El 30% de los niños en situación de pobreza están malnutridos

Fotografía de Nicolás Tuero

Fotografía de Nicolás Tuero

En los primeros años de la década del 2000 se presentaron dos documentales que denunciaban la situación general de pobreza en la Argentina: “Memorias del Saqueo” (2003) de Pino Solanas y “Deuda” (2004) de Jorge Lanata. En ambos aparecía la pobreza estructural como protagonista, como la principal consecuencia de un modelo político y económico que desde el inicio de la última dictadura militar, pero especialmente durante los gobiernos de Menem y De la Rúa, fue produciendo con precisión y alcance industrial una masa de argentinos que debían vivir en condiciones de precariedad y miseria. En ambos audiovisuales la provincia de Tucumán fue el modelo con el que se ilustraba la desesperación de millones de familias que habían perdido hace décadas el trabajo genuino y la posibilidad de alimentarse diariamente. “Memorias del Saqueo” hizo mundialmente famoso al basural de Los Vásquez, el que diariamente revolvían cientos de niños descalzos en busca de alimentos. “Deuda”, por su parte, describió el crimen de la desnutrición infantil a través de un caso que aún hoy continúa en la memoria colectiva: Barbarita, la nena que se desmayaba en la escuela porque estaba desnutrida debido a que no tenía para comer en su casa. En ese entonces los índices de pobreza a nivel nacional superaban al 50% de la población y los de indigencia al 25%. La desnutrición infantil alcanzó su pico en 2002 cuando llegó afectar al 20% de los niños argentinos índice que se potenciaba en las provincias del norte donde la cifra alcanzaba al 25%.

Más de 10 años después, con un crecimiento económico histórico, y con una importante reducción de la pobreza y la indigencia, no se conocen datos oficiales sobre este padecimiento, ya que dos maniobras tratan de encubrirlo: en primer lugar, la intervención de los institutos de estadísticas de la Nación y las provincias que se niegan a difundir datos reales, y en segundo lugar un cambio en la forma de medir los casos de desnutrición infantil. Como se explicó en la nota publicada por La Palta en agosto de este año, este segundo elemento comenzó a operar con el desembarco del actual Vicegobernador de Tucumán en uso de licencia, Juan Manzur, en el Ministerio de Salud de la Nación, y el resultado fue que los casos de niños desnutridos en la provincia descendieron desde 22.000 hasta los 3.900 casos. Así el Estado se dedicó a asistir al 20% de los niños en estas condiciones, mientras que el 80% restante, que atravesaba diferentes instancias de la afección quedó abandonado a su suerte.

El Indicador Barrial de Salud Nutricional (IBSN) es una herramienta para conocer la situación de los niños que viven en un contexto de pobreza. Ideado por el Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (ISEPCi) junto al Movimiento Barrios de Pie, permite la detección precoz de la malnutrición en niños y adolescentes. El IBSN decidió mantener los modelos de medición de la Organización Mundial de la Salud para acceder a una información más fiable. Durante la investigación se relevaron las medidas antropométricas de 2.265 niños y adolescentes que concurren a 45 comedores, merenderos y centros comunitarios que gestiona el movimiento social en la provincia.

Ernesto Gómez Rossi, coordinador provincial del ISEPCi, informó que esta investigación se desarrolló como una forma de responder a la necesidad de tener, a través de instrumentos científicos, una aproximación a la realidad que sufren miles de familias vulnerables en lo que hace a la alimentación y que en la actualidad se encuentran fuera del sistema de contención estatal. El primer relevamiento a estos niños se realizó durante los meses de mayo y junio y arrojaron resultados alarmantes: uno de cada tres niños relevados de entre 2 y 19 años se encuentra en situación de malnutrición. “Las variables de malnutrición se registraron de manera especial en la etapa de lactancia (entre 0 y 2 años, 21 % de la muestra) y en la primera infancia (2 a 6 años, 19% de la muestra), lo que se expresa a través de una disminución en el desarrollo corporal de estos niños”. El déficit de talla, por ejemplo, es uno de los problemas nutricionales de mayor prevalencia en nuestro país. Se trata de un proceso lento (crónico) en el que confluyen muchos factores adversos del niño y su ambiente. Se sabe que las alteraciones en talla son reversibles durante los primeros 2 a 3 años de vida; luego, la talla alcanzada puede representar una situación secuelar difícilmente recuperable. Por lo tanto, la detección temprana del inicio de estos retardos es esencial.

