Sucesos que crean identidad y memoria

Los restos encontrados en Tafí Viejo | Fotografía de Exequiel Reinoso

Las siestas tucumanas siempre fueron aburridas, o así lo eran para Daniel y Sofía porque de niños sólo tenían tres opciones. Dormir, ver televisión o jugar en el fondo de casa. Por aquellas horas todo estaba en silencio y los grandes dormían sofocados porque el calor de Tucumán se siente fuerte en verano. El patio estaba libre como la imaginación y la inocencia de estos dos niños de 6 y 8 años. Un día, después de ver Indiana Jones, decidieron hacer algo distinto. Estaban ansiosos hasta el punto que las diferencias típicas de hermanos ni se notaban. Cuchara y pala en mano, decidieron excavar el patio para encontrar tesoros antiguos. El lugar elegido fue el lado este, cerca de las plantas de margaritas donde la tierra está más blanda y hay más chance de ocultar la travesura de la mirada de los mayores. ¡Y vaya que pensaron bien! A la hora ya estaban cansados, a punto de rendirse, cuando descubrieron algo que parecía ser el hueso de un animal. ¿Un dinosaurio? No, era algo más pequeño, pero se emocionaron ante semejante descubrimiento.

A la distancia Daniel recuerda aquello que vivió en su niñez y lo siente muy presente al enterarse del descubrimiento arqueológico en Tafí Viejo, hace unas semanas. Los restos encontrados sobre la histórica avenida Alem tendrían más de 1500 años, al igual que los hallados recientemente en El Cadillal. El arqueólogo Guillermo Ortiz, coordinador del Equipo de Rescate del Instituto de Arqueología de la Universidad Nacional de Tucumán, sostiene que es la primera vez que se registra un descubrimiento de restos óseos en la Ciudad de Limón, lo cual es una excelente oportunidad para hablar sobre el valor patrimonial del municipio. “Tafí Viejo patrimonialmente es una ciudad muy importante, no solo por el ferrocarril, sino también por los restos prehispánicos. Hay que recordar que por aquí pasó el Camino Real, que llevaba la plata desde Potosí hasta el Río de la Plata. Seguramente pudo haber estancias, postas, caminos que deben tener sus piezas. Si uno hace un buen uso del patrimonio, lo que sirve además para revalorizar y fomentar el turismo, crea identidad, crea memoria”, agrega.

Cuando Guillermo habla de patrimonio se refiere principalmente al patrimonio arqueológico, área en la que tiene años de trabajo. Desde el 2004, Argentina cuenta con la Ley Nacional 25.743, la cual busca la preservación, protección y tutela del Patrimonio Arqueológico y Paleontológico del país para el aprovechamiento científico y cultural. “Patrimonio arqueológico es todo lo que no está escrito. Los historiadores se encargan de los documentos escritos, mientras que el arqueólogo se encarga de los restos materiales (registros en pintura, grabado, cerámicas, restos óseos, metales), desde antes que nazca la escritura hasta después de eso. Es un campo muy amplio que va de estudiar culturas prehispánicas hasta la historia reciente, como sucede en el estudio de contextos industriales como en los Talleres de Tafí Viejo o las consecuencias del terrorismo de Estado”.

Lo que encontraron Daniel y Sofía cuando eran pequeños no era aún patrimonio arqueológico, sino que eran los restos de una de sus mascotas. “Manchita se fue al cielo”, les había dicho su mamá, y años más tarde descubrieron que todo era una mentira. El perro estaba enterrado en el patio de casa. Si los restos fueran hallados allá por el 3016, podrían ser un gran descubrimiento porque permitirían reconstruir a Manchita y el ambiente en el que vivió. Mediante el estudio de los sedimentos en las piezas se obtiene mucha información, al igual que con un estudio de fitolitos se puede saber qué plantas había o el clima de entonces. Así lo explica el arqueólogo tucumano, quien destaca lo importante que es promover el estudio del patrimonio arqueológico.

