Del horror a la esperanza

 Fotografía de Bruno Cerimele | Agencia Infoto

Fotografía de Bruno Cerimele | Agencia Infoto

“Los restos óseos pertenecen a un masculino de entre 19 y 27 años de edad”, decía uno de los peritos del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). A continuación señalaba a quién pertenecían esos restos. Doce personas identificadas. Trece restos encontrados. La descripción objetiva, precisa, científica de las huellas de la torturas, de los rastros de los proyectiles que habían perforado esos huesos. Restos óseos que hoy tienen nombre y apellido. Personas cuyos rostros y cuyas historias muchos empezaron a conocer en estos juicios. Esa presentación científica realizada por los peritos se vio atravesada por esas historias. Las de sus vidas y las de sus familiares. Los hijos, los sobrinos, los padres, las madres, los hermanos. Los que nunca se cansaron de buscar.

Testimonios y reconocimiento

El jueves 12 de setiembre la audiencia se extendió por catorce horas. La más larga de estos diez meses. Los retrasos, las dilaciones, las interrupciones, no lograron suspenderla. Los peritos hablaron, y en sus palabras habló la evidencia.

Por la mañana prestaron declaración cuatro testigos. Tres de ellos ya habían declarado en audiencias anteriores. El primero fue el testigo protegido OT que fue citado nuevamente por pedido del imputado Marcelo Omar Godoy. Las preguntas de Godoy (que no fueron tales) buscaron desvincular su persona del apodo ‘el Indio’. El testigo afirmó que no tenía dudas que ese era el alias por el que el imputado se hacía llamar. Esto, además, ya había sido señalado por muchos testimonios de sobrevivientes que pasaron por el Centro Clandestino de Detención (CCD) que funcionaba en el Arsenal Miguel de Azcuénaga.

Emilio Mrad fue el segundo testigo de la jornada. Emilio fue quien, sentado en otra mesa del bar 'La Franco', observó la reunión a la que asistió Luis Eduardo Falú. Aquella reunión en la que dos personas le habían exigido una lista de diez nombres de militantes. Emilio, que ya había prestado declaración el viernes 9 de agosto, esta vez se presentó para participar del reconocimiento, mediante fotografías, de los dos hombres que estuvieron en el bar. Después de observar detenidamente las imágenes, Emilio dijo que no podía reconocer a nadie. “No estoy en condiciones de identificar a ninguna de las personas, fundamentalmente porque todos están con gorras militares y yo identifiqué a una persona con muy poco pelo”, sostuvo.

Quien también participó de este reconocimiento fue la testigo BM. Indicó dos fotografías. Aclaró que ella estaba segura que se trataba de la misma persona aunque en una estaba mucho más joven. “Esta es la persona y esta otra foto, creo, que es la misma persona”, afirmó. Efectivamente los retratos pertenecían al imputado Luis Orlando Varela, al que también llamaban 'Vargas' o 'Naso'. Cuando BM se retiró, el aplauso de los familiares de las víctimas fue la forma de agradecerle el esfuerzo. El abrazo con Liliana Falú, una de las hermanas de ‘Lucho’, fue estremecedor.

Irma Lucrecia Focchi habló de su hermano Gustavo Adolfo. Gustavo era estudiante de ingeniería y militaba en el Partido Revolucionario de Trabajadores (PRT). Convencida de que todo lo que diga de su hermano podía parecer una exageración, Irma eligió contar una situación que le tocó vivir junto a su hermana para describirlo: “Cuando mi papá estaba enfermo de cáncer, decidimos hacer una consulta con diferentes oncólogos”, comenzó. “Pedimos un turno con el doctor Llanos. Fuimos al consultorio, pagamos la consulta y nos llamó la atención que fuimos las primeras en ingresar”, siguió contando la testigo. “Apenas estuvimos ahí el doctor nos preguntó qué éramos de Gustavo Adolfo Focchi, y le dijimos que éramos hermanas. Inmediatamente él nos devolvió el monto de la consulta y nos dijo que no nos podía cobrar”. El médico les había contado que habían sido compañeros de la pensión. Que a veces el dinero que le enviaban sus padres alcanzaba para cubrir el gasto del alquiler y que a él y a su hermano mellizo no les quedaba para comer. Era Gustavo Focchi el que compartía con los hermanos Llanos lo que desde Salta les enviaba la familia. “Qué emoción fue saber que a pesar de su corta edad él había sido importante para alguien”, dijo Irma. “Mi hermana estaba muy conmovida porque muchas veces ella le decía por qué no cuidaba el dinero, porque a veces no llegaba a fin de mes con lo que le mandaban mis padres. Él nunca había contado que compartía su mensualidad con otras personas”, concluyó.

