La historia que se contará en primera persona

 Fotografía de Bruno Cerimele | Agencia Infoto

Fotografía de Bruno Cerimele | Agencia Infoto

El miércoles empezó en la provincia otro debate oral y público por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar. El décimo juicio: la megacausa Villa Urquiza. Las características que singularizan este nuevo proceso se enumeran en boca de abogados y de la prensa pero sobre todo en boca de los protagonistas. “Una oportunidad histórica”, dice y repite Lilián Reynaga, miembro de la Asociación de Ex Presos Políticos de Tucumán. Pero una oportunidad histórica ¿para qué?

Cada juicio de esta naturaleza es un hecho histórico porque allí se construye la memoria. Esa memoria que quiso ser arrancada de tajo. Esa verdad que se devela en cada palabra, en cada documento encontrado, en cada resto humano identificado que habla desde el silencio de los que ya no están. Es un hecho histórico porque el Estado da cuentas de los actos cometidos en nombre de este mismo Estado administrado por otros. Y porque, de alguna manera, algo de toda esa justicia buscada y negada por casi 40 años llega. A destiempo, imperfecta, pero llega.

Lilián habla desde un lugar que se ha podido vislumbrar en estos nueve juicios pasados: el de la testigo que sobrevivió. Testigos víctimas, se les dice. Y esa conceptualización los corre del lugar de víctimas pasivas que han recibido en su cuerpo la violencia, el dolor y el escarnio. Valoriza la capacidad de observar que el testigo tiene y tuvo. Y, sobre todo, le da el protagonismo de dar testimonio. Es decir, de dar cuenta de lo que sucedió, de que su palabra tenga el valor que tiene, el de verdad. Esa es la oportunidad histórica, la de contar en primera persona no solo por sí mismos, sino por los otros, por los que no están, por los que no llegaron, por los que no volvieron.

Si bien, como se dijo antes, esta característica ya había aparecido en los debates anteriores, en esta es claramente distintiva. La mayoría de los testigos son sobrevivientes. Son testigos víctimas. Y el momento de empezar a contar lo que vivieron y lo que saben es inminente.

Villa Urquiza y el ‘pabellón de la muerte’

Desde antes del golpe de Estado de 1976, desde el momento en que se implementó el ‘Operativo Independencia’, se dispuso en el penal de Villa Urquiza un sector ‘especial’. El ‘pabellón E’ fue acondicionado para recibir a quienes habían sido catalogados como ‘presos políticos’ o ‘presos subversivos’.

Se soldaron las ventanas, se impidió cualquier ingreso de luz–ni natural ni artificial–, se endurecieron las condiciones para los recluidos en este sector. Las torturas y los tormentos aplicados allí llegaron a los extremos del horror y de la muerte. Esta cárcel tucumana es un reclusorio de hombres, entonces también lo era. Sin embargo, entre 1975 y 1983 se había dispuesto un espacio para las mujeres con condiciones similares a la del pabellón de varones.

“Villa Urquiza ocupaba un lugar en el circuito represivo”, cuenta el fiscal ad hoc Pablo Camuña. Ese lugar que ocupaba era el de ‘nexo’ entre la ilegalidad absoluta, la clandestinidad y la desaparición y una especie de legalidad a la que se referían como 'blanqueamiento'. “Era, justamente, la reaparición de personas que hasta ese momento se mantenían secuestradas en la clandestinidad total”, explica Camuña.

Sin embargo en el penal de Villa de Urquiza también se produjo el asesinato y la desaparición de personas. Dos muertes son las que están incluidas en esta megacausa y, según informa la fiscalía, se demostrará que son homicidios porque esas muertes fueron producto de los tormentos aplicados en el penal. A esas dos muertes se suman la desaparición de por lo menos cuatro personas.

Según un censo realizado por la Asociación de Ex Presos Políticos de Tucumán, son 123 los sobrevivientes del ‘centro clandestino de detención’ que funcionara en el penal de Villa Urquiza. Desde esta organización se dice que Villa Urquiza es un centro clandestino más porque allí se cometieron los mismos delitos, de la misma manera y con la misma clandestinidad que otros lugares que operaban como tales.

Inicio de la megacausa Villa Urquiza

Con 11 imputados, 43 víctimas y más de 130 testimonios, la megacausa Villa Urquiza empezó el miércoles 17. La primera audiencia dio inicio con la ausencia de dos de los imputados. Ángel Armando Audes y José Víctor Geréz sufrieron una descompensación cuando personal de gendarmería intentó detenerlos por orden del tribunal.

Lo que ocurrió fue que el tribunal decidió hacer valer su facultad de ordenar la detención de los imputados mientras duren las audiencias de debate. Solo cuatro de los once imputados se encontraban cumpliendo prisión preventiva en el penal de Villa Urquiza de esta ciudad: Jorge Omar Lazarte, Roberto Heriberto Albornoz, Daniel Arturo Álvarez y Héctor Manuel Valenzuela. De los siete restantes Ángel Armando Audes, Augusto Wertel Montenegro, Juan Carlos Medrano y Francisco Alfredo Ledesma estaban con arresto domiciliario. Santo Gonzáles, José Víctor Geréz y Pedro Fidel García esperaban el juicio en libertad.

Los problemas de salud de los imputados dispararon por parte de la defensa los pedidos de excarcelación, de suspensión de audiencias e incluso de separación de la causa de algunos de ellos. Las objeciones se plantearon a pesar del informe médico presentado por el perito forense Roberto Torres. En ese informe se determina que todos los imputados se encuentran en condiciones físicas y psíquicas para afrontar el proceso, incluso privados de su libertad en el penal.

Finalmente el tribunal integrado por Carlos Jiménez Montilla (presidente), Gabriel Casas y Juan Carlos Reynaga determinó la suspensión de la audiencia hasta el próximo martes 23 a las 16 horas. Hasta entonces una junta médica será la encargada de definir las condiciones de Audes y de Geréz. El resto de los imputados continuarán cumpliendo la prisión preventiva en el penal tucumano.

Sobreviviente desaparecido hace 8 años

 Fotografía de Bruno Cerimele | Agencia Infoto

Fotografía de Bruno Cerimele | Agencia Infoto

Hoy, 18 de setiembre, se cumplen 8 años de la desaparición en plena democracia de un sobreviviente que también fuera testigo víctima. Julio López fue un testigo clave para la condena a prisión perpetua de Miguel Etchecolatz, el primer acusado y condenado por genocidio. Después de esa condena Julio López fue desaparecido y no se han encontrado rastros de él hasta el momento. Las declaraciones de Julio López involucraban a decenas de militares y policías.

Este acto claramente buscó amedrentar a los sobrevivientes. Pero la fuerza de miles de madres, de padres, de abuelas y abuelos, de hijos y de otros sobrevivientes dejó claro que el “Nunca más” no era solo una consigna abstracta. ¿Dónde está? se grita con la misma fuerza con la que se buscó y se sigue buscando por más de 30 años los 30.000 desaparecidos. “Porque Julio López nos falta a todos”, se recuerda en pintadas, en muros de las redes sociales y en intervenciones callejeras como la realizada por la agrupación H.I.J.O.S.–Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio–el martes en la esquina de calles Chacabuco y Crisóstomo Álvarez.

El martes al mediodía Julio López estuvo presente frente al Tribunal Oral Federal. Ninguno de los que pasaron por allí pudo ignorarlo. Y son esas ausencias que se hacen presencia por el accionar de otros, por el compromiso de tantos, porque dar testimonio es también esto. Desde un lugar diferente pero desde el ser protagonistas. Protagonistas colectivos, en este caso, actores sociales, siempre.