Carnaval, revuelta y apuesta en La Sodería

Este sábado, La Sodería (Juan Posse 1141) vuelve a celebrar el encuentro. El baile de carnaval La Revuelta marca el inicio de su temporada festiva, fiel a una tradición que entiende la fiesta como un ritual comunitario. “Celebrando el encuentro, bailando para dar vuelta el mundo”, dice la convocatoria, que anuncia sets bailables de La Patxi y El Puto DJ y propone máscaras, música y pista abierta como gesto simbólico frente a “la tiranía de época”.

Más allá de la fiesta, el evento viene a mostrar que aquí sigue y se proyecta uno de los espacios culturales independientes más persistentes de Tucumán. Con 33 años de historia, La Sodería desde el año pasado funciona formalmente como fundación, un paso que, según una de sus fundadoras, Tere Guardia, responde a una convicción profunda: “Esto tiene que continuar y la idea es que siga abierta más allá de la vida de cualquiera”.

La temporada, en realidad, empezó temprano. La apertura fue el 7 de febrero con el taller Danza-barro-fuego y luego siguió el Jueves de Comadres. La agenda prevista combina memoria, continuidad y estrenos. Se planea reponer obras como El perro que “la rompió el año pasado”, y posiblemente La Yeta, además de nuevos trabajos, como el que prepara el grupo Teatro al Manubrio para estrenar en junio.

Además, mayo es el mes aniversario del espacio y se realizará un homenaje a dos figuras fundamentales de su historia: Alberto Hernando “que dio su vida y su alma por La Sodería”, y el poeta Jorge Smerling, parte de los primeros impulsos que dieron forma y vida a esta institución cuando todavía era un proyecto.

En paralelo, uno de los objetivos estratégicos para este año es fortalecer redes. La Sodería busca consolidar el Corredor Cultural del NOA junto a salas como La Ventolera y La Mar en Coche, además de retomar intercambios con artistas latinoamericanos y de otras provincias. “Queremos reforzar festivales como el Víctor García y Ojo al Títere, que funcionan como plataformas de encuentro, intercambio de experiencias y saberes”, cuenta Tere. La circulación cultural aparece así como una forma concreta de resistencia y crecimiento colectivo.

Actualmente, la organización interna sostiene una lógica colectiva. La fundación está integrada por un equipo de artistas y gestores culturales que se reúnen una vez al mes y trabajan en comisiones según la disponibilidad, los intereses y las capacidades de cada una de las personas que forman parte. Los canales siguen abiertos para quienes quieran acercar propuestas ya la agenda se completa tanto con programación propia como con proyectos externos.

Talleres, encuentros, teatro, danza, formación, conversatorios, fiestas. Todo en La Sodería es un evento y una apuesta. “Apuntamos sobre todo a construir pensamiento crítico, que es la base de la identidad de un país que en este momento, como nunca, estamos necesitando”, sostiene Guardia.

El panorama económico aparece como uno de los grandes desafíos. El taller de febrero, por ejemplo, contó con apoyo estatal solo por un mes. “Ojalá pudiéramos contener más gente y más tiempo y pagar a los talleristas”, señala. El desfinanciamiento de las instituciones culturales y la falta de respuestas de otros organismos del Estado hacen que muchos proyectos sean difíciles de concretar. Frente a ese escenario, el espacio planea lanzar un sistema de miembros colaborativos que permita aportar mediante dinero o trueque.

Guardia define el momento sin vueltas: “Creemos que es un año durísimo”. Sin embargo, la proyección está marcada por la convicción, el deseo y la insistencia. “Que el 2026 no nos tire para atrás y podamos construir una humanidad con empatía y solidaridad”, dice.

Antes de terminar, Tere envía un último mensaje: “Olvidé mencionar que también participaremos en marzo, en actividades por los 50 años del Genocidio de la Dictadura Cívico Militar”.

El carnaval del sábado inaugura la temporada, pero también reafirma que, en La Sodería, la fiesta nunca es solo fiesta. Es encuentro, arte, red, territorio y posibilidad. Y en tiempos adversos, también es una forma de resistir, reinventarse y seguir diciendo presente.