Juicio por Ismael: la voz de los acusados

 Fotografía de Ignacio López Isasmendi - Colectivo La Palta

Fotografía de Ignacio López Isasmendi - Colectivo La Palta

Mientras afuera flameaban las banderas con el nombre de Ismael Lucena, adentro una sala llena acompañaba la causa. Cinco policías imputados, un tribunal, la querella, la defensa y los fiscales, todo estaba en su lugar para hacer justicia por “el negrito”, como le decían a Sergio Ismael Lucena. A cinco años de su muerte, la sala II del Palacio de Tribunales daba inicio al juicio.

El primer día de la audiencia fue protagonizado por los imputados. Cada uno hizo uso de su derecho a declarar después de la lectura de las acusaciones y fundamentos. Cada uno dio su versión de los hechos y justificó su accionar. Casi sin interrupciones, la audiencia fue mostrando a los personajes de la historia de violencia en la que “Lucena y López fueron las víctimas”, como declaró el imputado Luis Zelarayán.

Tras los pasos de 'el rengo'

El banquillo recibió primero a Mondino Becero y a Antonio Monserrat, los policías acusados por homicidio agravado a Ismael Lucena y por causar lesiones en Marcelo López. Esos mismos policías que tenían el deber de proteger a los ciudadanos, velar por el bienestar público y defender los derechos, ahora se enfrentan a un tribunal por uso y abuso de su poder estatal. Así, el interrogador era interrogado y sus nervios se transmitían a pesar de su oscuro traje. Era evidente que Mondino Becero estaba acostumbrado a ser quien hacía las preguntas.  Y dejó en claro su autoridad cuando explicó que si a una persona le dicen "alto, policía" y se larga a correr es porque tiene algo para ocultar.

Tanto Becero como Monserrat coincidieron en sus declaraciones con detalles como el mensaje de texto que recibieron de una vecina. Este habría sido el motivo por el cual los policías, que se encontraban de franco, llegaron hasta la casa de Miriam, amiga de Monserrat. Además coincidieron en que los policías se encontraban fuera de su horario laboral y que solo hubo un disparo: el efectuado por Monserrat con su ithaca hacia un montículo. Sin embargo también aparecieron posturas antagónicas entre los relatos de los imputados.

Por un lado, Monserrat contó que Miriam le avisó que en el patio de su casa había personas drogándose y que necesitaba su ayuda. Monserrat pensó que entre esas personas se encontraría 'el rengo', un conocido ladrón que le había robado materiales de construcción a su amigo Mondino Becero. Entonces, Monserrat tuvo la idea de informarle a Becero acerca de la denuncia, con la intención de que encuentre a 'el rengo'. “Saqué la escopeta y me fui a la casa de Miriam. Cuando llegué, Becero me pidió que hagamos un recorrido por la zona. Nos acompañó el yerno de Miriam y su hijo”, declaró Monserrat y explicó que luego de ingresar a un monte salieron por una calle en la que se encontraron con dos jóvenes. “Esos chicos andaban preguntando por vos”, dijo el yerno de Miriam a Monserrat, según declaraciones. “Boludo, es 'el rengo'”, gritó Becero y se largó a correr detrás de los chicos. “Le dije a los amigos de Miriam que alcancemos a Mondino Becero, porque yo lo conocía y sabía lo que era capaz de hacer”, declaró Monserrat. Y esas palabras no pasaron desapercibidas. Fueron las palabras que necesitaban para empezar a hablar de violencia en la audiencia.