“La gente en el campo a veces encuentra piezas y se las lleva a su casa y hay mucha información que se pierde. Hay mito de que se cree que dentro de las urnas van a encontrar metales u oro. Y son muchas veces culturas que no conocían el metal, entonces el valor de las piezas es una cuestión más simbólica y educativa que material, porque no hay un mercado ilegal de piezas arqueológicas y la gente no entiende”, sostiene Guillermo. Cuando una persona encuentra piezas arqueológicas lo que tiene que hacer es llamar a la Dirección de Patrimonio de Tucumán, que es el organismo del Estado que tiene la potestad de intervenir y que trabaja en conjunto con el Instituto de Arqueología, que es el que brinda asesoramiento y realiza el rescate. La excepción se produce cuando se trata de restos humanos, en donde interviene en primera instancia la Policía forense.

Fotografía de Exequiel Reinoso

Fotografía de Exequiel Reinoso

Recuperar una pieza arqueológica no es tarea fácil, mucho menos cuando el rescate es una de las primeras acciones que se realizan. Existe un protocolo que varía de acuerdo al hallazgo, lo que permite la intervención de distintos arqueólogos tucumanos especializados en diversas áreas. Una vez extraída la pieza, esta es llevada a la Dirección de Patrimonio Cultural de Tucumán, donde se decide qué hacer con ella. “Cada zona de Tucumán está dividida por áreas geográficas; muchos investigadores de cada área se especializan en determinados temas y cuando se hace un rescate se trata de trabajar con ese especialista. Muchas veces ese material que tiene la Dirección de Patrimonio se lo entrega a ese especialista para que lo trabaje”.

Actualmente el Instituto de Arqueología no da abasto por la cantidad de piezas con las que cuenta, al igual que la Dirección de Patrimonio. A esto se suma la falta de presupuesto para contratar el recurso humano necesario para mantenerlas. “Ante la falta de presupuesto, una de las estrategias que tenemos es trabajar con las comunas como en Tafí del Valle, por ejemplo. Allí, al ser una zona con mucho patrimonio arqueológico, tiene un decreto donde se hacen responsables de su propio patrimonio. Por eso es que se busca que se siga esta línea para descomprimir la llegada de piezas a la dirección y el instituto. Y sobre todo para que la pieza se quede en su lugar, siempre que las condiciones sean óptimas. Si haces un museo y una sala de laboratorio para trabajar esas piezas y las condiciones sean óptimas, Patrimonio no tiene problema en colaborar para que esas piezas se resguarden con su asesoramiento”, explica.

Para lograr que los tucumanos conozcan y revaloricen su patrimonio, se realiza el dictado de charlas para difundir y articular con comunas y municipios. De esta forma se pretende que cuenten con los recursos primordiales para cuando se produzca un descubrimiento en sus territorios. Como cuenta Guillermo, “en el 2015 se organizó una reunión con todos los delegados comunales para que ellos transmitan en sus comunas cómo actuar. También se trata de que los medios de comunicación lo difundan porque todas estas cuestiones, que son fortuitas, no siempre ocurren en medio de la ciudad. Nos tocó hacer rescates en El Cadillal y nadie se enteró. Al ser el contexto de una ciudad (como pasó en Tafí Viejo), la gente estaba pendiente y eso tuvo mucha trascendencia”.

Mediante el trabajo articulado con las distintas comunidades se logra que los pueblos conozcan más de sus antepasados. Así, el conocimiento científico no queda en las universidades, sino que va al lugar de origen de las piezas para que la gente se apropie y revalorice su patrimonio. “Mientras realizábamos el rescate en Tafí Viejo, una persona no podía creer que había gente taficeña de hace 2 mil años, porque muchos creen que los primeros habitantes llegaron con los Talleres Ferroviarios. Eso está bueno porque se crea el debate, porque la gente se pone a investigar”.