El arte de lo monstruoso

 Fotografía:   Susy Shock

Fotografía:  Susy Shock

Susy Shock no puede separar la vida del arte. No sabe precisar qué llegó primero, y lo más probable es que tampoco importe. Lo que sí sabe es que “no hay Susy sin arte” y a cuestas lo lleva, en la voz, los papeles escritos y la caja bagualera.

Susy es poeta y cantora trans. Nació en Buenos Aires de padre pampeano y madre tucumana, crianza que explique, quizás, los ecos folclóricos de su arte. De Tucumán tiene, además, muchos afectos y recuerdos amontonados: “Es el lugar donde nació mi vieja, mis abuelxs maternos, mis tíxs, a donde vengo desde que nací, a donde tengo amigues querides, a donde aprendí de folklore, a donde me divertí y a donde ahondé mi búsqueda como artista”, cuenta. “Es el lugar a donde sigue viviendo mi abuela, con sus árboles de frutas y su huerta, a donde está el río, y a donde ahora que mi vieja no está y habiendo sido la madre abrazadora que fue, también es un lugar de profundas y nuevas nostalgias”.

Un juego comprometido

¿Qué soy? ¿Importa? "Soy arte" digo mientras revoleo las caderas y me pierdo entre la gente y su humo cigarro y su brillo sin estrellas y su hambre de ser...

“Susy Shock” el nombre, dice, es “para jugar, y para que ese jugar deje de ser alguna vez motivo de preguntas, sino motivos de abrazos”. La necesidad de crear más que de definir y de abrazar más que de preguntar es parte del juego que juega hace más de 30 años. En ese camino lleva ya 2 libros editados, Poemario Trans Pirado y Relatos en Canecalón (2011); una película protagonizada, Andrea. Un melodrama rioplatense, de Edgar De Santo (2013); y un flamante primer disco, Buena vida y poca vergüenza (2014), que estará presentando en Tucumán el mes próximo.

A todo esto debe sumársele su militancia dentro del movimiento LGTBIQ. Como dijo alguna vez, el suyo es un “arte militante con agenda propia” que cree que desde esa alquimia que se hace sobre los escenarios empieza el encuentro con los demás. “Es ese otro camino a donde inquietar no tiene especulación por ningún cargo o no se piensa como objetivo especulativo de nada más que alguien te quiera, y que ese alguien se quiera, por eso pasan los años, las décadas y sigo en un escenario, porque ese alguien es muches otres mas, buscando otras respuestas a la falta de aire, siguen pasando las coyunturas y lo único que no nos abandona ni nos defrauda nunca es el arte”. Cuando el show se termina queda en la gente “la sorpresa de ver a alguien 'raro' así, je”, dice Susy, y agrega: “sigue y continua el arte, que en definitiva es de lo único que se trata.”

Hacer nacer al monstruo

La imagen de tres tetas con la frase “que otros sean lo normal” ya es casi una bandera. Resume de un solo vistazo uno de sus poemas más conocidos, una suerte de manifiesto que parece escrito para leerse de pie y en voz alta, acerca de la monstruosidad de ser uno mismo, artífice del propio camino:

Yo, monstruo de mi deseo,

carne de cada una de mis pinceladas,

lienzo azul de mi cuerpo,

pintora de mi andar.

No quiero más títulos que cargar.

No quiero más cargos ni casilleros a donde encajar

ni el nombre justo que me reserve ninguna ciencia.

 

(…) Reivindico: mi derecho a ser un monstruo

¡Que otros sean lo Normal!

El Vaticano normal.

El Credo en dios y la virgísima Normal.

Los pastores y los rebaños de lo Normal.

El Honorable Congreso de las leyes de lo Normal.

el viejo Larousse de lo Normal.

La normalidad es el lugar de siempre, allí donde se deciden las etiquetas y donde se condena a todo lo que no admita una. Para Susy la posibilidad de lo monstruoso parece ser una manera de escapar de todo eso: “Venimos de lo normal, transitamos lo normal, nos hace mal lo normal, nos ahoga lo normal, nos violenta lo normal, aprendemos en escuelas de lo normal, con libros de lo normal, nos diagnostican en los hospitales con la mirada normal y sus reglas, nos juzgan con leyes de lo normal, y aun así la gran mayoría abona sin pestañearse este régimen de lo normal”, dice. “Lo monstruoso será la puerta a lo propio? no sé, quizá, ojalá...”

Ante todo, los monstruos no nacen solos, se inventan, y el arte brinda esa posibilidad de crear, y crearse, en libertad. Sin embargo, asegura Susy, no debe ser privativo de los artistas: “Aunque unx nunca haga una canción o se suba a actuar, o escriba un libro, ser personas creativas es el desafío, siempre, lo otro es burocratización. Entonces creativamente propixs deberemos ser todes, no solo las personas trans, todes deberemos ser creadorxs de nuestras identidades.”

Con esa premisa, los tacos altos y largas pestañas de papel, anda cantando y creando Susy Shock.