El feminismo en Tucumán, una obra en construcción

 Fotografía de Ignacio Lopez Isasmendi | La Palta

Fotografía de Ignacio Lopez Isasmendi | La Palta

“Si tengo que considerar que durante este primer mes del año hubo cuatro femicidios veo que en realidad nuestras movilizaciones y nuestros reclamos no están siendo escuchados, que el Estado sigue sin hacerse cargo de la parte que le corresponde”, dice Adriana Guerrero respecto a la situación en Tucumán de cara al paro internacional de mujeres 2018. Adriana es integrante de la agrupación CLADEM (Comité de América Latina y el Caribe para los Derechos de las Mujeres) desde hace casi 25 años y junto a otras mujeres impulsó la formación del movimiento Ni Una Menos en Tucumán. Un movimiento que está cumpliendo su primer año, que se autogestiona y se sostiene con el aporte y compromiso de las mujeres y las organizaciones que lo integran. A lo largo del 2017, el ‘Ni Una Menos’ se mantuvo activo no sólo con reuniones periódicas sino también luchando en las calles, acompañando a las mujeres y a la comunidad LGTBIQ, sentando posición y proponiendo espacios de discusión y construcción en defensa de los derechos de las mujeres. “Somos un colectivo horizontal donde confluyen voluntades y ganas de trabajar por los derechos de las mujeres y es una experiencia que da cuenta que existen nuevas y diferentes formas de organizarnos. Ni una Menos trabaja desde la horizontalidad, no se plantea representar absolutamente a nadie, lo único que queremos es la diversidad en las voces en esta juntada hermosa con representaciones propias, porque no pretendemos representar a nadie”, sostiene Adriana.

“La convocatoria al paro llega en un momento álgido porque la violencia contra las mujeres, las lesbianas, las trans y las travestis no ha parado, de hecho en la provincia en los últimos meses se conocieron varios hechos de este tipo de violencia”, dice Mariana Paterlini y coincide en este punto con Adriana. Mariana también es integrante del colectivo Ni Una Menos Tucumán y, al igual que Adriana, lo describe como un lugar que se construye desde la diversidad y la horizontalidad. “A veces una no se acerca a espacios donde vienen trabajando personas con mucha experiencia porque piensa que no tiene nada para aportar”, comenta haciendo referencia a lo que alguna vez sintió. “Pero cuando una se acerca te das cuenta que tus aportes son importantes, son necesarios y todo suma”, dice y anima a todas las mujeres a sumarse. Una oportunidad de hacerlo es este jueves 8 de febrero, a las 19 horas, en la plaza San Martín donde se realizará la asamblea de cara al paro internacional de mujeres.

El paro internacional de mujeres está previsto para el 8 de marzo, Día de la Mujer Trabajadora y, tal como ocurrió el año pasado, se está preparando una marcha por las calles céntricas de la provincia. Pero más allá de la marcha, la propuesta es hacer un paro activo en los lugares de trabajo. “Que se pare la producción, que se sienta la falta y lo que significa que las mujeres no estemos produciendo”, señala Mariana Paterlini. “Que también se pueda mostrar la importancia de los trabajos de cuidado que tampoco son rentados, ni visibilizados y que tradicionalmente son vistos como parte de los deberes de las mujeres y como actos de amor”, agrega.

“Esta nueva convocatoria nos encuentra con una enorme incorporación de mujeres y de mujeres jóvenes a la lucha feminista”, celebra Adriana Guerrero y destaca que esas mujeres están llevando las consignas feministas a los espacios en los que se mueven. “Incluyendo a los partidos políticos, lo que no es poca cosa porque los partidos políticos tienen estructuras absolutamente patriarcales”. Mariana, por su parte, con sus poco más de 30 años y sus casi 10 años de militancia en ‘género’ mira con alegría la incorporación al feminismo de adolescentes de 15 o 16 que son conscientes de las desigualdades que genera el patriarcado y se comprometen con la lucha en defensa de la igualdad de derechos y oportunidades. “Me impacta mucho ver chicas de esa edad con estas convicciones porque siento que estos últimos 15 años han sido de cambios en este sentido. Cambios que claramente los estamos viendo nosotras porque no hemos empezado nada, sino que hemos continuado las luchas de otras mujeres anteriores a las sufragistas, incluso. Esta es una lucha muy revolucionaria y muy pacífica”.

