Juicio por Paulina Lebbos: “Soto era totalmente paranoico, tóxico”
/Foto: Alberto Lebbos en la Primera Audiencia del juicio (2026) - Elías Cura | La Palta
Cuando el reloj marca las 11 del lunes 9 de marzo, el Tribunal hace ingresar a la sala de audiencias a Alberto Lebbos, Rosa Lebbos, María Sofía Lebbos y Francisco Lebbos. Son los primeros cuatro testigos que declararán en un nuevo juicio por el crimen de Paulina Lebbos, la joven de 23 años asesinada en febrero de 2006. El juez los saluda y les explica lo que sucederá en las próximas horas. Los cuatro mantienen su mirada hacia el frente y escuchan atentamente mientras entrelazan sus brazos detrás de sus espaldas.
El primero en declarar es Alberto Lebbos, padre de Paulina. Una vez más, se acomoda en una silla frente al Tribunal y jura por Dios, por Paulina y por todas las víctimas de la impunidad, decir la verdad. “Que se haga justicia”, dice.
Paulina era estudiante de la carrera de Ciencias de la Comunicación y cursaba el tercer año. Su familia cuenta que siempre fue una excelente alumna. La madrugada del 26 de febrero de 2006, la joven salió a festejar que había aprobado una materia, en un boliche de la zona del Abasto. Fue acompañada por su amiga Virginia Mercado y otras personas. “Virginia me contó que después tomaron un remís en la zona de la Plazoleta y que Paulina se iba a encontrar con Soto”, declara Lebbos.
La acusación fiscal sostiene que Paulina se dirigió a la casa de su pareja, César Soto. Al ingresar se produjo una discusión y con la clara intención de quitarle la vida, él la ahorcó. Para ocultar el cuerpo, Soto llamó a Sergio Kaleñuk - hijo del ex secretario de José Alperovich, Alberto Kaleñuk -, con quien trasladaron el cuerpo de Paulina hasta la localidad de Tapia. Hoy Soto se encuentra imputado por homicidio agravado por alevosía y Kaleñuk, por encubrimiento. “El señor Soto dijo que no había visto a Paulina el sábado. Esa mañana habían almorzado juntos. Cosa que él negó. Ella le dijo que iba a ir a bailar y juntarse con amigos en la zona del Abasto. Soto sabía eso”, dice Alberto.
Aquel hecho marcó el inicio de la incansable búsqueda de la familia Lebbos para dar con el paradero de Paulina. Una búsqueda atravesada por innumerables llamadas, denuncias en comisarías y un ir y venir constante. “El lunes busqué a Soto en una sanguchería en la que trabajaba. Lo llevé a la Brigada de Investigaciones. Ahí les dije ‘este es el principal sospechoso’. Lo retuvieron un rato, luego salió por la vereda y se fue. Lo dejaron libre”, recuerda Alberto. Los días pasaban y Paulina no aparecía. La sociedad no dudó en sumarse a la búsqueda y al pedido de justicia. Todos los días, compañeras, compañeros y familiares de Paulina marchaban desde la facultad de Filosofía y Letras hasta plaza Independencia. Lebbos recuerda que durante esos días dejó de asistir al trabajo y en su bicicleta recorría cada rincón de la provincia. “Todo el mundo buscaba a Paulina, menos César Soto. El día que ella desapareció, él llamó al teléfono fijo de la casa y después se fue a bailar. El lunes se fue a dormir tranquilo. El amor de su vida había desaparecido y a él no se le movía un pelo”, cuenta Lebbos.
Días después del hecho, se realizó un allanamiento en el departamento de Soto. Allí se secuestró ropa del imputado y una almohada con manchas pardo-rojizas. Las mismas eran compatibles con manchas de sangre. “Yo pedí que se haga urgente el análisis de toda esta ropa que se había encontrado. Pasó lo mismo que pasa con muchísimas pruebas, nunca se peritó”, dice Alberto.
“Hicimos un intenso rastrillaje”, esa frase comenzó a escucharse repetidamente en la casa de la familia Lebbos. Sin embargo, Paulina continuaba sin aparecer. El 11 de marzo de aquel año, “un día lluvioso” según recuerda su padre, el teléfono de su casa sonó. Del otro lado, una voz le dijo que habían encontrado un cuerpo a la vera de la ruta 341. Cuando llegó al lugar le confirmaron que se trataba de Paulina. Con el tiempo, se enteró de que en realidad su cuerpo había sido hallado por dos baqueanos que pasaban por el lugar y no por la Policía.
Mientras Alberto declara, en la sala de audiencias impera el silencio. Su voz, por momentos, se entrecorta y aparecen las lágrimas al recordar aquellos días.
Una relación marcada por la violencia
Durante los primeros tres días de audiencia, los testigos no dudaron en señalar a Soto como manipulador, violento y celoso. También recordaron situaciones por las que Paulina atravesó durante la relación. La joven de 23 años conoció al imputado durante la secundaria, donde quedó embarazada. “Paulina y nuestra sobrina estuvieron a nuestro cuidado siempre. Soto nunca fue a ningún control médico. Nunca tuvo intenciones de ser padre”, relata María Sofía Lebbos, hermana de Paulina.
“Soto era totalmente paranoico, tóxico. Él la llamaba constantemente al celular, le hacía escenas de celos. No la dejaba trabajar, no la dejaba salir con las amigas. Era una persecución y un agobio constante”, recuerda su hermana.
Paulina tenía asma. Su tratamiento requería de un puff o inhalador con su correspondiente medicación y nebulizaciones. Estos aparatos iban siempre en su mochila en caso de una crisis asmática. Su hermana cuenta que el imputado le sacaba sus inhaladores de la mochila, y que, en una ocasión, llegó a vender su nebulizador.
“Paulina siempre contaba que las discusiones eran por celos. A veces él le decía que ella haga lo que sea en la calle, pero más vale que no la vea porque la agarraba. ‘Si yo te veo, te mato’, le decía”, cuenta Virginia Mercado, última persona que la vio con vida. También recuerda que, un año antes del asesinato, Paulina acudió a su departamento a la madrugada. “Ella llamó al fijo preguntando si podía ir porque había peleado con el novio. Cuando llegó, se puso a llorar. Nos dijo que él intentó agarrarla del cuello, que logró escapar y salió corriendo”.
Cuando los testigos declaran, Alberto Lebbos escucha cada detalle mientras sostiene y relee una carpeta donde guarda todo el material para la investigación del femicidio de su hija. Una carpeta con documentos, anotaciones y recortes de diarios, como si fueran piezas de un rompecabezas. La última audiencia de la semana termina y los presentes se retiran del recinto a la espera de una nueva jornada de debate, que se realizará hoy a las 8.30 en Tribunales Penales.
