Una historia que se hizo música

“La madrugada ya está y Adolfo Aguirre se va a pelar. Su juventud en el surco es como el alma del azúcar.”

Muchacho pelador, zamba de 'Chichí' Costello popularizada por Mercedes Sosa.

Fotografía de Ricardo Yance
Fotografía de Ricardo Yance

Fue en 1973 cuando la pluma de Osvaldo 'Chichí' Costello escribió las primeras estrofas de la zamba que reviviría la vida de un gran amigo. Se trataba de la historia un muchacho trabajador, Adolfo Aguirre, que cada mañana se levantaba a trabajar en el campo. Su historia dio vida al personaje de “Muchacho Pelador”, la zamba que atrapó la voz de Mercedes Sosa.

Luego de 41 años, aquel muchacho ya es un hombre pero los recuerdos aún están frescos. Atrás quedaron los días en los que iba al colegio y su mano derecha sangraba por las heridas que le causaba la malhoja de la caña. Atrás quedaron las jornadas de trabajo pesado para mantener a su familia.

Adolfo Aguirre vive en Villa Obrera y es empleado municipal. Con su voz gruesa y calmada contó cómo su vida estuvo marcada por el trabajo, la dedicación, la música y el agradecimiento a su padre, quien supo guiarlo a salir adelante.

El personaje de la canción no nació de casualidad sino fruto de una amistad inigualable. Adolfo era amigo y compañero de Carlos Ávila en la Escuela Técnica de Tafí Viejo. Juntos compartían el salón y el regreso a casa. A Carlos siempre le llamó la atención que Adolfo tuviera un pañuelo en su mano derecha. Mano que muchas veces sangró y manchó las hojas. Un día decidió preguntarle y Adolfo le contó que, al salir de la escuela, su vida trascurría dentro del cañaveral de su padre, donde pelaba caña de azúcar.

Carlos escuchó atentamente la historia y se la contó a Osvaldo, quien dijo: “Le vamos a hacer una zamba para el amigo“. La expresión quedó como una anécdota, contó Adolfo, pero un 15 de febrero cuando él cumplía 25 años, una gran sorpresa golpeó su puerta. “Ellos llegaron a casa un 15 de febrero. Llegó el 'Chichí', el Carlos Ávila, el 'Chacho' Zelaya, otro gran poeta taficeño al que lo tenemos un poco olvidado. Estaba haciendo empanadas mi vieja; nos tomamos los cinco litros de vino del viejo y fue un momento muy hermoso. He llorado en varias oportunidades. Yo creo que rayé el disco ese día escuchando el tema”, recordó.

“Muchacho de la cosecha/que por las manos deshechas/se van secando tus brazos/como se seca el bagazo/que tu cuchillo no pele fuerte/porque en el filo anda la muerte", canta la voz de Mercedes Sosa. La historia de las manos lastimadas, esas que tocarían la guitarra en el primer Festival del Limón, fue producto del trabajo dentro del campo. “La derecha, que es la que pela, tiene que estar sin guante porque tiene que tener sensibilidad, porque cuando corta la caña tiene que saber dónde se corta. Entonces, la malhoja te lastima; la malhoja de la caña es como un gillete. Cuando en la época de invierno el solcito comenzaba a calentar -entrábamos a las dos de la tarde-, la herida se abría y empezaba a salir sangre”, explicó Adolfo.

Aguirre se transformó en pelador a los 12 años no por casualidad, sino por una desgracia familiar. La hermana de su padre murió y dejó a sus hijos bajo su responsabilidad. El abuelo del 'muchacho pelador' tenía algunas hectáreas en los alrededores de la ciudad y la utilizaron para sembrar. “Mi padre se crío en el campo y sabía mucho de la siembra. Hasta hoy recuerdo cada proceso de la plantación de caña. Primero se prepara el terreno con el arado para luego plantar la caña semilla, que es colocada a lo largo del surco. Una vez de eso, se vuelve a arar para tapar la caña semilla. Después se hace el deshierbe y el proceso continúa. Hemos aprendido, nos hemos hecho hombres, fue un honor trabajar a la par de mi padre”, recordó.

Las dificultades que afrontaba cada día no le impidieron a él ni a sus primos estudiar. Su madre, quien era analfabeta, siempre tuvo presente que sus hijos estudien. "Demasiado con un burro, para qué vamos a tener más", solía decir. “Cuando terminábamos la labor, entre las 6 y las 7 de la tarde, íbamos a la nocturna. Mis primos fueron abanderados”, relató Aguirre.

Gracias a sus estudios en la Escuela Técnica Profesor Rafael Marino ingresó a los Talleres Ferroviarios. Así, dejó atrás el trabajo que marcó sus manos y, con su sueldo, pudo aliviar un poco la situación de su casa.

A pesar de los duros momentos que le tocó vivir, algunos narrados en 'Muchacho Pelador', Adolfo Aguirre fue tajante en algo. Si tuviera que vivir la misma vida, lo haría. Con lo bueno y lo malo que le tocó en el camino. "Si bien el sufrimiento estuvo, yo diría que fue con alegría, porque sabíamos que estábamos haciendo algo muy bueno", finalizó.

Exequiel Reinoso

ereinoso@colectivolapalta.com.ar