Formativa Lincoln, donde el fútbol se construye con valores y contención

Fotografía de Elías Cura | La Palta

Familia, amistad y unión son las palabras que Abel Miranda y Carla Ortiz eligen para definir a la Escuela Formativa de Fútbol Lincoln. Se trata de un espacio al que asisten chicos y chicas que comparten su pasión por el fútbol, se divierten, construyen lazos y encuentran contención. 

La escuelita nació en abril de 2021 en el barrio Lincoln, a partir de la iniciativa de un grupo de amigos con un mismo amor: el fútbol. Entre ellos estaba Abel, hoy profesor y coordinador de la escuela. “El sueño que yo tenía era crear una escuela de fútbol porque, antes de jugar en primera en la Liga Tucumana, tuve una escuela. Y yo quería eso, la formación deportiva, pero también la formación de valores”, rememora. Así, con 20 chicos del barrio, comenzó el sueño. Abel recuerda que los recursos para cada entrenamiento salían de sus propios bolsillos y de la colaboración de personas allegadas.  

En 2022, sus amigos decidieron seguir caminos distintos y fue cuando la familia de Abel decidió sumarse para que aquel proyecto continuara. “Teníamos que ayudarlo porque solo no iba a poder”, dice Carla, responsable de la administración de Formativa Lincoln y compañera de vida de Abel. También se incorporó su hija Alejandra Miranda, quien ocupa el rol de subcoordinadora. Poco a poco, la escuela fue creciendo. Hoy asisten alrededor de 100 chicos y chicas de todo Tucumán. 

Son las seis de la tarde. En el parque Guillermina, el entrenamiento del día está a punto de comenzar. Los profes llegan y también lo hacen los chicos en bicicletas, motos o caminando. Se acercan y saludan. Carla los recibe con un abrazo y una sonrisa, mientras anota sus nombres en un cuaderno. El parque empieza a teñirse de azul y rojo, los colores que representan a la escuelita. A Formativa Lincoln concurren niños de cuatro a 15 años y se organizan en diferentes categorías. Para cada categoría está asignado un profesor. 

Antes de iniciar el entrenamiento, Abel y los profesores reúnen a los chicos en un círculo. “Deben escuchar para aprender”, les dice. Los entrenamientos son fundamentales para los partidos. Quien no asiste a los tres entrenamientos de la semana, no juega. “Por más que sea muy superior en lo deportivo, no le permitimos jugar. Es una cuestión de respeto hacia el compañero que sí entrena”, explica el coordinador. El respeto es uno de los valores centrales que se transmiten en la escuela. Abel recuerda que dos de los tantos trofeos que ganaron, son la Copa Fair Play que premia el juego limpio, los valores y la amistad. 

Las pelotas de cuero empiezan a rodar por el parque. Los chicos se agrupan por categoría, corren, hacen pases, entrenan velocidad y técnica. Las risas también forman parte de la escena. Cada tanto, los profesores les recuerdan que deben concentrarse en los ejercicios. A un costado, padres y madres observan el entrenamiento, mientras comparten mates y registran el momento con sus celulares. 

Fotografía de Elías Cura | La Palta

Un espacio autogestionado y de contención 

Formativa Lincoln es un espacio autogestionado, donde cada alumno paga una cuota. En sus inicios, esas cuotas eran de $50. En la actualidad, continúan teniendo un costo bajo. “La cuota la hacemos de acuerdo a lo que pueden pagar los papás. Puede ser por clase, por semana, mensual. A veces nos tenemos que amoldar porque hay familias en la escuelita que económicamente están bien, y gente de bajos recursos. Por eso tratamos de solventar los gastos de los chicos que no tienen”, cuenta Abel. A lo largo de los años, la colaboración de amistades fue fundamental para la escuelita. 

“La escuela es toda una familia”, dice Carla. Allí prima la confianza y la contención. Abel comenta que algunos de los chicos atraviesan problemas de adicción y, aunque ya no cuenten con la edad para asistir, lo siguen haciendo porque encuentran un lugar seguro. También menciona el caso de uno de los chicos con retraso madurativo que, desde que forma parte del espacio, logró desenvolverse mejor. “Hablamos mucho con ellos, tratamos de estar donde podemos”, dice Abel. “Es sentir que los chicos son parte nuestra y que los chicos sientan que nosotros somos parte de ellos”, agrega Carla. 

A pesar de la cantidad de alumnos, Carla recuerda cada uno de sus nombres. “Acá, desde el más chiquitito al más grande, todos se conocen, todos son amigos”, menciona. Muchas de esas amistades se formaron dentro del espacio y se mantienen por fuera de la escuelita. Lo mismo ocurre con los padres y madres que acompañan y colaboran tanto en los partidos como en los viajes que realizan. 

Llegar a jugar en primera 

“Quién de los chicos no desea ser Messi. O el que queda en el arco ser el Dibu”, dice Carla sobre los sueños de los niños de la Formativa Lincoln. Para acercar a los chicos a ese sueño, la escuela gestiona pruebas con distintos clubes, un proceso que puede llevar entre tres y seis meses. Esa gestión implica hablar con distintos coordinadores, organizar fechas y traer a los captadores de los clubes para que observen a los chicos en su lugar de entrenamiento. A lo largo de sus casi cinco años, la escuela trajo a representantes de Boca, River, Estudiantes, Argentino Juniors y Ferro. 

Mi sueño es que sea la mejor escuela de Tucumán. Formarlos como futuros deportistas y formarlos como personas
— Abel Miranda

Cuando algún chico es seleccionado para probarse en Buenos Aires, debe alojarse en las pensiones de los clubes. La escuelita se encarga de gestionar la estadía para que las familias no tengan que afrontar esos gastos. “Un chico del interior tiene que jugar mucho mejor que el de Buenos Aires para que el club decida invertir. Si están al mismo nivel, los clubes prefieren a estos últimos porque se evitan gastos como estadía, alimentación”, comenta Alejandra.

Hoy, los chicos de la escuelita se preparan para viajar a Córdoba, donde disputarán un torneo. Para cubrir los gastos, llevarán a cabo una peña este domingo 18 de enero en el Club “El Cruce” (calle La Plata 1250), a partir de las 13 horas. La entrada tiene un costo de $3000 y contará con la participación de artistas del folclore local, venta de comida y sorteos. 

“Mi sueño es que sea la mejor escuela de Tucumán. Formarlos como futuros deportistas, llevarlos a Buenos Aires, pero también contener a los chicos en muchos aspectos y formarlos, más que nada, como personas”, dice Abel. 

El sol comienza a caer y se acerca el fin del entrenamiento. Los más pequeños juegan un partido, conversan entre ellos y dicen que si ganan pedirán de premio una gaseosa. “Formativa Lincoln está abierta para cualquier persona que se quiera sumar. Acá van a encontrar una familia y gente que le gusta trabajar con niños”, concluye Carla.