensada para ese día. Tras tres horas de trabajo ininterrumpidas, la clase finaliza con un estiramiento. “En el circo no se hace nada sin preparación. Es imposible, y depende del compromiso de cada persona”, afirma Pablo.
Cada encuentro permite que las y los alumnos tengan un registro de su propio cuerpo y así poder desarrollar la flexibilidad y la resistencia. Este proceso de aprendizaje es también autoevaluativo. “Nosotros te vamos a dar todas las indicaciones para que no te lastimes, te vamos a ayudar en todo lo que se pueda, pero si no tenés el deseo de aprender, es imposible tratar de adquirir un conocimiento”, dice Pablo.
La escuela es, además, un espacio de contención, libertad y comunicación, donde las risas ocupan cada rincón. “Hay cosas compartidas que se van generando conforme pasa el tiempo, que te generan un sentido de pertenencia”, cuenta Tao T., estudiante de circo y teatro. Durante el cursado, se realizan muestras en diferentes espacios culturales para mostrar a la sociedad el trabajo realizado. Una vez que sus estudiantes egresan, las puertas del espacio quedan abiertas para que puedan entrenar o brindar talleres. En la actualidad, la mayoría de los egresados conforman grupos de circo en la provincia y algunos regresan a la escuela en calidad de docentes.
Desde sus inicios, este proyecto se hace de forma colectiva: entre la comunidad, sus estudiantes y docentes. Se promueve un aprendizaje horizontal en el que se enseña a quienes no tienen conocimientos previos y se aprende de quienes ya tienen experiencia. “Si no se desarrollan grupos, no se puede fomentar la actividad. Por eso, primero se prepara a la persona, esa persona forma un grupo y ese grupo crea una identidad. Lo importante es agruparse. El trabajo en grupo es lo que te salva”, afirma el director de la Escuela. La presencia del Estado también es fundamental para sostener el espacio, los materiales de trabajo y el pago a docentes. “Está bueno financiar a la cultura porque hace a la comunidad, porque resignifica y cambia la mirada que hay sobre estas prácticas que, muchas veces, se piensan desde el prejuicio y el estigma”, dice Tao.
El circo como un estilo de vida
Fuente: Redes Escuela de Circo
“El circo es jugar, se aprende jugando. Uno juega, permanentemente, a ir más arriba, a no caerse, a sostenerse un poquito más en el aire. El límite o el techo es uno mismo. Como cualquier arte escénico, requiere la presencia y el presente”, sostiene Quiroga Curia, mientras recuerda sus primeros pasos por la actividad circense en 1998, a sus 30 años. Pablo conformó La Trapacería, el primer grupo de circo en la provincia. Cuando sus compañeros de grupo comenzaron a irse de Tucumán, consideró necesario impulsar la creación de una escuela de circo.
“El circo me hace muy feliz, me llena de vida, de energía, de emociones y me gusta que dependa de mí. El circo es fantasía y es asombro”, agrega Tao, quien descubrió su amor por la disciplina en su infancia. En ella encuentra herramientas indispensables para su desarrollo artístico como así también una forma distinta de habitar su cuerpo y de cuidar su salud.
A pesar de su crecimiento, el circo continúa siendo una actividad cargada de prejuicios. “Es una forma de trabajo que merece respeto y que es tan profesional como cualquier otra”, dice Tao. “No tiene nada de marginalidad porque son chicos que van y aprenden, hay una disciplina. Nosotros estamos revalidándonos todos los días con nuestro trabajo y necesitamos mostrarlo permanentemente”, agrega el director.
Aunque llueva o asistan pocas personas, las puertas de la Escuela de Circo se mantienen siempre abiertas para quienes tengan el deseo de aprender. Las inscripciones para este nuevo ciclo continúan y, durante todo el año, se brindarán talleres de diferentes disciplinas y varietés en el marco de los 10 años de la Escuela.
“Si no hay una escuela de circo, se pierde el circo. Que haya un espacio que está permanentemente siendo asistido y cuente con la presencia de chicos que todos los años ingresan, es una manera de mantener el circo. Cuando hay una escuela que lo fomenta, evita su muerte”, concluye Pablo.
