La solidaridad como base de la sociedad

Fotografìa de Exequiel Reinoso | Colectivo La Palta

Fotografìa de Exequiel Reinoso | Colectivo La Palta

Hablar de solidaridad es hablar de unión, de lazos generados en busca de un objetivo en común. Aquél inalcanzable para uno solo pero posible entre varios. En los últimos tiempos, la solidaridad se volvió una marca imborrable de la sociedad. Citando al Sociólogo Émile Durkheim, una de las características fundamentales de la modernidad, es la “solidaridad orgánica”, aquélla que mantiene unidos a los sujetos en un sistema de producción dividido. Cientos de personas cada semana aportan su granito de arena cumplir objetivos especiales. Algunos de ellos obligaciones del Estado; otros, consecuencias de diversas problemáticas sociales. Aún así, la solidaridad se transforma en la base de una sociedad, que en su mayoría busca ayudar al otro, sin pedir nada a cambio.

Al seguir esta premisa, Tucumán se trasforma cada semana en un escenario solidario, donde diferentes grupos realizan actividades que necesitan el apoyo de todos. Durante el fin de semana, en Tafí Viejo se realizó la 2ª Edición de “1.000 Colores de la Esperanza”, una jornada a beneficio de cinco niños y un adolescente que padecen enfermedades graves. “La idea fue que la gente puje, pensando tal vez no en el cuadrito que llevan, sino en la ayuda que aportan para estos chicos. La esencia de todo esto es acercarles una mano a estas personas que afrontan una situación compleja, donde no pueden cubrir sus necesidades mínimas. A veces nos preguntaban por qué no lo hacemos en verano ya que va a ir más gente, pero la realidad reclama urgencia y no podemos postergarla”, sostuvo Atilio Roberto, un organizador del evento.

El objetivo de la jornada fue que, durante 48 horas, artistas plásticos, profesionales y aficionados, pintaran 1000 cuadros de manera ininterrumpida. Y simultáneamente, se presenten espectáculos musicales y obras teatrales.

Al cierre de la exitosa jornada, se celebró el día de los Bomberos Voluntarios, quienes también aportaron su granito de arena en el evento. “La mayoría de los personas se sintió identificada con la campaña. Será porque todos tenemos niños. Pero además, todos sabemos que la felicidad de uno no es posible si vemos a personas que no lo son. Por eso, todas las puertas que se golpeamos estuvieron abiertas, porque la solidaridad es una característica de Tucumán”, explicó Atilio.

De manera simultánea, el escenario solidario se recreó en la Plaza San Martín de la capital, donde la fundación Revolución de Sonrisas realizó una colecta de plantas para la huerta-jardín educativa del hogar. La idea fue que todos colaboren mediante la donación de plantas florales, árboles o plantines de vegetales.

Aunque muchos de los eventos no tienen la difusión que se merecen, las comunidades siempre están presentes. El aporte de cada persona, por más pequeño que sea, llega a generar una verdadera fuerza colectiva. Fuerza que llega a atender las necesidades, producto de un Estado ausente y que genera dentro de cada integrante la satisfacción de haber colaborado, de sentirse útil para la sociedad.

Exequiel Reinoso

ereinoso@colectivolapalta.com.ar