La composición política de una imagen nunca es ingenua

Lionel Messi, su equipo y Donald Trump, de visita por el campeonato. (YURI GRIPAS / POOL/EFE)

Hay imágenes que simbolizan más de lo que parecen. Las de Lionel Messi junto a Donald Trump pertenecen a la categoría de fotografías históricas imposibles de ignorar.

No es la primera vez que un equipo o un deportista visita la Casa Blanca por protocolo. Pero, Trump no es solamente el presidente de Estados Unidos, es el rostro del actual momento global, atravesado por guerras, tensiones políticas y discursos cada vez más agresivos. Y Messi no es solamente un futbolista: es, probablemente, el deportista más influyente del planeta.

Cuando dos símbolos de esa envergadura aparecen en la misma foto, la escena deja de ser inocente. En este contexto, se necesita de un evento de apenas unos minutos para posicionarse políticamente. Y no son ingenuos ni casuales los lugares de las personas en la composición de una imagen así.

Hasta ahora, Messi había mantenido su imagen alejada de la política. Pero no es solamente eso lo que genera sorpresa en esta fotografía. La polémica de la misma está en su composición, totalmente atravesada por el contexto.

Para entender esa composición es necesario analizar el contexto actual, donde nada es casual. No es casual que el fútbol, un deporte que históricamente perteneció a los barrios, las villas, las colonias, campamentos y favelas en Latinoamérica, o que Europa usó para mercantilizar, hoy tenga a su mayor referente en Estados Unidos. Tampoco fue el azar el que decidió tener al mismo país como sede de la Copa Mundial de la FIFA 2026 este año.

El fútbol hace mucho dejó de ser solo fútbol. Se transformó en una maquinaria económica gigantesca, capaz de generar narrativas globales como industria. Y las guerras, lo sabemos, son uno de los negocios más grandes de la historia de la humanidad.

Por eso, en este escenario, Messi no es solo un jugador. Es una marca, un símbolo, una figura que millones de personas, especialmente niños y adolescentes de todo el mundo, aprendieron a mirar como referencia.

Durante años, Messi representó el talento, la humildad, y todos lo mirábamos como el chico callado que hacía magia con la pelota.

Una simple foto alcanza para recordarnos que ni el fútbol ni sus héroes viven realmente fuera de la historia. Y que, en un mundo atravesado por guerras, intereses económicos y disputas de poder, incluso las figuras que parecían más inocentes terminan formando parte de una escena del mundo que queremos construir.

Por eso esta imagen nos deja una pregunta atravesada, y no es solamente política:

¿Desde ahora cómo miramos a Messi y al fútbol?