XII edición de la Bienal Argentina de Fotografía Documental
/Foto: Bienal de fotografía (2024) - Lautaro Vaca Navarro | La Palta
Desde el 5 al 10 de octubre, la XII Bienal Argentina de Fotografía Documental ofrecerá exposiciones, conferencias, proyecciones, talleres y espacios de intercambio. El festival, que se convirtió en uno de los encuentros de fotografía documental con mayor trayectoria del país y que desde 2004 se realiza de manera ininterrumpida en Tucumán, reunirá a fotógrafos, artistas, investigadores y público de distintos puntos del país y del exterior.
Con una programación atravesada por los derechos humanos, la memoria, los derechos ambientales y civiles, esta edición trabajará sobre la memoria a 50 años del golpe de Estado de 1976 y también recuperará trabajos relacionados con los 40 años del cierre de los ingenios. Además, este año en particular, tendrá como eje los cuidados, desde el refugio materno hasta las estrategias sociales y colectivas de protección.
Para su director y fundador, Julio Pantoja, la Bienal fue también una forma de construir una propuesta de alcance nacional que incluso llegó a ganar trascendencia internacional. Una de las estrategias para sostener ese objetivo es evitar que se repitan exposiciones que ya hayan pasado por Buenos Aires, salvo que lleguen con una propuesta diferente.
Foto: Julio Pantoja en la Bienal de fotografía (2024) - Lautaro Vaca Navarro | La Palta
Desde sus inicios, el encuentro busca mantener una dinámica horizontal entre quienes participan. Fotógrafos de reconocimiento nacional e internacional comparten los espacios con quienes recién comienzan y, según explica Pantoja, no existen condiciones diferenciadas para las figuras más conocidas. “El que agarró el micrófono en un momento, diez minutos después está del lado del público”, cuenta.
También señala que la falta de políticas culturales estables complejiza sostener un evento de estas características durante tantos años. Por esto, la organización funciona con un sistema de voluntariado que ofrece capacitaciones y certificaciones como contraprestación, aunque “muchas de esas tareas deberían poder ser remuneradas”, reconoce el fotógrafo, arquitecto y docente de la UNT.
¿Por qué en Tucumán?
La continuidad del encuentro en Tucumán no responde solamente a una decisión artística o cultural, sino también a una estructura que se fue construyendo durante años y que permite sostenerlo. Pantoja vive en la provincia y, naturalmente, el proyecto comenzó con gente de aquí.
“La ecuación es muy simple. Por ejemplo, una muestra internacional de Cartier-Bresson normalmente llega a Buenos Aires. Y si queremos seducir a la comunidad fotográfica, ¿por qué viajaría hasta Tucumán para ver la misma muestra pero degradada? Porque acá no tenemos espacios tan importantes y seguramente lo haríamos sin presupuesto”, explica.
La intención es generar motivos para que fotógrafos y público de distintos lugares viajen hasta la provincia y que Tucumán sea también un punto de circulación para la producción fotográfica. “Nosotros tenemos acá 300 o 400 personas que vienen de Buenos Aires, especialmente para la Bienal”, expone.
La fotografía documental como perspectiva
Para Pantoja, lo documental no es una categoría que divide la producción fotográfica entre géneros como la fotografía publicitaria, artística o periodística, sino un punto de vista desde el cual se puede observar cualquier tipo de fotografía. Según explica, esa forma de clasificar la producción funcionó durante un período de la historia, pero fue superada hace muchos años.
“El adjetivo de fotodocumental definitivamente no es una categoría taxonómica, sino una perspectiva”. Comenta Julio, desde esa mirada entiende que “se puede ver desde una fotografía contemporánea expuesta en el MoMA (Museo de Arte Moderno, por sus siglas en inglés) hasta una radiografía, como un documento anclado en un contexto y en un lugar”.
Foto: Bienal de fotografía (2024) - Lautaro Vaca Navarro | La Palta
En una época en la que, por el uso de las redes sociales, las imágenes se multiplicaron, el hecho de que cada vez haya más personas produciendo, con más o menos calidad o jerarquía, también genera fotografías que dan información de época. “Ha habido cambios y, en términos generales, de más calidad, sobre todo en lo técnico”, manifiesta, aunque advierte que esto no quiere decir que haya tantos trabajos con valor creativo y expresivo que acompañen el fenómeno cuantitativo actual.
Otro de los debates que atraviesa la fotografía documental está relacionado con la confianza en las imágenes. Pantoja sostiene que esta nunca fue objetiva, porque siempre existió una persona que decidió qué mirar y desde dónde hacerlo. Sin embargo, durante mucho tiempo hubo un contrato social que vinculaba determinadas imágenes con un compromiso con la realidad, aun cuando ya desde lo analógico existiera la edición.
Ese vínculo comenzó a modificarse con las herramientas de edición digital y se profundizó con la inteligencia artificial. “Antes uno veía una foto y la asociaba con la verdad”, explica, y señala que ahora ocurre lo contrario: primero se duda de la imagen y después se busca corroborar.
Para Pantoja, una de las respuestas a esta crisis de credibilidad está en, por ejemplo, “el mecanismo que usa el Mapa de la Policía”, una estrategia civil y periodística que combina diferentes puntos de vista: fotografías, videos, posicionamiento satelital y otras herramientas para construir “una aproximación casi cubista” de un hecho.
En ese proceso, la responsabilidad no está puesta solamente en la herramienta utilizada. El compromiso con la realidad pertenece a quien produce la imagen y al uso que posteriormente se hace de ella.
Memoria, derechos humanos y cuidados
Entre los trabajos que formarán parte de esta edición se encuentra el archivo del reportero gráfico Pichi Vázquez, quien realizó una fotografía de Plaza de Mayo durante la madrugada del 24 de marzo de 1976, considerada la primera imagen del golpe. Parte de su trabajo logró sobrevivir mientras él era perseguido durante la dictadura. Actualmente, ese archivo está siendo recuperado para volver a ponerse en circulación.
Otro de los ejes será el de los cuidados, “en el sentido del refugio. Cuidados que van desde la protección materna, que es la primera que aparece, hasta protecciones colectivas, sociales”, explica. La programación también incluirá trabajos vinculados con género, feminismos, disidencias sexuales y otros debates relacionados con los derechos humanos de las personas.
La XII Bienal Argentina de Fotografía Documental propone así una nueva edición de un encuentro que lleva más de dos décadas realizándose en Tucumán. Las exposiciones serán abiertas y gratuitas, mientras que algunas actividades, como los talleres, serán aranceladas; sin embargo, desde la organización aseguran que siempre buscan alternativas para que quienes no puedan pagarlas tampoco queden afuera.
El objetivo final, para Pantoja, excede a la fotografía. Espera que quienes participen puedan encontrarse con otras personas, compartir preocupaciones, formar redes y fortalecer vínculos.
