"Esta lucha es de todos"

 Fotografía de Delfina Campero | Colectivo La Palta

Fotografía de Delfina Campero | Colectivo La Palta

Hablar de memoria es hablar de historia. Y hablar de historia es hablar del pasado, del presente y del porvenir. Afilar la mirada, rellenar huecos y dar respuesta a lo inimaginable. Crecer como sociedad en la batalla por los derechos y recordar lo vivido no como signo de terror sino como símbolo de lucha. Atravesar el dolor, mantenerse firme y entender quiénes son los verdaderos responsables. Romper con los mitos de la ignorancia y perseguir la verdad escondida por la incertidumbre. Apropiarse de las consignas y de los dolores.  Canalizarlos y hacerlos justicia. Una justicia que en lo material es casi imposible pero en lo social ya se puede observar a través de la reivindicación y la reparación simbólica.

A través de conmemoraciones como la del 24 de marzo se puede dar palabra, se puede dar lugar, se puede dar fecha y memoria a los que están desaparecidos desde hace 37 años. Hoy no es posible la palabra de más ni conclusiones hipotéticas. Si se quiere saber lo que pasó, pues ahí están los testigos, ahí están los tribunales y los jueces de la nación y los fiscales que investigaron a partir de los aportes de los organismos de derechos humanos.

Hablar por hablar solo es posible a partir de los beneficios de la democracia, es decir, por la libertad de expresión que caracteriza a esta forma de organización social que fue encarcelada por la dictadura. Pero así como se habla de más, se conoce el doble y se hacen innegable los 37 años de lucha.

La cicatriz colectiva 

En Tucumán el genocidio afectó a la población en su conjunto. Hoy, todos tienen para contar de algún desaparecido y en los barrios esas historias se hacen presentes. Así es como la sociedad hizo esa apropiación de la causa y de la lucha y empezó a romper con la estrategia de la ignorancia pregonada por los sectores más conservadores que fueron cómplices de la operación masacre. “Esta lucha ya no es nuestra solamente. Nos pasó a todos” afirma Natalia Ariñez, miembro de HIJOS y explica que el genocidio es el exterminio de una porción de la sociedad y no de un grupo que respondía a una ideología, como muchas veces se trata de hacer creer.

Es por ello la importancia de participar en los juicios donde se puede observar el cuadro ideológico de los desaparecidos, absolutamente diverso y amplio, y al mismo tiempo se puede reconocer el factor común: los genocidas que decidían quiénes eran los factibles de ser llevados y quiénes no. “Los responsables que pueden decir por qué son ellos. Ellos que todavía conservan un pacto de silencio”, expresa Natalia, y agrega “De cualquier manera, estos genocidas son seres humanos.  Una de las cosas que aprendimos es que no son monstruos, son personas. Y las personas son capaces de hacer estas cosas. Tratar de poner las cosas en términos de ‘seres humanos’ va a hacer factible que uno pueda modificar y cambiar esas cosas”.

A pesar de todo, más importante que participar es entender. La sociedad fue atravesada por la dictadura en varias capas, tanto en el estrato de fragmentación social, en lo político, en lo psicológico y hasta en el modo de relacionarse entre los ciudadanos. Pero también traspasó a las familias. “Una de las cosas que se desprenden cuando se escuchan los juicios es cómo los familiares no siempre establecieron esta dinámica de organización para entender lo sucedido. Si realmente hubieran sido todos esos familiares los que se organizaban la historia hubiese sido distinta”, afirma la integrante de HIJOS. Y justamente es el horror de la realidad el que permitió que fueran unos pocos los que pudieron atravesar el dolor desde otro lugar. Todo esto se puede entender con la participación en los juicios que vienen a cerrar una etapa, a construir la historia de los desaparecidos y a poner a los responsables en el lugar que les corresponde. “Los responsables son los 41 imputados que están siendo juzgados, no los desaparecidos” explica Natalia con la intención de romper con el discurso del “no te metas”, “no hagas nada” o “mirá para otro lado”.

Acariciar la utopía

En los últimos años, marzo se consagró como el mes de la memoria en un país golpeado por el terrorismo de Estado y acallado por el poder del miedo. Por ello, en la actualidad no deja de ser sorprendente  la cantidad de invitaciones a eventos y actividades que las organizaciones de derechos humanos reciben a partir del interés por el tema y la necesidad de aprender y construir conciencia social.

“Todo esto que estamos viviendo como organismos de derechos humanos en los últimos dos o tres años es producto de una lucha que quizás en el momento en que veníamos transitándola no nos dábamos cuenta de que esto era posible. Lo luchamos tanto y atravesamos tantas situaciones complicadas que luchar por el juicio y castigo era un horizonte de utopía”. Ariñez también cuenta lo asombroso que es vivir este momento en el que los juicios de lesa humanidad a genocidas y represores dejan de ser una expresión de deseo y se vuelven fichas para construir ese rompecabezas de historia, que la incertidumbre no dejó llenar a las familia afectadas y a la memoria de todos los argentinos.

En este sentido, la satisfacción de recuperar eslabones perdidos y darles a las víctimas voz y cuerpo a través de los testigos, permitieron que  aquellos  que lograron identificar los restos de sus familiares pudieran darle un cierre a su incertidumbre y generar para sus víctimas ceremonias impensadas como ser la ritualidad del velorio. “No estaba previsto en la psiquis enterrar a nuestros viejos, pero sí estaba en los planes que nos persigan, que sea difícil y la tristeza” resume Natalia a La Palta.

Estos hechos que suceden en el mes de la memoria y a partir de los juicios a los genocidas de la dictadura son un enorme triunfo para todos los valientes militantes que se jugaron la vida por una causa nacional, social y humana. Una causa de todos.

Javier Sadir

jsadir@colectivolapalta.com.ar