Le dije a los amigos de Miriam que alcancemos a Mondino Becero, porque yo lo conocía y sabía lo que era capaz de hacer.
— Antonio Monserrat

“¿Qué quiere decir con que usted sabía de lo que Mondino era capaz de hacer?”, preguntó la Fiscal. “Bueno, Mondino Becero ya tenía causas por lesiones. Entonces en la comisaría ya se sabía que si los atrapaba les iba a pegar”, respondió Monserrat y agregó que él le tenía miedo a Becero porque era una persona prepotente. Y fue eso lo que, según Antonio Monserrat, hizo que siguiera a Becero hasta la casa de 'los Álvarez', donde se escondieron Ismael y Marcelo. ´

De acuerdo al relato de Monserrat, después de escuchar un grito de “¡Basta! ¡No le peguen más!”, se encontró con una mujer llorando, con Ismael Lucena ensangrentado en el suelo, con Mondino, con Marcelo López y con el señor Álvarez, dueño de casa. Nada dijo Monserrat respecto al modo en que Ismael fue agredido. Ese momento que llevó a Ismael a fallecer por golpes en su cabeza. “Yo peché a Lucena en el pecho para reducirlo y chocó su espalda contra la pared. No creo que haya pegado la cabeza. Yo lo ví ensangrentado cuando estaba en el piso”, declaró Mondino Becero respecto a ese momento.

El acta sin firma

Rubén Tejerina y Luis Zelarayán llegaron en una ecosport blanca a la casa de los Álvarez por el llamado de Becero. “Cuando llegué al lugar reconocí a Modino Becero y a Monserrat. Les pregunté que había sucedido y Mondino me respondió 'jefe, ya estoy harto que anden robando por aquí'”, declaró Tejerina y agregó que lo único que les encontraron a los chicos fue una billetera con diez pesos y tarjetas. “Levanté a Lucena y me dijo 'no lo toquen a mi amigo que tiene platino en la cabeza', y yo le respondí que se quede tranquilo, que nadie lo iba a tocar'. Sacaron a Lucena con la cabeza tapada y a Marcelo esposado. Como Ismael sangraba, Tejerina contó que Zelarayán no quería manchar su ecosport y, como la comisaría estaba a pocas cuadras, Tejerina llevó a Lucena caminando hasta la delegación. “En el camino conversamos. Me contó que venía de la casa de una amiga y que se les pasó el colectivo, por eso andaban caminando por la calle”, declaró Tejerina. 

En la comisaría Ismael se lavó su herida y le pidió un cigarrillo a Zelarayán. “Nos confundieron, nosotros no tenemos nada que ver. Solo queremos irnos a la casa”, les dijeron los chicos a los policías. “Entonces le pedí al operador de turno que se comunique con Mondino porque teníamos un chico herido y él se había borrado”, declaró Zelarayán, dejando en claro que Mondino no fue a la comisaría porque según sus versiones había más gente en el descampado y tenía que encontrarlos. Sin embargo cuando el Tribunal preguntó a Mondino por qué no se dirigió a la comisaría, él respondió: “Yo no fui a la comisaria a elaborar el acta porque no sabía. Desconocía el procedimiento”.

El acta se elaboró de todas formas. Según las declaraciones de los tres policías implicados por falsificación de documentación, el oficial José Francisco González les preguntó a Ismael y a López si querían hacer una denuncia ante los hechos ocurridos. “El fallecido tenía un coágulo en la cabeza. Se querían ir a la casa. No había razones para privarlos de la libertad”, declaró González y agregó que los chicos se negaron a hacer la denuncia. “Entonces les dije que haríamos un acta para que quede constancia de que ellos se hacían cargo. Se las leí en voz alta y la firmaron”, contó González ante el Tribunal. A pedido de la fiscal, González reconoció el acta que él labró. El acta llevaba la firma de Lucena y de López, pero carecía de la firma de González. Cuando la Presidente del Tribunal le pregunta a González por qué no firmó el acta, el imputado respondió que “se le pasó”.

La hora de los testigos

Esta tarde llega el turno de los testigos. De a poco la historia se irá completando y la palabra de los imputados será el hilo de Ariadna para la sentencia final. Los jueces y las partes se mostraron confundidos ante ciertas declaraciones y no faltaron las objeciones y dilaciones por parte de las defensas. 

Las audiencias se desarrollan por las tardes a partir de las 14 h en el Palacio de Tribunales. El juicio es oral y público, solo se necesita el DNI para ingresar. El Tribunal esta integrado por Alicia Freidenberg, Dante Ibáñez y Néstor Rafael Macoritto. La sala cuenta con poca capacidad, por lo que el ingreso queda restringido una vez que se llena la sala.