Irma Lucrecia Focchi dejó claro que no quisiera que este juicio finalice sin saber algo concreto de ese muchacho que dejó profundas huellas con su generosidad. Que marcó la vida de su familia, de sus amigos, de sus compañeros. “Gracias por escucharnos, señores jueces”, dijo al finalizar su declaración.

Prueba irrefutable

Los peritos que se presentaron el jueves 12 fueron los que llevaron adelante las investigaciones en el Arsenal Miguel de Azcuénaga. Primero expusieron Patricia Cuenya (geóloga), Diego Leitón (arqueólogo) y Ezequiel Del Bel. Todos ellos miembros del Grupo Interdisciplinario de Arqueología y Antropología de Tucumán (GIAAT). Por la tarde, pasadas las 15.30 h, fue el turno de Ruy Zurita y Alejandro Leiva del Colectivo de Arqueología y Antropología Memoria e Identidad de Tucumán (CAMIT). Los dos grupos hablaron de las construcciones que existieron en el extenso terreno del Arsenal Miguel de Azcuénaga. De los caminos que llevaban al galpón N° 9, donde fueran alojados los secuestrados. De los que comunicaban ese galpón con la 'casa vieja' (lugar donde estaban instalados los gendarmes).

Mostraron por medio de fotografías comparativas cómo fue modificado el espacio por acción de la naturaleza y por intervención de la voluntad humana. Ni el crecimiento de la vegetación, ni las destrucciones de algunas construcciones, ni todo el accionar con la intención de borrar los rastros del horror, pudieron evitar que las pruebas sean evaluadas y presentadas ante un tribunal.

Aproximadamente a las 21.30 h, los peritos del EAAF pudieron realizar su presentación. Juan Nobile y Patricia Bernardi hablaron de las excavaciones realizadas en las fosas que se encuentran en el Arsenal Miguel de Azcuénaga. Esas fosas donde los cuerpos de los detenidos desaparecidos fueron tirados, quemados, tapados. En una de esas fosas se logró encontrar restos óseos que no fueron consumidos por el fuego. Doce de esos trece restos pudieron ser identificados. Todos tenían orificios provocados por proyectiles de armas de fuego. Algunos huesos tenían fracturas que demostraban que se habían producido en un tiempo cercano a la muerte. Evidencias de que algunos de los que allí fueron enterrados, habían sido atados de pies y manos. Restos de neumáticos, prótesis dentales, monedas emitidas en 1976, restos de ropa. Ya no hay lugar a dudas. El infierno existió. El exterminio fue el objetivo.

José Máximo Tapia, Damián Márquez, Pedro Guillermo Corroto, Juan Ángel Giménez, Avelino Alarcón, Miguel Alarcón, Hugo Marcelo Alarcón, Ricardo Salinas, Enrique Urueña, Rosario Argañaraz, Eduardo Vizcarra, José Luis Maldonado. Sus cuerpos identificados hablaron. Miembros del EAAF fueron quienes mostraron las fotografías de esos cuerpos. En la sala permanecían los familiares de las víctimas. El llanto, la angustia, el dolor. Adriana Mitrovich, Horacio Ferreyra, Graciela Bustamante, fueron las tres personas identificadas entre los restos hallados en el cementerio de Tacanas. Sus nombres también están entre las víctimas en esta megacausa.

Sentimientos encontrados

“Este es el monstruo”, dijo una de las familiares cuando se paró frente al galpón N° 9. Allí habían estado, por última vez, sus seres queridos.

La inspección había empezado a las 9.30 h. El recorrido de lo que fuera el camino peatonal por donde se ingresaba a los detenidos, se hizo junto a uno de los testigos y los peritos del GIAAT y del CAMIT. Los cimientos de la 'casa vieja', adonde el tendido eléctrico llegaba por los árboles. Los postes de ese tendido eléctrico desde la ruta hasta el galpón. Y el monstruo. Con las marcas de los tabiques, con las diminutas ventanas en la parte superior, con el techo a dos aguas.

“Aquí lo tenían enterrado al doctor Augier”, dijeron los testigos. “Ahí lo enterraron a 'Lucho' Falú”, añadió uno de ellos. Indicaron donde estaban instaladas las carpas, señalaron el lugar adonde los llevaban para torturarlos, la casilla precaria de madera amachimbrada. Las fosas.

