Historias de identidad: “Soy una buscadora y una militante de la búsqueda”

Foto cortesía de Micaela añasco

“Mi familia de crianza me acogió con muchísimo amor y me brindó un montón de herramientas, pero eso no quita que haya sido un proceso ilegal”, dice Mikaela Añasco Domínguez. Ella se define como buscadora. Habla de la identidad  como algo que se construye, pero también habla de su identidad apropiada, de su búsqueda y de esos otros encuentros que fue teniendo en el camino. Una búsqueda de cuatro años y un proceso mucho más largo y profundo que no tiene un punto claro de inicio. Es que la búsqueda de los orígenes es un camino sinuoso, marcado por emociones intensas y la necesidad de respuestas. 

Mika supo desde muy pequeña que no era hija biológica de sus padres de crianza. “Desde siempre -dice como quien abandona el intento de precisar el momento en que se enteró- en la escuela yo hablaba de que era hija del corazón". Su madre falleció cuando tenía tres años, “mi papá de crianza me abandonó a mis cuatro años y me crió mi abuela materna”, narra. Fue ella la que le brindó las herramientas principales y la acompañó a cada paso. No habla de padres adoptivos. Explica que la adopción es un proceso legal del que quedan registros. El suyo es un caso de apropiación, un proceso ilegal, clandestino, que tiene una trama de complicidades que dificultan el acceso al derecho a la identidad.

Un recorrido consciente

La historia de su llegada al mundo es inquietante. Una partera la entregó a su familia y, aunque en su caso no hubo transacción económica, sabe que ese factor aparece en muchas otras historias. "Es muy común que en estos casos los haya, porque eran personas en situación de vulnerabilidad".

La claridad que Mikaela tiene para hablar de su búsqueda, de su derecho y la precisión en la elección de sus palabras dan cuenta de un recorrido consciente. Se toma un tiempo para poner en valor su paso por la Universidad pública. Técnica en Ciencias de la Comunicación, se graduó en la Universidad Nacional de Tucumán en donde trabajó como ayudante estudiantil, primero, y como comunicadora, después. En la facultad dio sus primeros pasos en la militancia e integró el proyecto de Extensión Universitaria El Diario del Juicio. Desde ese lugar acompañó juicios por delitos de lesa humanidad, donde las apropiaciones de niñas y niños aparecían en cada audiencia. Trabajó y estudió sobre derechos de las infancias y el mundo ya no se volvió a ver de la misma manera.

Foto cortesía de Micaela añasco

El camino hacia la búsqueda de su identidad no fue fácil. “Comencé a preguntarle a mi abuela que estaba con un cáncer terminal”, y cuando recuerda ese momento comenta que sentía que el silencio podía llevarse su historia. Le dijeron que nació el 18 de enero de 1992. Que una partera se comunicó diciendo que tenía una nena para entregar. Que su mamá de crianza deseaba con todo su ser tener una hija y que por una enfermedad no había podido. Afrontó los cuestionamientos y empezó a hacer las preguntas incómodas. “Las personas de mi edad muchas veces no se animan a buscar porque los padres están vivos. Hay mucho prejuicio porque esta cuestión del amor con que te crían hace que la búsqueda sea vista como una traición”, reflexiona.

A pesar de que las preguntas con conciencia sobre sus orígenes empezaron en 2016, la búsqueda arrancó en 2020. Hasta hoy, que el camino recorrido la puso en otro lugar.  La celebración de sus cumpleaños son un reflejo de esto: “Pasé de tener cumpleaños muy tristes por no tener a mis padres de crianza, a tener cumpleaños muy complicados por no conocer mis orígenes biológicos y hoy son momentos para reflexionar sobre mi identidad, qué cosas tengo, qué cosas me constituyen, quién soy hoy. Mi cumpleaños es importante celebrarlo, incluso con esa incógnita, con mi primera página en blanco”.

