Juicio por Matías Juárez: “En el San Lucas, Matías encontró la muerte”

Foto: Mariela de Haro | La Palta

María Luna llega temprano a Tribunales Penales. Saluda, abraza y agradece a cada persona que la acompaña aquella mañana. El juicio por mala praxis de su hijo Matías Juárez está a punto de comenzar, luego de diez años de espera y de lucha. María ve pasar a los imputados: el otorrinolaringólogo Álvaro Páez y las médicas terapistas Federica Castro y Florencia Jeréz. “(Páez) nunca me dio el pésame. Recién ahora lo veo, después de diez años”, dirá Luna, más tarde, en su declaración. 

Páez, Castro y Jeréz llegan al juicio acusados de homicidio culposo. Matías Juárez tenía ocho años cuando, la mañana del 20 de octubre de 2016, ingresó al quirófano del sanatorio San Lucas para ser operado de amígdalas. Cinco días después, el 25 de octubre, falleció tras un paro cardíaco. Según la investigación fiscal, los médicos imputados actuaron de manera negligente al no realizar exámenes complementarios ni consultas con otros especialistas para salvar la vida de Matías. 

“Soy mamá de Matías Juárez, mi vida, mi prioridad. Era un excelente niño, jugaba a la pelota. Estaba lleno de vida”, dice María cuando testifica frente al Tribunal. Es la primera persona en declarar. En su pecho lleva un pin con la cara de Matías; lo lleva ella y cada uno de los familiares que la acompañan durante las audiencias. Luna recuerda que antes de la operación llevó varias veces a Matías al sanatorio San Lucas por cuadros de fiebre recurrentes. Allí conoció a la médica de guardia Marta Silman quien, luego de realizarle un hisopado, le recomendó consultar con Álvaro Páez para una cirugía de amígdalas. Los análisis prequirúrgicos indicaron que sus valores eran normales. 

Horas antes de la operación, María rememora que su hijo jugaba con la tablet y estaba emocionado por el helado que debía tomar para su recuperación. “En la parte administrativa nunca me explicaron los riesgos de esta cirugía”, dice Luna. Aunque le negaron el ingreso hasta las puertas del quirófano, María acompañó a Matías mientras lo llevaban en la camilla. “Me miró y me dijo ‘mamá, te amo’. Esas han sido las últimas palabras de mi hijo”, recuerda la mujer y su voz se quiebra. Que se quedara tranquila y que la cirugía sería rápida, fueron las palabras de Páez. Horas después, María vio salir a su hijo llorando, pálido y con los labios morados. La terapista Federica Castro le dijo que estaba atravesando un cuadro de broncoespasmo y que debían trasladarlo a terapia intensiva. También le dijeron que durante la operación se había producido un sangrado. 

Los análisis de sangre postquirúrgicos indicaron una baja importante de glóbulos rojos. “Matías salió del quirófano con menos cantidad de sangre”, afirma María. Durante la noche y la madrugada, el niño tuvo otros dos episodios de sangrado. Después del tercero y ante la insistencia de su madre, se le realizó una tomografía. Paéz, Jeréz y el neurólogo Ricardo Auad le informaron que Matías tenía la mitad del cerebro infartado. Había sufrido un ACV isquémico y le pidieron que tome una decisión sobre cómo proceder. “Nosotros no sabíamos lo que nos estaba diciendo porque Matías había ingresado caminando al sanatorio. Su señoría, a nosotros se nos vino el mundo abajo porque mi hijo ya estaba grave”, dice María. La jueza Wendy Kassar la escucha atentamente y, por momentos, mira a los tres imputados que se encuentran a un lado de la sala, como buscando una explicación a su accionar. 

María y su compañero pasaron los siguientes cinco días esperando respuestas por parte de los médicos. La mujer recuerda que cada consulta por el diagnóstico de su hijo era respondida con molestia. También recuerda que Páez los evitaba, que subía por un ascensor para no cruzarse con ella, y el día que Matias murió, llamaron a la policía para sacarlos del sanatorio. Hasta el día de hoy, los médicos no pueden determinar lo que sucedió con Matías y continúan atribuyendo los sangrados a la cirugía. Algunos, como el hematólogo José Chaín, dicen que una de las causas del ACV pudo ser por una trombosis y que, al no detectarse después de la operación, no se convocó a un hemodinamista para que intervenga. “No hicieron nada para parar el sangrado de Matías”, relata María. 

A medida que avanza el juicio, distintos médicos declaran ante el Tribunal y explican en qué consiste una operación de amígdalas. La describen como una intervención que tiene sus riesgos por realizarse en la vía aérea, que puede durar una hora o una hora y media y que puede generar sangrados. Otros profesionales, en su mayoría colegas del sanatorio de los imputados, aseguran no recordar el caso y sostienen que los médicos actuaron de manera correcta. María escucha cada declaración y toma nota en su cuaderno. 

Matías estudiaba en el Liceo Militar desde los cuatro años. Allí tenía muchos amigos, algunos incluso mayores que él. El patio de aquella institución hoy lleva su nombre. “Mati no tenía ninguna enfermedad terminal, ni extra como para que se complique la cirugía. En el sanatorio San Lucas, él encontró la muerte. Ingresó caminando y me lo entregaron en un cajón”, dice su madre. Aquel 25 de octubre de 2016 María comenzó la lucha y la búsqueda de justicia por su hijo. También comenzó la angustia y los ataques de pánico que la llevaron a hacer terapia. Al año siguiente llegó su hija Candela. “Es una niña que nos ayuda a vivir, que extraña a Mati sin conocerlo”, cuenta. 

El juicio por Matías Juárez es el primero por un caso de mala praxis en la provincia y puede marcar un precedente. El lunes finalizaron las declaraciones de los testigos y se incorporaron las pruebas documentales. La siguiente audiencia será este miércoles a las 9.30 en Tribunales Penales, en la que declararán los tres imputados.

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