“No eran locos armados”: El testimonio de Lucía Coronel en el juicio por la masacre de Corro

Foto: declaración de Lucía coronel - Gentileza de Lucía de Marco Fontana

“Lo que nosotros hacemos es contar la reconstrucción que hizo nuestra familia”, explica Lucía Coronel que el miércoles pasado declaró en el juicio por la llamada “Masacre en la calle Corro”. Aquel operativo terminó con el asesinato José Carlos Coronel, padre de Lucía junto a los otros militantes integrantes de la Secretaría Política de Montoneros: María Victoria Walsh, hija del periodista Rodolfo Walsh, Ismael Salame, Alberto José Molinas y Ignacio José Bertrán. Ese 29 de septiembre de 1976, también fue secuestrada la familia Mainer que se encontraba en la vivienda del barrio porteño de Villa Luro.

El testimonio de Lucía, que además es querellante en la causa, no se apoya en recuerdos propios sino en una reconstrucción familiar sostenida durante décadas. Una reconstrucción hecha a partir de relatos, documentos guardados, investigaciones persistentes y una búsqueda colectiva que empezó su abuela. “Y también mucha información que nos acercó Patricia Walsh -hermana de Victoria- respecto a algunos conscriptos que participaron del operativo”, recuerda, al tiempo que destaca los años de investigación y trabajo codo a codo que hicieron junto a Patricia.

El juicio llega en un contexto complejo, no solo por el tiempo transcurrido, sino también por un escenario social y político donde resurgen discursos negacionistas y reivindicaciones del terrorismo de Estado. En ese marco, la declaración de los familiares adquiere un espesor que va más allá de lo judicial. “Los juicios son solamente una parte de esta lucha. Nosotros dijimos que nunca íbamos a dejar de pelear por memoria, verdad y justicia”, sostiene. 

Reivindicar la militancia

“Es importante rescatar la historia de lucha de los militantes revolucionarios de los 70, entre ellos mis padres. Reivindicar lo válido de alzarse ante la injusticia y de rebelarse ante un sistema que amenaza la vida”, contesta Lucía cuando se le consulta por la necesidad de sostener la memoria. Advierte que desde el discurso oficial se busca demonizar cualquier expresión de militancia y, más aún, las expresiones de izquierda o términos como ‘revolución’ o ‘socialismo’.

En este sentido, el juicio por la masacre de la calle Corro no solo busca determinar responsabilidades penales. También reactualiza una discusión sobre el sentido de aquellas militancias y su lugar en la memoria colectiva. Para Lucía, ese punto es central, “No eran locos armados. Tenían un proyecto político de transformación de la sociedad”, señala. En tiempos donde se intenta demonizar esas experiencias, recuperar esas historias implica disputar sentido.

Lucía habla de sostener la memoria de lucha. Y vuelve sobre sus palabras para remarcar: “No de muerte, de lucha. Para que esas postas las tomen los jóvenes, que buscarán nuevas formas de lucha, que se inventarán o que se están inventando las propias. Porque la de nuestros viejos, la de esa generación, es una experiencia histórica más de lucha de nuestros pueblos”, señala y advierte que aquellos militantes de los 70, en ese contexto, encontraron las respuestas en la lucha armada. “Hoy estamos en otro momento distinto, pero seguimos bajo la misma opresión”. 

Más de doscientas personas participaron del operativo en la calle Corro. Hubo helicópteros, fuego cruzado, granadas. Del otro lado, cinco militantes resistiendo. “Estamos hablando de más de doscientas personas abriendo fuego contra cinco y ellos resistieron de una manera admirable, la verdad”, dice Lucía. En esa desproporción también se cifra una parte de la memoria política del hecho.

La lucha que continúa

Queda claro que la historia de José Coronel, es también la historia de una generación. Estudiante de abogacía en Tucumán, poeta en un contexto cultural intenso, militante político desde muy joven, dejó su vida por el mundo en el que creía. “Tenía una gran sensibilidad y compromiso con los demás”, reconstruye su hija. Esa figura, que no pudo conocer, se volvió presencia a través de las luchas de su familia. Su abuela, por ejemplo, marchó durante años exigiendo justicia. Su madre, María Cristina Bustos, fue secuestrada y continúa desaparecida. 

Foto: MAría y Lucía coronel - Gentileza de Lucía de Marco Fontana

Lucía es tucumana y, junto a su hermana María, fue una de las primeras integrantes de la agrupación HIJOS - Tucumán. “A nosotras, como le pasa a muchos, nos salvó bastante lo colectivo”, cuenta mientras explica cómo fueron aquellos primeros pasos de una organización que no se resignaba ante una coyuntura hostil . “Ya en el año 92 o 93, no me acuerdo bien, empezamos a juntarnos y nos llamábamos ‘hijos de afectados por la represión política en Argentina’”. Para entonces, Antonio Domingo Bussi se perfilaba como candidato a Gobernador de la provincia, cargo al que llegaría esta vez a través de las urnas, en las elecciones de 1995. “La indignación que nos provocaba que el asesino de los nuestros pueda ser gobernador hizo que nos juntemos y también por supervivencia para resistir ese momento social”, recuerda.

“No es que no queramos cerrar esto. Es que no lo podemos cerrar”, dice. Los cuerpos que aún no aparecen, los más de ciento cincuenta nietos apropiados que faltan identificar, las responsabilidades civiles que siguen impunes, sostienen abierta una herida que es también política. “Dijimos ‘a donde vayan los iremos a buscar’, y eso es lo que hacemos con los juicios. Es una parte de la pelea”, remarca Lucía.

Cada audiencia, cada testimonio, cada documento presentado es una forma de insistir. Porque si algo queda claro en la voz de quienes llegan hoy a declarar, es que la memoria no es un ejercicio del pasado. Las audiencias continúan los miércoles semana de por medio por lo que el 29 será la próxima. Entre los imputados se encuentran seis militares exintegrantes del Grupo de Artillería de Defensa Aérea 101 del Ejército Argentino: el capitán Danilo Antonio González Ramos; el teniente primero Carlos Alberto Orihuela y los tenientes Ricardo Grisolía, Gustavo Antonio Montell, Guillermo César Viola y Héctor Eduardo Godoy