La tele, la moda y el sistema

La semana pasada el feminismo ganó un espacio en la televisión nacional en uno de los horarios claves y asociado al público femenino: el horario de las novelas y de los programas de espectáculos. Este ‘fenómeno’ despertó en todo el movimiento feminista comentarios y reflexiones de la más diversa índole. Si bien no ocurrió en la televisión tucumana, estos programas tienen una importante llegada a las familias de esta provincia. “Lo que ha pasado en la última semana con el programa de televisión de (Jorge) Rial me parece muy positivo en términos de que es una audiencia muy grande a la que no llegamos desde los grupos feministas y se está llevando a mujeres muy expertas en estos temas para explicar de una manera muy amena de qué se trata el feminismo y por qué está bueno que se sumen más y más gente”, dice Mariana que además plantea la necesidad de interpelar a la televisión local y a las figuras tucumanas.

“Lo he vivido con mucha contradicción”, responde Adriana Guerrero y explica que si bien tiene claro que es importante ganar espacios en la televisión abierta, sobre todo en horarios centrales, es necesario estar atentas a que “el sistema no nos coma”. Por un lado, Adriana reconoce que los medios imponen agenda y que alcanzan al poder político. “Así temas como el derecho al aborto, que tiene un sustento sólido porque las mujeres feministas hace años que venimos construyendo sobre este derecho, es probable que tengan más repercusión y que nuestros legisladores tengan más sensibilidad al programa de Rial que a nuestros años de trabajo. Así que, por ese lado, bienvenido sea”.

Por otro lado, Adriana plantea una mirada más crítica: “Con mi cabeza muy desconfiada, todo esto lo veo con cierta preocupación porque todos sabemos lo que el sistema es capaz de hacer con los temas que para nosotros son importantes, de qué manera se pueden llegar a comercializar y a banalizar, y poner las discusiones muy alejadas de los lugares que son importantes para nosotras. Eso me da desconfianza y por eso no lo tomo a la ligera. Creo que tenemos que aprovechar este momento pero estar atentas. Yo no creo en las inocencias ni en las casualidades”, advierte al tiempo que insiste en el aspecto positivo de esta mediatización. “No nos tenemos que olvidar que nosotras estamos denunciando el sistema, estamos denunciando el capitalismo y el patriarcado que se dan las manos para quitarnos derechos conseguidos, estamos organizándonos para denunciar eso, y de pronto temo que el feminismo se termine convirtiendo en una moda funcional para vender, en vez de ser una revolución para cambiar el mundo”, señala.

Las miradas, las voces, las reflexiones son diversas. A partir de esa diversidad se construye y se fortalece este movimiento que avanza cada vez más. “Yo no lo veo con temor a esto de que el feminismo se vuelva una moda”, dice Mariana y explica: “Porque creo que el hecho que haya diferentes personas que vayan a apropiarse del feminismo como forma de ver el mundo va a repercutir en la mejora de la calidad de vida de las personas. Si bien es algo revolucionario y que para que sea pleno necesita un cambio de sistema, sí creo que puede haber algunos cambios que van a ir transformando la vida de las personas. Si pensamos en lo pasajero de las modas, creo que hay ideas que van a quedar y que van a ir transformando y que no hay una vuelta atrás”. El feminismo se enriquece en esa heterogeneidad porque, entre otras tantas cosas, sostiene que hay muchísimas maneras de ser mujeres.

“Que se vuelva más popular y más masivo, ojalá que se sienta en las calles”, dice Mariana. “Creo que va a ser posible reeditar la marcha del año pasado que éramos más de 15 mil mujeres en la calle”, sostiene Adriana. Las dos mujeres que dieron su tiempo y sus palabras para esta nota construyen el espacio Ni Una Menos Tucumán junto a otras decenas de mujeres. Todas decidieron unirse más allá de las diferencias porque creen en la lucha contra un sistema que oprime a las mujeres por el solo hecho de ser mujeres y tienen la convicción, además, de que no se trata de individualidades, ni de egos, ni de años de militancia sino de lucha conjunta y de construcción colectiva.