Carnaval íntimo en territorio comunitario
/Foto: Carnaval en Juella 2023 - Italo Lautaro Vaca Navarro | La Palta
En Juella, una comunidad ubicada a casi diez kilómetros al norte de Tilcara, el carnaval no empieza con el ruido ni con la música, sino con la cosecha. Empieza cuando hay algo para compartir: choclo, papas, habas, arvejas, queso recién hecho y cabras con cría. El carnaval está profundamente ligado a ese momento del calendario agrario, cuando la tierra devuelve lo sembrado.
Nelson David Mendoza, vecino de Juella, explica que “el carnaval es la alegría de compartir, contentos, lo que tenemos”. El Chamo, como es conocido en la comunidad, insiste en que “la alegría no es individual sino colectiva”. En ese gesto no hay solo celebración, sino una forma concreta de organizar la vida. Nelson, quien integra la comparsa Los Paseanderos, lo resume en una idea simple: “Nadie se salva solo”. Vivir en comunidad implica compartir lo que se tiene y sostenerse mutuamente, una lógica que, señala, se opone a las formas de vida individualistas predominantes.
Foto: Carnaval en Juella 2023 - Italo Lautaro Vaca Navarro | La Palta
En ese contexto, Juella se reconoce y reafirma como comunidad originaria. El carnaval no aparece como una tradición detenida en el tiempo, sino como una práctica viva que permite sostener esa continuidad. En las coplas se narran escenas de la vida cotidiana: el pastoreo, la siembra, el amor, el trabajo. Esa transmisión oral ha persistido a lo largo del tiempo como una forma de continuidad cultural.
Sin embargo, esa persistencia convive con tensiones. Mendoza, señala una contradicción: mientras el Estado promueve el carnaval como atractivo turístico, su sostenimiento real recae exclusivamente en las comunidades. Son las comparsas y las organizaciones vecinales las que garantizan su continuidad, afrontando los costos de organización e incluso impuestos, sin un acompañamiento estatal sostenido. En contraste, el Gobierno de Jujuy auspicia espectáculos comerciales, como el Carnaval de Los Tekis.
Foto: Carnaval en Juella 2023 - Italo Lautaro Vaca Navarro | La Palta
El Chamo explica que existe una mirada externa que tiende a folklorizar la celebración, promoviendo una imagen pintoresca, pero sin políticas concretas que reconozcan ni acompañen su dimensión comunitaria.
En las comunidades, el carnaval también está atravesado por rituales que expresan el vínculo con el territorio. El desentierro, uno de los momentos centrales, es entendido como un acto ritual que inaugura un tiempo distinto. Nelson lo vincula con otros momentos que marcan transiciones en la vida, como una graduación o cualquier instancia que señala el cierre de una etapa y el comienzo de otra.
“Nosotros desenterramos, abrimos algo que pronto vamos a cerrar, y ese abrir tiene que ver con las energías que ocurren en nuestros lugares”, explica. Ese gesto implica pedir permiso a la Pachamama antes de iniciar la celebración, reconociendo el vínculo con la tierra. En ese contexto aparece también la figura del diablo, no como representación del mal, sino como símbolo de la alegría que emerge durante el carnaval, en contraste con las interpretaciones impuestas históricamente desde la mirada religiosa occidental.
Ese entramado simbólico forma parte de una cosmovisión atravesada por distintos procesos históricos. Mendoza señala que, durante la colonización y la posterior conformación del Estado-nación, muchas de estas prácticas fueron deslegitimadas, relegadas o señaladas como ajenas. Sin embargo, persistieron. Las coplas, los rituales y las celebraciones sobrevivieron a los intentos de imponer una cultura única y continúan siendo, hasta hoy, formas de transmisión y continuidad cultural.
Foto: Carnaval en Juella 2023 - Italo Lautaro Vaca Navarro | La Palta
Cuando esos símbolos se simplifican o se transforman en espectáculo, advierte, también se debilita su vínculo con el territorio. Se pierde la conciencia sobre el origen de los alimentos, el cuidado de la tierra y la relación con el entorno. Esa desconexión, señala, no es solo cultural, sino también territorial, y se vincula con problemáticas actuales como el deterioro ambiental y el avance de actividades extractivas.
En Juella, en cambio, el carnaval sigue siendo un momento de encuentro, o solo entre quienes viven allí, sino también con quienes regresan y con quienes llegan por primera vez. Pero no se trata de un espectáculo, sino de una experiencia compartida. Para Nelson, el sentido profundo del carnaval es sostener una forma de vida basada en la comunidad, una práctica que ha atravesado generaciones y que persiste como una forma de habitar el territorio desde la memoria, el vínculo con la tierra y la organización colectiva.
