Ni una menos: la gota que rebalsó el vaso

 Fotografía cortesía de Bruno Cerimele

Fotografía cortesía de Bruno Cerimele

Un hashtag: #NiUnaMenos. Un tuit, diez, cien, miles y miles en pocas horas. Imágenes, dibujos, gráficas inundaron las redes sociales con repudios a la violencia contra la mujer. El fenómeno lo disparó el femicidio de una chica de 14 años. Una niña. El femicida resultó ser el novio de 16. Los datos que iban apareciendo a medida que pasaban las horas le añadían dramatismo a una historia que parece ser la gota que rebalsó el vaso. Chiara se convirtió en el nombre que puso a periodistas, humoristas, conductores, políticos, públicos de los más variados detrás de una convocatoria  casi espontánea: la marcha del 3 de junio. Pero ¿qué hizo que el caso de Chiara colmara el hartazgo de una sociedad que viene viendo morir mujeres víctimas de la violencia machista? Las características del caso es el primer argumento que aparece como potable. Que se haya tratado de casi una niña, que haya estado embarazada, que el femicida fuera un chico menor de edad, que la familia lo haya ayudado.

Adriana Guerrero, una militante feminista que trabaja por los derechos de las mujeres desde hace 20 años, no termina de entender qué es lo que hace que los medios de comunicación visibilicen un caso y no muestren tantos otros. Para responder esa pregunta reflexiona sobre las particularidades de algunos hechos que han tomado estado público. “No sé por qué hay casos que llaman mucho la atención”, dice como pensando en voz alta y agrega “hay casos como el de Ángeles Rawson que los medios se apropiaron y le dieron un seguimiento diario, pero no entiendo por qué a ese sí y a otros no”.  Adriana cree que algunos casos repercuten porque hay una familia que los sostiene, que los milita. Paulina Lebbos, Marita Verón, son algunos de esos nombres que la constancia y el trabajo de sus familiares han puesto en agenda. Pero hay otros que ni así han conseguido que los medios se interesen.

“Recuerdo que hace menos de un mes han secuestrado y después había aparecido el cadáver de una chica de 21 años”, cuenta Adriana mostrando con este ejemplo una muerte por femicidio de la que nadie habló. La mujer tenía dos hijos, era de la provincia de Jujuy y había hecho varias denuncias porque su pareja la golpeaba. “La chica desaparece, la policía no investiga la desaparición de la chica, los familiares hacen la denuncia legal y también en las redes sociales y al otro día aparece muerta. Había sido secuestrada y asesinada por su ex pareja”, detalla la militante que siguió el caso que no llegó a tener repercusión. “No ha tenido ninguna trascendencia. No ha importado ese hecho para los medios. ¿Por qué? ¿Porque era de Jujuy? ¿Porque era un caso más de una chica pobre con dos hijos y una pareja violenta y en los pobres la violencia es normal? ¿Será por eso?", pregunta buscando una respuesta que nadie se anima a darle.

Otros casos tienen rostros, nombres. Algunos permanecen más tiempo, otros se van olvidando con el correr de los días. O, como ocurrió ya esa misma semana, temas como ‘la violencia en el fútbol’ termina desplazando de la primera plana los nombres de las mujeres asesinadas por sus parejas o ex parejas. Los nombres que no aparecen en los medios ni siquiera se convierten en números. Ocurre que la Casa del Encuentro, la Organización No Gubernamental (ONG) que realiza una sistematización de las muertes por femicidio, solo cuenta en sus estadísticas los casos que fueron publicados por la agencia Télam y DyN y los de 120 diarios de distribución nacional y/o provincial. Estadísticas oficiales no existen; recursos, tampoco.

En la mediatización de la muerte de Chiara a manos de su novio de 16 años han aparecido los juicios de valor que dejan el debate en lo más superficial de la problemática. Pero también se han visibilizado las acciones de un grupo de periodistas comprometidas que forman parte de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género. Quizás la confluencia de la causa en sí misma, de esas características y circunstancias que hacen que un hecho sea más o menos noticiable y el fruto del trabajo de esta red ha colaborado para que Chiara sea, como se dijo antes, la gota que rebalsó el vaso.