El escalofrío recorrió el cuerpo de todos los asistentes en más de una ocasión. En un momento los jueces, las partes y el público se quedaron en silencio junto al galpón. En la zona de las fosas se realizaron dos disparos. Era para comprobar si era posible que los detenidos escucharan las ejecuciones. No quedaron dudas. “Se escuchaban los disparos, hasta el tiro de gracia se escuchaba”, dijo una de las testigos.

“La salida del sol marcaba la gloria de vivir un día más”, reflexionó OP (testigo protegido que participó del reconocimiento). El otro testigo cuya identidad se preserva fue el que empezó el reconocimiento a las 9. Ramón Brizuela, Ernestina Yackel, Cristina Román de Fiad, Antonia Barrionuevo y Francisco Cabrera también se sumaron a las 10.30 para reconocer el galpón y sus alrededores.

Lilia Amelia Moyano, Comisario Mayor -Directora de Medicina Legal de la Policía de la Provincia de Tucumán-, explicó en su calidad de perito las pruebas realizadas en el galpón. Las mismas buscaban la presencia de sangre humana en las paredes y en los pisos. Algunas de las pruebas dieron positivas. También se encontraron huellas palmares en las paredes.

Iván Orlando Ronelli, inspector perteneciente al laboratorio químico de la Policía Federal, también hizo estudios de las manchas de sangre humana. A diferencia de Moyano, que trabajó con 'luminol', Ronelli explicó que la sustancia que utilizó para las pruebas fue una conocida como 'Bluestar'. Afirmó que el resultado fue positivo y que esas muestras se preservan para una posible prueba de ADN.

Mara Moreyra, miembro del Gabinete Científico Tucumán de la Policía Federal Argentina, habló de las pruebas de balística realizadas en el galpón N° 9. Afirmó que encontró “improntas en las paredes del galpón de pistolas semiautomáticas y automáticas de 9 mm y calibre 45”. Esta evidencia sugiere que algunos asesinatos o heridas de bala se pudieron haber producido en ese espacio.

Ahí, parados frente al monstruo, todos fueron testigos de lo que queda del infierno. El peor de los recuerdos, para algunos. Para otros un lugar que apenas habían podido imaginar. Este monstruo ya no se devora personas. Los demonios que reinaban viven su juicio. Esperan su sentencia. “Tengo una mezcla de angustia con felicidad”, había dicho una de las abogadas querellantes. Es que se luchó, se esperó luchando, durante 37 años este momento. El horror no le puede, no le debe ganar a la esperanza.

Un lugar donde llevar flores

 Fotografía de Bruno Cerimele | Agencia Infoto

Fotografía de Bruno Cerimele | Agencia Infoto

“Cuando ingresé al arsenal, antes de animarme a mirar, lo primero que encontré al bajar la vista fue esta imagen”, escribió en su muro de Facebook una familiar de uno de los desaparecidos y acompaña las palabras con una foto de tres florcitas. “Y pensé, es la sangre de mis hermanos que estalló en flores rojas”.

Fueron muchos los testigos que una y otra vez, pidieron saber dónde están. El rito funerario,  tan necesario para realizar el duelo, les fue negado. Después de 37 años los familiares de las víctimas encontraron un lugar adónde llevar sus flores. Es que es la primera vez que ellos llegaron hasta las fosas del Arsenal. La inspección ocular, junto a los testigos y a los peritos en el marco de un juicio oral y público, lo hizo posible. Y fue así como algunos llevaron las fotos, las flores, un mensaje escrito y los depositaron en ese lugar siniestro.

El recorrido por las fosas se hizo con la compañía de Juan Nobile. El licenciado miembro del EAAF les explicó a los jueces y a los abogados las diferentes huellas y excavaciones. Cuando terminó dio muestras de su entrega a este trabajo tan importante para nuestra historia. Recibió a los asistentes en grupos de 25 personas y habló con todos. Repitió su explicación, contestó las preguntas, se puso a disposición de quien lo necesitase. Acompañó, desde su lugar, a cada uno. Fue el último en retirarse de la zona de las fosas. El día anterior estuvo en el Tribunal Oral Federal desde las 9 de la mañana.

Los jueces, los abogados, el público, los peritos, la prensa. Todos se retiraron pasada las 14.30 h. Algo cambió después del viernes 13 de setiembre. No solo en cada persona que recorrió el terreno donde funcionó este centro de detención y de exterminio, sino en el lugar mismo. Las flores quedaron allí, donde ellos estuvieron. El sábado amaneció lloviendo. La llovizna quizás ayude a que esas flores permanezcan. Tal vez esa sea una de las formas de hacer que el espanto no gane.

Gabriela Cruz

gcruz@colectivolapalta.com.ar