¡Monsanto fuera!

Imagen: cortesía de Melina Zanachi

Imagen: cortesía de Melina Zanachi

Concentraciones y marchas a nivel mundial se realizaron para protestar contra Monsanto, empresa multinacional productora de productos químicos y semillas transgénicas. Tucumán se unió a este grito ya que hace un tiempo fue instalada en la provincia una estación experimental que fue aplaudida por la clase gobernante en un acto donde se dio a conocer la nueva "inversión". "Más allá de que ya se estén cultivando transgénicos en la provincia es como ir un paso más allá, el hecho de tener una estación experimental", comentó en una entrevista con La Palta Debra Jensen, integrante de "Indignados Tucumán". Monsanto es la empresa que creó el llamado 'agente naranja', un químico que fue utilizado por el gobierno de Estados Unidos durante la guerra en Vietnam para liquidar sus cosechas y que años después se descubrió que era causante de cáncer. Entre sus principales actividades se encuentran la modificación genética de organismos que atenta contra la biodiversidad y la producción de productos químicos como el glifosato cuyo uso está prohibido en zonas periurbanas por ser causante de cáncer como ya se demostró en el juicio de barrio Ituzaingó, provincia de Córdoba.

Con las semillas transgénicas lo que se logra es que no existan semillas independientes, es decir un agricultor no puede producir la semilla que sembrará en la próxima campaña agropecuaria porque esa semilla, que compró a Monsanto y sembró, no sirve para volver a producir porque la planta no nace, es decir no se puede volver a comenzar el ciclo sino que el campesino debe volver a comprarle la semilla a Monsanto.

Esta situación acontece, en la mayoría de los casos, porque las semillas transgénicas producen un mayor rendimiento por hectárea, ¿pero a cuenta de qué?. El productor o campesino queda encerrado en un círculo del que no puede salir y seguramente, si la situación no se revierte, llegará un punto en que dependa de esas semillas para poder sembrar, hecho sumamente peligroso ya que deja en una situación de ventaja a Monsanto con respecto a los precios que cobrará por la misma. ¿Hasta dónde es redituable entonces cuando una multinacional sea la dueña absoluta del medio de producción que, en este caso, es nada más y nada menos que la semilla de donde se obtendrán los alimentos?.

Además cabe preguntarse: ¿qué es lo que en realidad comemos? Un grano,  genéticamente modificado por una empresa que tanto rédito ha obtenido sin medir las consecuencias de sus acciones, ¿produce algún efecto secundario en el organismo? Por supuesto es una pregunta cuya respuesta todavía ignoramos y que si se la descubre es porque ya es muy tarde.

Un modo de producción alternativo es posible si cada uno toma conciencia de lo que implica dar lugar a una empresa como Monsanto en el país, deteniéndose a pensar si ser esclavo de un sistema corrupto vale los kilos más de rendimiento por hectárea.

Marianella Triunfetti

mtriunfetti@colectivolapalta.com.ar