Dieciséis años del matrimonio igualitario: las fotos y los recuerdos de una conquista que cambió la Argentina
/Hubo una madrugada en la que miles de personas siguieron una sesión del Senado como si se tratara de una final. Afuera del Congreso, el frío de julio no alcanzó para apagar los abrazos, las banderas ni la expectativa. Adentro, después de horas de debate, Argentina se convirtió en el primer país de América Latina en reconocer el matrimonio entre personas del mismo sexo.
“Un grupo de amigos tuvo la idea de diseñar unas remeras e invitar a gente del colectivo (y/o aliadx) para hacer una campaña fotográfica”, cuenta Pablo Correa Senestrari. Pablo es diseñador y Dj y en 2010 militó la Ley de matrimonio igualitario, esa que hoy cumple 11 años. Pablo eligió su foto de esa campaña para recordar aquel día. Kikín Díaz, actor, performer y conductor, también elige una de esas fotos sacadas durante “una jornada hermosa, festiva, llena de alegría, amor y abrazos”, como la recuerda Pablo. Pero no es la única. Kikin acercó una foto más casera, más artesanal “Esta foto la saqué de la tele y luego la subí a Facebook con ese texto. Se ve que era un televisor de tubo y se ve la hora y la temperatura también”, cuenta.
Foto: Gentileza Kikín díaz | registro de la noche en que seguía el debate desde su habitación
Augusto Moikens, abogado y militante elige entre un puñado de fotos la del debate en la Facultad de Derecho. Dice que fue, sin dudas, una de las discusiones jurídicas más importantes de las últimas décadas. “No se debatía solamente una ley: se discutía una determinada visión de la familia, una institución central para nuestro país y para gran parte del mundo”. En esa misma foto, en primera fila, está sentada Carolina Frangulis, militante de HIJOS - Tucumán. “No me tengan miedo, porque amo a una mujer y ella me ama”, cuenta que decía cada vez que le tocaba hablar sobre lo que era todavía un proyecto de ley.
Para este aniversario, La Palta invitó a algunas personas que participaron de ese proceso a elegir una fotografía significativa y compartieran alguna reflexión. Estos son sus recuerdos y sus palabras a 16 años de una noche histórica.
Pablo Correa Senestrari:
Foto: Campaña Sí quiero igualdad de derechos Gon Villamax | Gentileza Pablo Correa
En el 2010 todavía se respiraba (y quizás en la actualidad suceda lo mismo) mucha homofobia en la sociedad y desde los sectores más conservadores y religiosos (catolicismo) salieron a combatir la derogación de esta ley, apelando a que ponía en peligro la imagen de la familia tradicional. Por supuesto que este derecho, como tantos otros que vinieron posteriormente, nunca provocaron ninguna amenaza al mundo heterosexual, quién aún sigue gozando de privilegios e intentando imponerse como la normalidad en la sexualidad. Mucho más enfatizado esto con el dominio de la derecha a nivel mundial.
En esos años fuimos atacadxs de varios sectores de la sociedad, principalmente el religioso; incluso se organizaron marchas defendiendo “los valores tradicionales familiares” y en contra al reclamo de nuestros derechos.
Muchxs de nosotrxs, incluso, ni siquiera tuvimos el apoyo familiar o en un núcleo más íntimo. Se sentía muy presente la discriminación, el privilegio y la indiferencia.
Hay una frase que me marcó en ese momento de mi papá, que me dijo: “Está bien, acepto que se puedan casar. ¿Pero después qué más van a querer? ¿adoptar?” Claramente, para ellxs, había una amenaza que comprometía su moralina, y ni siquiera podían alegrarse porque otras personas gocen de los mismos derechos.
Por suerte la vida nos llevó a sanar esas heridas, y con el tiempo llegó el entendimiento y el respeto, sobre todo de muchas personas que hoy se llaman a sí mismos “aliados” del colectivo.
Kikín Díaz:
Foto: Campaña Sí quiero igualdad de derechos Gon Villamax | Gentileza Kikin Díaz
La reflexión sobre estas imágenes me devuelve un país donde podíamos soñar con un futuro, pensar y luchar por nuestros derechos de pronto era una realidad y nos inundaba el corazón la esperanza de conquistarlo todo. Hoy, en 2026, son tiempos oscuros, pero seguimos luchando. ¡No nos han vencido!
Pasadas las 4 de la mañana, en la soledad de mi habitación, seguí hasta el último minuto la histórica votación. Era la primera vez que militaba por una causa. El frío de julio era implacable, la emoción del resultado nos calentó el espíritu y el corazón y nos fuimos a dormir tranquilos sabiendo que amaneceríamos en un nuevo país con los mismos derechos.
Augusto Moeykens:
A 16 años de la Ley de Matrimonio Igualitario, recuerdo aquellos días con muchísima ternura y también con una sensación agridulce. Fueron tiempos de enorme movilización social. Mientras algunos hablaban de pecado, del fin de la familia o de un supuesto orden natural que debía preservarse, también apareció una Argentina mejor: una Argentina que entendió que la libertad, la igualdad y el respeto por las diferencias son parte central de cualquier proyecto democrático.
Foto: Gentileza Augusto Moeykens
Tuve el privilegio de acompañar, como abogado, algunas de las primeras acciones vinculadas a estos derechos en Tucumán. Recuerdo a Fabio y Sergio, que simplemente querían ser reconocidos ante la ley, compartir una obra social y construir una vida juntos. Después vinieron otras historias: parejas que pudieron adoptar, formar sus familias y vivir con la misma dignidad que cualquier otra persona. Pienso también en amigues que hoy crían a sus hijes, los llevan a la escuela, trabajan, aman y sueñan como cualquier familia argentina.
Por eso duele ver cómo vuelven a aparecer discursos que cuestionan derechos ya conquistados o que buscan convertir nuestras vidas en un escenario de disputa política. Porque, en definitiva, esto nunca se trató de privilegios ni de ideologías: se trata de la posibilidad de que cada persona pueda vivir su vida con libertad, construir su propio proyecto de felicidad y ser respetada en sus decisiones. Cuando ampliamos derechos no le quitamos nada a nadie; simplemente hacemos una sociedad más justa, más democrática y más humana. Y esa sigue siendo una tarea que vale la pena defender.
Carolina Frangulis:
Foto: Gentileza Augusto Moeykens
Hace 16 años atrás pasaba esto en el país, se sancionaba la libertad y en ella la legalidad de todos los amores con los mismos derechos, seguramente hoy, a mis 47 años aquella militancia a todo o nada sea distinta, quizás (sin tener el diario del lunes) lo haría de otra manera (pues pasó mucho tiempo y nos hicimos mejores, más fuertes, y más seguros), en el camino quedaron compañerxs y dolores imposibles de sanar, igual seguimos...en algún lugar sabíamos que juntos lo ibamos a lograr. Alguna vez alguien se atrevió a preguntarme si me arrepentía de algo en ese momento...que sepa que la respuesta es que estoy orgullosa de recordar mis manos temblar, de sentir mi cuerpo resquebrajarse de miedo cuando del otro lado, "el oscuro", nos escupían el odio en la cara (literal), fue la primera vez que la policía (saliendo de la legislatura) cuidaba a los que somos “del bien”.
Creo que nada importaba mucho, soñábamos y en eso dejábamos atrás la discusión que mejoraba la ley de Unión Civil, estábamos convencidos de que el camino era hacer realidad el matrimonio igualitario. Todo era cuerpo y corazón, todo era ahora, ya, con la plena seguridad que éramos miles los que nos sosteníamos y gritábamos: ¡IGUALDAD!
