Una jornada que visualizó la violencia policial

Fotografía de Exequiel Reinoso

Fotografía de Exequiel Reinoso

El aula magna de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Tucumán se convirtió, el martes pasado, en un espacio de reflexión y concientización sobre la reforma policial, y la participación de la comunidad para que esto sea una realidad. La Cátedra de Criminología de dicha unidad académica organizó una clase pública, en la que participaron destacados profesionales en el tema. María del Pilar Prieto (camarista penal), Augusto Moeykens (profesor de la cátedra), Lucía Cid Florido Pereyra (directora del Instituto de Investigaciones Sociológicas), Audoro Albo (camarista penal) y Guillermo Matias Puig (profesor de la cátedra) fueron algunos de ellos.

La planificación de la clase no fue casualidad sino que nació a partir de los hechos de violencia que se dieron a conocer semanas atrás. Se trata del video que se difundió en las redes sociales donde se vería a un policía de Tucumán torturar a un supuesto detenido. Por la situación, los profesionales vieron la necesidad de plantear ante sus alumnos y el público en general: ¿cuál es la policía que tiene la provincia?

Las miradas de los profesionales coincidieron en que Tucumán no puede seguir manteniendo una estructura policial creada durante la dictadura. Como destacó Prieto, una sobreviviente del proceso militar, hay que estar alertas a brotes autoritarios como los que se dieron a conocer. “Esto (hechos de violencia por parte de la policía) está pasando ahora en cualquier comisaría de Tucumán. Ahora, hace rato, más tarde, y más aún a la noche”, denunció.

Otro de los temas que se trató fue la Ley de Contravenciones Policiales 5.140, que data del año 1980 y que fue declarada inconstitucional en varias oportunidades. Aun así esta sigue vigente, legitimando el sostén de un sistema represivo para mantener controlado a un determinado sector de la sociedad. Así lo explicó Augusto Moeykens, quien agregó que en ese sector, “se encuentran las personas de escasos recursos y los colectivos travestis y trans, que son victimas de las privaciones ilegitima de la libertad y hasta tortura en la comisaría”.

La actual ley de contravenciones le da al órgano policial la facultad de cumplir el rol de juez y parte dentro del procedimiento. Como expresó Moeykens en su disertación, “casi en ningún procedimiento dentro de nuestro Estado, un órgano de poder tiene ambas facultades. Pero no es el caso de nuestra Policía. Una persona está detenida hasta 48 horas hasta que el jefe de policía decide si se aplica o no la contravención, y hasta entonces están incomunicados y sin asesoramiento letrado”. Además denunció que, en muchas ocasiones, una persona detenida reconoce su falta con la firma del acta contravencional, la cual es obligada a firmar, imponiendo una multa o días de arrestos.

Matias Puig, por su parte, hizo hincapié en que la sociedad sigue asumiendo que la policía es un problema del Estado, que es algo que no le compete. Y es aquí donde se produce la grieta a la hora exigir y pensar una reforma policial. Hasta que la sociedad no asuma esa responsabilidad y tome conciencia sobre su rol y lo que esto implica, difícilmente se pueda avanzar hacia una policía democrática. Por ello, el objetivo de la charla fue comenzar a generar conciencia entre la comunidad general y universitaria, principalmente entre los futuros abogados. “Uno fantasea que va llenar el auditorio pero sabemos que construir conciencia sobre esto es dificultoso en una sociedad como la nuestra. Que seamos 20 o 30 hace que la primera golondrina del verano esté comenzando a volar. Que de a poco comience a replicarse afuera y nos hagamos cargo de la situación”, sostuvo Puig.

A pesar que la convocatoria no fue la que esperaban, los profesionales se mostraron satisfechos y a disposición de quienes deseen profundizar sobre la problemática. Como explicó Moeykens, lo que sucede con la Policía de Tucumán es una preocupación y, con la creación de estos espacios, se pretende generar verdaderos activistas de derechos humanos. “Para que desde abajo podamos exigir los cambios que nos merecemos como sociedad. Porque la violencia no nos pertenece, la violencia no es humana, la violencia es fruto de la interacción de los intereses políticos y económicos de los grupos de poder. Y para erradicar esa violencia es fundamental convertirse en promotores del cambio social”.