Sobre derechos y gallinas

 Imagen:  Simon Howden  / FreeDigitalPhotos.net

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Los derechos reproductivos de las mujeres siguen siendo discutidos, no solo en nuestro país, sino también en el resto del mundo. Principios, valores, religión, hasta machismo, son varios los factores que influyen cuando gobernantes y representantes, propios y ajenos, locales y extranjeros, se manifiestan a favor o en contra de estos derechos. Después del fallo histórico de la Corte Suprema respecto al aborto en casos de violación, el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, afirmó que en su provincia seguirá siendo obligatoria la autorización judicial para realizar un aborto en estos casos, apartándose así de lo sugerido por la Corte.

Ya mirando hacia afuera, algunos legisladores estadounidenses (en su mayoría republicanos), han presentado diversas propuestas para restringir el derecho a la salud reproductiva. En varios estados se discute la posibilidad de toda mujer que quiera abortar (práctica legal en ese país) deba por ley prestarse a una ecografía (generalmente transvaginal) para escuchar los latidos del feto y poder presentar imágenes del mismo en la clínica adonde concurra a hacer el aborto. Esta propuesta ha sido comparada con una violación por numerosos sectores.

En Arizona, otro proyecto de ley obligaría a las mujeres a presentar una orden médica que afirme reciben pastillas contraceptivas para tratar un trastorno de salud y no como método anticonceptivo, para que dicho tratamiento sea cubierto por el seguro de su lugar de trabajo. Esta ley también autorizaría a los empleadores a despedir a la mujer que esté usando ese tratamiento con fines anticonceptivos. Es decir, le daría poder a un jefe para influir sobre algo tan íntimo como la maternidad (o no) de sus empleadas.

Finalmente, en el estado de Georgia se presentó una propuesta para que las mujeres cuyo feto muera in utero o sufra de alguna condición que haga imposible que el embarazo llegue a término deban esperar a que el parto se desencadene por sí mismo y no puedan solicitar asistencia médica para el término del embarazo o para expulsar al feto muerto después de la semana 20, sin importar las consecuencias físicas o sicológicas. En sus argumentos, el representante en cuestión llegó a comparar a las mujeres con animales de granja, "gallinas y vacas, que dan a luz pollitos y terneros, vivos y muertos".

Se podría decir que esto pasa allá afuera y que no es necesario preocuparse. Que esta sociedad está yendo, lentamente, hacia otro lado. Que estos abusos de poder en los que, por ley, la intimidad, la salud, el bienestar e incluso el sustento de la mujer están en peligro pasan en otro lado. Pero habiendo exportado tantas costumbres, no estaría mal levantar el nivel de alerta antes de que, también por ley, se obligue a las mujeres a cacarear.

Cecilia Morán

cmoran@colectivolapalta.com.ar