El día especial de Marcos Ramos

Foto: Audiencia declaración de Marcos Ramos - Celeste antonio | La Palta

Miraba todo con los ojos inquietos. Parecía un niño que no quería perderse de nada de lo que estaba ocurriendo a su alrededor. “Lo que me pregunte, estoy dispuesto a contestar”, le dijo a la jueza después de prestar juramento como testigo víctima. 

El miércoles 17 le tocó declarar a  Marcos Eduardo Ramos, el nieto restituido 128. Su testimonio no estaba hecho solo de palabras, también hablaban su presencia en esa sala, la historia que lo atravesaba y la vida que consiguió recuperar.

“Buen día, Marcos”, empezó el diálogo la auxiliar fiscal Valentina García Salemi. Y en un tono amigable, como quien busca generar comodidad en una fría sala de audiencias siguió: “¿Cómo fue tu vida antes, cómo fue tu vida como Marcelo Ariel Sánchez?”. Marcos respondía con un ritmo oscilante. Por momentos parecía tropezar con las palabras. Por momentos se ponía más parsimonioso. “Bueno, la vida que llevaba no era muy buena que digamos cuando vivía con la familia Sánchez, aunque eran mi padre y mi madre…”, comenzó a relatar. A veces, parecía frenar de golpe para aclarar que eran sus padres adoptivos aunque, entonces, eso él no lo sabía. Porque, la verdad de quién es realmente y quiénes habían sido sus padres biológicos la supo mucho tiempo después, en 2018, cuando un estudio genético confirmó que era hijo de Rosario del Carmen Ramos, militante del PRT-ERP, desaparecida durante la última dictadura cívico-militar..

“Ahí, en Villa Urquiza, viví un infierno”, resumió en algún momento de su declaración. Antes,  había reconstruido una serie de episodios de su infancia en los que el castigo físico era moneda corriente. Marcos tenía apenas unos pocos meses cuando lo separaron de su familia. La última vez que su hermano lo vio, fue mientras viajaba en el asiento trasero de un Ford Falcon verde cargándolo en brazos. Cuando llegaron a Tafí Viejo, los niños fueron separados y Marcos fue entregado a Víctor Lucio Sánchez, personal civil de inteligencia al que se lo conocía como ‘Pecho’i tabla’. Desde ese momento, Marcos comenzó a llamarse Marcelo. 

“Yo no sé si decirle que Ilda era cruel. La Ilda nunca me dijo la verdad. Yo le pregunté y ella no me dijo nada. Ya estaba muy enferma, moribunda”, contó cuando la fiscal le consultó quién era Ilda Agustina Sánchez. La mujer fue acusada como  apropiadora de Ramos pero murió antes de que esta causa se elevara a juicio. “Yo le bajaba las manos cuando ella me pegaba”, recordó hablando de las palizas que recibía. “Sí me acuerdo de una vez que me tiró al piso y me dio patadas”, relató y agregó que su hermana Charo también lo fustigaba.

“La Bety (otra de sus hermanas adoptivas) no era mala. Ella me defendía algunas veces”, dijo en un momento. “La señora Figueroa (una vecina) no tiene la culpa de nada. Ella sabía pero tenía miedo”, dijo en otro. Y cada vez que hablaba de las personas que fueron parte de su vida anterior, lo hacía como intentando entenderlas.

La vida después de la restitución

Foto: Audiencia declaración de Marcos Ramos - Celeste antonio | La Palta

En 2018 se confirmó que era hijo de Rosario y a partir de ese momento conoció a sus hermanos y algunos tíos. Dice que se emocionó mucho, tanto, quele bajó la presión. “Yo no sabía de toda esta familia que tenía”, contó entusiasmado. Con los años, la familia se fue ampliando. Supo que su papá era Pastor Dante Campos con la certeza que le dio la ciencia y los estudios genéticos. “Mi tía Nancy (Campos) dice que cuando le mostraron una foto mía ella ya sabía que yo era su sobrino. Dice que me parezco mucho a mi papá”.

La fiscal le preguntó cómo estaba hoy. “No le diría que de maravilla, pero excelentemente bien”, respondió. Y así, como ese niño que se admira por todo lo que ve y que no se quiere perder de nada, habló de la vida que tiene, de la gente que quiere y que lo quiere, de que su vida ha cambiado y que le gusta. “Esta mañana me levanté, escuché música y pensé en todo lo que me iba a pasar hoy, en mi día especial, el día que iba a declarar yo”. 

A los testigos en los juicios por delitos de lesa humanidad se los aplaude cuando terminan y se retiran. El aplauso es un reconocimiento a esa valentía y es, también, un abrazo y un gracias colectivo. Marcos se levantó y miró a cada persona en la sala como agradeciendo. Sonriente, se sentó entre el público y escuchó los testimonios que siguieron. Saludó con ternura a cada persona que se le acercó al terminar la jornada. Después de tantos años de silencios impuestos, Marcos estaba ahí, mirando todo, atento a todo, dispuesto a no perderse nada de la vida que finalmente había recuperado.