Por un lado, la causa. “Tenían la edad de Romeo y Julieta y uno no espera que terminen como Romeo y Julieta”, dice Adriana cuando piensa en esta pareja de adolescentes. Pero algunos medios y los lectores ponen en juego otros prejuicios que solo llevan a etiquetar a los protagonistas. Que si era una chica ‘precoz’ por haber tenido relaciones sexuales a tan temprana edad. Que si es una mártir, porque en realidad la jovencita fue asesinada ‘por no querer abortar’. Que si la familia estaba al tanto de dónde se encontraba la niña. Que si los padre eran separados. “No hay una reflexión sobre qué hemos hecho con Chiara y con tantas Chiaras de la Argentina. ¡Cuántas chicas desinformadas en sus relaciones! ¿El chico habrá sido violento antes? Y, es probable porque la violencia en el noviazgo es tremenda y absolutamente naturalizada pero ¿quiénes son los responsables de ese tipo de desinformaciones?”, se pregunta Adriana que intenta dejar claro que no se debería estar hablando de las características de la víctima. No importa quién era ni qué hizo. La mataron. “Nos matan como moscas. Todos los días”, lamenta.

A la vez que esto aparece en los medios, un grupo de periodistas vienen trabajando para hacer un cambio. “Que este caso haya sido la gota que rebalsó el vaso también tiene que ver con un trabajo que venimos haciendo con la red de periodistas con visión de género. Esta red de periodistas viene buscando visibilizar más estos trabajos y ellas (las periodistas), de manera personal, llevan esa mirada a sus medios”, explica Adriana sobre la espontaneidad y la repercusión de la convocatoria a la marcha del 3 de junio. “Esta marcha tiene que ver con una movida difundida por ellas a través de las redes sociales. Nosotras con todos los años que tenemos trabajando en esto no hemos conseguido esta convocatoria”, reconoce la integrante de CLADEM que lejos de renegar de esto lo agradece. Agradece que una viñeta de Liniers haya colaborado a que otros humoristas gráficos se sumen con su arte. “Las organizaciones de mujeres todavía no hemos logrado permear ese espacio, no logramos trascender con las cosas que hacemos, pero bueno, los y las periodistas pueden, bienvenidas”, dice efusivamente.

No solamente periodistas se sumaron a esta convocatoria. Artistas y funcionarios públicos adhirieron, al menos, con una foto y para algunos eso generó más enojo y hasta repudio. “Yo soy una de las que cree que tenemos que aprovechar cada una de las grietas. Nosotras vamos a estar, vamos a ir a la marcha y vamos a ir a plantear lo mismo que venimos planteando hace años: efectivo cumplimiento de la ley 26.485, presupuestos adecuados, estadísticas convenientes, educación, no cambia mi pedido de hace 20 años”, dice y advierte “no nos vamos a parar desde la vereda del frente a putear porque ‘ah, ahora van a venir todos’. Obvio, si hace años peleamos porque vengan todos, si lo que queremos es que estemos todos y todas peleando por estas cosas. Lo nuestro es todos los días, todos los años durante 20 años y serán por otros más de 20 años pero no voy a desaprovechar esta oportunidad de visibilización”, sentencia categóricamente.

La marcha del 3 de junio

La posibilidad de visibilización no es solamente esta marcha. Vienen siendo todos estos días. Algunos con más fuerzas, otros con menos, la problemática de la violencia contra las mujeres está en las pantallas de los televisores, en los monitores, en los teléfonos, en las radios y los periódicos.

Adriana no es tan optimista respecto a la cantidad de personas que marcharán en la provincia el 3 de junio. Piensa que es fácil adherir desde la comodidad del hogar, dando un retuit, compartiendo un estado de Facebook. Pero además advierte que la convocatoria fue hecha con tiempos de Buenos Aires. “La convocatoria ha sido convocada con tiempos porteños, teniendo en cuenta el cierre laboral que no es el mismo aquí. Aquí coincide con el horario de salida del colegio de los chicos y las mujeres tenemos que seguir volviendo a la casa con los chicos. Entonces eso también es una dificultad”, opina a la vez que espera equivocarse.

Sí cree que la marcha en Buenos Aires sí será masiva. Y eso ya es una batalla ganada para esta mujer que está acostumbrada a encontrar los avances ante tantas muertes y tanta violencia. “Siempre me voy a quejar, por suerte. Tengo mucho de qué quejarme, pero soy una convencida que el avance de estos temas también hay que reconocerlo. Desde que yo he empezado a ahora el avance es enorme”, asegura y ejemplifica con el compromiso que muchos, y cada vez más, periodistas se suman a la causa, se forman para informar y buscan, desde sus lugares como empleados de un medio, poner en la agenda un tema como la violencia contra las mujeres, el machismo y los femicidios.Y piensa que, quizás, muchos de los que se suman ahora porque una gota rebalsó el vaso, se den cuenta y se queden 'de este lado' dando una pelea que parece interminable.