Un animal único en el mundo sobrevive en las yungas
/Foto: Rana marsupial de la banderita - Mauricio Akmentis
Las yungas tucumanas, además de ser el paisaje que pinta el oeste tucumano, son el hogar de la rana marsupial de La Banderita (Gastrotheca gracilis). Se trata de una especie endémica de Tucumán y Catamarca que vive en huecos de árboles, entre hojas o en grietas de rocas. Estas ranas habitan en menos de 20 localidades de las mencionadas provincias, y fueron redescubiertas en 2011, luego de 20 años de no ser vistas. Los ejemplares adultos miden menos de cinco centímetros,por lo que es muy difícil distinguirlas a simple vista. Este avistaje se dificulta aún más por sus colores: manchas en tonos verdes o marrones que se camuflan con el verde y marrón de la selva de montaña.
El nombre de “marsupial” se explica por el hecho de que las hembras tienen un marsupio dorsal, es decir, un saco parecido al de los canguros, donde se desarrollan los huevos y los primeros estadios de la cría. La rana libera a sus crías cuando son larvas en cuerpos de agua estancada o con muy poca corriente. Por otro lado, su nombre también hace referencia a la localidad donde fue encontrada, La Banderita, en el límite entre Tucumán y Catamarca. Todos los avistajes fueron registrados en el Parque Nacional Aconquija, espacio de cuidado para la flora y fauna local, lugar que demuestra la necesidad de tener áreas protegidas para la conservación de especies autóctonas, únicas en el mundo.
Pese a su carácter único, su historia natural todavía es poco conocida, lo que complica su conservación. La rana marsupial de La Banderita es considerada una especie en peligro de extinción y su estado de conservación es delicado. Su principal amenaza es la pérdida y modificación del hábitat como consecuencia de las actividades humanas, como los incendios forestales, el desmonte y las obras civiles. Otros de los factores que afectan su reproducción en libertad son las sequías y el aumento de temperatura, ambas consecuencia del cambio climático, que hacen que los charcos donde la hembra deposita sus larvas, se sequen, interrumpiendo la metamorfosis. Ahí es donde juegan un rol fundamental los proyectos de conservación como el de la Reserva de Horco Molle junto a la Fundación COANA.
En Catamarca, ante la falta de áreas naturales protegidas y la apropiación de tierras, los estudios sobre las yungas son sumamente difíciles de hacer. Debido a esto, la información que existe sobre esta especie en esta provincia está limitada a la zona de la Cuesta del Clavillo mientras que hay datos de prácticamente toda la provincia de Tucumán, que cuenta con varias áreas naturales protegidas. "Es sumamente factible que esta especie habite más al sur en la provincia de Catamarca, por la sierra Aconquija y la sierra de los Narváez, llegando inclusive al extremo norte de Paclín teniendo en cuenta su hábitat natural", decía Gonzalo Martínez, biólogo catamarqueño.
A 15 años de su reaparición, aún se conoce muy poco sobre su vida en la naturaleza. No se sabe cuál es su dieta, cuándo los individuos hembras se convierten en adultas, cuántos años viven ni cómo socializan en libertad. Las medidas que se toman desde los proyectos de conservación buscan averiguar más datos sobre la especie y poner todos los esfuerzos científicos y educativos en trabajar sobre poblaciones más resistentes al cambio climático y la pérdida de su microhábitat.
La conservación efectiva de esta, y muchas otras especies en peligro de extinción en la región, requiere continuar fortaleciendo proyectos locales, financiar la investigación y mantener el compromiso para que esas ranitas vuelvan a ser parte vistosa de las yungas tucumanas.