Por otra parte, en el informe realizado por el ISEPCi se destaca el número de niños con problemas de obesidad y sobrepeso: entre los niños de 2 a 19 años el 13% registró obesidad y el 19%, sobrepeso. Según Gómez Rossi, esta problemática se relaciona con la incapacidad de las familias en situación de pobreza para acceder a alimentos de calidad nutritiva en proporciones adecuadas. “La obesidad se arrastra a la adolescencia y adultez con serio impacto en la salud infantil y futura. Junto con la baja talla constituye el problema nutricional antropométrico más prevalente en la población de 0 a 6 años de nuestro país. Los antecedentes familiares, factores perinatales e historia alimentaria y el control del crecimiento periódico en los primeros 6 años de vida permiten identificar a los niños con riesgo de desarrollar obesidad e implementar acciones de prevención”

Cabe aclarar que este número no se puede extrapolar a toda la población de la provincia ya que se realizó sobre una muestra con un sesgo intencional y que apunta a los sectores de menores recursos. Sí es posible, en cambio, concluir que estos datos pueden dar una referencia sobre las condiciones nutricionales de los niños de sectores de escasos recursos que, según el ISEPCi, representan al 26,32% de los hogares tucumanos que se encuentran bajo la línea de pobreza y especialmente al 7,5% de los hogares tucumanos bajo la línea de indigencia. “Estas conclusiones generales responden a un contexto en el que las familias presentan cada vez mayores dificultades para el acceso en cantidad y calidad de los alimentos debido a los bajos ingresos y el proceso inflacionario que condicionan a los sectores más vulnerables de la provincia”, aclaró el referente del instituto de investigación que también realiza un seguimiento mensual de la variación de precios de los alimentos como forma de medir el impacto inflacionario en la economía de los sectores de menores ingresos. En este sentido desde el ISEPCi se informó que en lo que va de 2014 los precios de los alimentos aumentaron un 24% y si se toman los últimos 12 meses la variación alcanza el 42,6%.

Tras presentar públicamente el informe los integrantes del instituto de investigación decidieron acercar al Ministerio de Salud de la provincia sus conclusiones, a fin de que los casos de malnutrición encontrados (más de 800) fueran puestos a consideración y atendidos por el Estado con la mayor celeridad posible. Desde la cartera que conduce el Dr. Yedlin se contestó que estos casos ya eran conocidos por ellos y que los niños con estos problemas son atendidos por las distintas instancias del sistema de salud provincial por lo que la difusión de este tipo de informes sólo respondía a fines políticos y electorales. Gómez Rossi desmintió que estos niños reciban la asistencia del Estado: “En el contacto con las madres y familiares vemos que, excepto algunos muy puntuales, no se atiende la particularidad de estos casos, la respuesta del Estado a un niño con malnutrición es entregarle a su familia una tarjeta con una cantidad exigua de dinero para comprar alimentos en los supermercados. Por supuesto que hay atención del Estado a niños desnutridos, pero si para el gobierno la indigencia representa al 1% de los tucumanos, la pobreza al 9% y la cantidad de niños con problemas de alimentación es de 3.900, vemos que claramente hay una población que no entra en sus estadísticas, que más que reflejar una realidad buscan construir un relato acerca de una situación social que no existe. Si presentamos estos casos es porque tenemos constancia de que su problemática no está siendo atendida por diversas razones. Que las autoridades de los gobiernos provincial y nacional decidan mirar para otro lado puede implicar severas consecuencias en la niñez, particularmente en la primera infancia afectando el desarrollo psico-físico e intelectual y especialmente el derecho que los niños tienen a desarrollarse plenamente en un ambiente socio-ambiental adecuado”, concluyó Gómez Rossi.

Los datos más importantes del informe:

  • El 21% de los lactantes (0 a 2 años) presentan baja talla y el 32% malnutrición.

  • Entre los niños de 2 a 6 años el 47% de la muestra presentó malnutrición mientras que el 19% presentó baja talla.

  • Los niños que transitan la segunda infancia (6 a 12 años) presentaron malnutrición en el 40% de la muestra mientras que el 9% presentó baja talla.

  • Entre los adolescentes (12 a 19 años) el 31% presentó malnutrición y el 9% baja talla.

Finalmente los integrantes del ISEPCi informaron que están dando inicio a la segunda campaña de relevamiento que consiste en tomar nuevamente las medidas antropométricas de estos niños. Lo que se busca es realizar un seguimiento semestral para controlar la muestra y seguir puntualmente el desarrollo de los casos encontrados. En la etapa de lactancia y primera infancia el desarrollo es más acelerado por lo que cada 6 meses es necesario tener datos nuevos. El objetivo además es conservar un contacto con las familias y mantenerlas informadas sobre el progreso del indicador así como de los casos puntuales. Por otro lado, en lo posible, se brinda la ayuda que permita a los niños superar sus problemas nutricionales a través de mejoras en las dietas, pero reconociendo que el principal problema no se solucionará hasta que las familias alcancen mejores condiciones de vida.