Tres años sin Ismael

Fotografía de Marianella Triunfetti | La Palta

Fotografía de Marianella Triunfetti | La Palta

Ismael Lucena tenía 25 años cuando fue asesinado, el 10 de noviembre de 2011. Aquella madrugada, él y su amigo Marcelo fueron perseguidos por dos hombres armados. Lo que para ellos era un intento de robo, terminó siendo una persecución de parte de policías de civil. Tras una golpiza, Ismael falleció y se convirtió en una víctima más de la violencia institucional. "No ha sido el día que él tenía que partir. Yo siento que él está a la par mía. Será que no lo quiero dejar ir, también. Lo recuerdo como era: dulce, sencillo y tranquilo”, cuenta Isabel de la Cruz, cuñada de Ismael Lucena.

Tres años pasaron de aquel homicidio y hoy la causa se encuentra en la Sala II de la Cámara Penal de Tucumán. Además cuenta con un tribunal designado para presidir el debate oral y público del caso, compuesto por el juez Eduardo Romero Lascano y los vocales Alicia Freidenberg y Alfonso Zóttoli. La sala en la cual se desarrollaría el juicio está reservada para los días 7, 8, 9 y 10 de abril de 2015, pero el inicio puede sufrir demoras si no se completan los trámites previos necesarios para llegar al debate en condiciones. “Un trámite previo que está pendiente es que nos llamen al ofrecimiento de las pruebas, que se van a debatir en el juicio. Este es un trámite que esperamos que se realice en el 2014”, explica Julia Albarracín, abogada querellante de la causa, a fin de que, a principio de 2015, quienes están trabajando con la causa tengan el tiempo para hacer ese trabajo de incorporación.

De esta manera, el rol de la Justicia es determinante para que esta causa sea un caso ejemplar que sirva de apoyo a otras víctimas de violencia institucional y gatillo fácil en la provincia. “Nosotros con el otro abogado, que es Pablo Gargiullo, sí pensamos que la justicia es lenta. Son tres años ya, y el juicio oral va a ser más de tres años después, y no podemos dejar de remarcar esa situación. Aun así el procesamiento de los cinco imputados por parte de la fiscalía fue apoyado por la querella”, dice Albarracín, teniendo en cuenta que los dos imputados por el asesinato están detenidos, pero los otros tres acusados por encubrimiento están en libertad y cumpliendo funciones en la misma comisaría donde estuvo Ismael sin atención médica.

Hacer del dolor una bandera de lucha

No ha sido el día que él tenía que partir. Yo siento que él está a la par mía.
— Isabel, cuñada de Ismael

El lunes 10 de noviembre de 2014 la mesa de apoyo a la causa, junto a familiares y amigos de Ismael, se concentraron en la Cámara Penal de Tucumán para recordar el caso. Además se repartieron flores, en conmemoración al trabajo de Ismael en el vivero familiar, y se invitó a participar de la movilización con gorra, en representación de todas las víctimas de gatillo fácil. “Yo no podría sola. En este camino de lucha conoces gente que está dispuesta a ayudar. Yo muchas veces no podía subir la primera escalera de Tribunales, ahora ya no me siento sola”, dice Isabel en referencia a organismos, medios y agrupaciones populares que la acompañan en el pedido de justicia.

La mesa de apoyo a la causa se reúne cada 15 días para planificar acciones que visibilicen el tema y sea puesto en debate en diferentes sectores. Allí se ponen de acuerdo para dar a conocer los casos de gatillo fácil en la provincia, tomando como bandera la causa de Ismael, organizaciones como ANDHES (Abogado y Abogadas del Noroeste Argentino en Derechos Humanos y Estudios Sociales), HIJOS (Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio), APDH (Asamblea Permanente por los Derechos Humanos), entre otras. “Hay muchos casos en la provincia de Tucumán. La impunidad con la que se maneja la policía hace que sea muy difícil ir contra ellos, y por eso muchos casos quedan impunes”, explica Isabel.

La familia Lucena soportó las amenazas, los avasallamientos de la institución y el encubrimiento de la causa por parte de la misma policía. Esos golpes que recayeron sobre la víctima, continúan después de la muerte, pero Isabel, quien lleva la bandera de la causa, lucha por que su dolor responda a un para qué. “Todos somos responsables de esto. La sociedad es responsable de esto, porque ven a alguien con gorra y ya lo tratan de delincuente. Si yo pudiera hacer algo por otras personas y ayudarlas a encaminar las cosas contra la policía, me sentiría más a gusto”, dice Isabel de la Cruz y sostiene: “Yo espero que el día del juicio se acerque gente que es torturada y perseguida por la policía, para que se animen a denunciar”.

Este es el camino que Isabel inició sola y que hoy atraviesa junto a personas comprometidas con la búsqueda de justicia. Esta es la causa que deja ver la brutalidad policial, en paralelo con una sociedad que rectifica leyes que amparan el abuso de poder, como la Ley de Contravenciones policiales, y que estigmatiza al otro sin replantearse donde está el peligro real.