Buscar desde el entorno, lo público y lo estatal

Cuando la búsqueda llegó a un punto ciego, decidió hacerla pública a través de sus redes sociales. Obtuvo la repercusión que necesitaba a través de los medios de comunicación, pero no se detuvo ahí. “Es importante hacer la búsqueda a través del Estado”, sostiene Mikaela, que conoce de restitución de derechos, de lucha y de la urgencia de políticas públicas. En plena pandemia, el canal institucional que estaba disponible era la Defensoría del Pueblo.

“Es necesario que los buscadores se acerquen para que se pueda hacer una problematización de esto y, que quede registrado en las estadísticas para que se piense en políticas públicas”, asegura. Entre los canales por donde se puede empezar están la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi), que es el Organismo dependiente de la Secretaría de Derechos Humanos, la Red de Trabajo sobre Identidad Biológica (RETIB), la Dirección de Registro de Personas Desaparecidas, y el Programa sobre el Derecho a la Identidad de la Defensoría del Pueblo de la Nación.

La búsqueda, entonces, se transforma en un acto político. “El Estado fue quien brindó un contexto para que se haga un tráfico clandestino de niños”, afirma con determinación. 

Lo que se encuentra en el camino

En su andar, se encontró con otras historias. Personas que se contactaron con ella porque no sabían por dónde empezar su búsqueda, historias de mujeres a las que su familia había obligado a entregar sus hijos. “Cuando hice la búsqueda pública, muchas personas se contactaron y eso significa que en las casas se habló de esto y eso es lo que más atesoro; haber sido un fueguito para que otra persona se anime a hablar”.

La idea del fueguito que enciende a otros se comparte en la experiencia de otros buscadores con los que se fue encontrando en esta travesía. Su lucha no se reduce a una búsqueda personal y eso queda muy claro en su encuentro con otras y otros buscadores. 

Foto cortesía de Micaela añasco

La comunidad de buscadores se convierte en un refugio, un espacio donde se comparten vivencias y se tejen lazos. “No es lo mismo cuando empecé mi búsqueda sola que ahora es acompañada”, reconoce, subrayando la fuerza que otorga el acompañamiento.

La identidad biológica y el derecho a la salud

 “Conocer nuestra identidad no es solo saber por una duda familiar, es un derecho fundamental que abarca el contexto socioeconómico y biológico del nacimiento. Acceder a nuestro derecho a la identidad es también acceder a nuestro derecho a la salud mental y emocional”, dice Mika.

Una consulta con un profesional de la salud empieza con un breve interrogatorio: alergias, antecedentes familiares, predisposición a enfermedades como la diabetes. Respuestas que Mika no puede dar. “Conocer nuestra historia es acceder a nuestro derecho a la salud”, enfatiza, recordando que la falta de información sobre su origen ha repercutido en su bienestar físico y mental.

Su historia es un recordatorio de que la búsqueda de la identidad es también una lucha por los derechos humanos. “Es muy injusto depender de que el otro me quiera dar acceso a la información de mi propia historia”, sostiene y recuerda experiencias donde la familia sabe los orígenes biológicos de las personas, pero se niega a hablar. 

En cada palabra se siente el eco de una lucha colectiva, un llamado a no solo buscar la identidad personal, sino a reivindicar derechos que son de todos. En este proceso, el amor y la búsqueda de la verdad se entrelazan, formando un tejido de esperanza y resistencia. La identidad, reflexiona, no es un mero concepto legal. Es un conjunto de vivencias, recuerdos y emociones que constituyen a cada individuo.

La conexión con otros buscadores ha transformado su experiencia. Ya no está sola; hay un grupo que comprende sus inquietudes y luchas. En encuentros recientes, han articulado sus demandas, creando un documento que resuena con la historia compartida de muchos. “No buscamos solo a papás o mamás; buscamos un contexto, una historia que nos complete”, dice con determinación. 

En un mundo donde la apropiación de la identidad es una realidad para muchos, Mika se erige como voz de una generación que reclama su derecho a saber. “Buscar mis orígenes no es una traición a mi familia de crianza, es un derecho”. Hoy, su historia es también militancia.