Tándem Club, donde la inclusión se pedalea de a dos

Foto: Marianella Jeréz | la palta

Unión, solidaridad, felicidad e inclusión son las palabras que describen al Tándem Club, un grupo que desde hace ocho meses promueve el deporte adaptado en Tucumán. Todos los sábados a la mañana, en las pistas de ciclismo del parque 9 Julio, sus integrantes se reúnen y ponen sus bicicletas en marcha. 

Es una mañana de agosto. Sofía llega en su tándem - que es como se les llama a las bicicletas para dos personas, que se sientan una tras otra, con pedales para ambos - y la estaciona a un costado de la pista. Ese día la concurrencia es menor porque algunos están de viaje o por el cielo nublado. Mientras comienzan las charlas y la ronda de mates, Sofía cuelga la bandera del club en un árbol cercano. 

Sofía Nadal es la referente del Tándem Club y embajadora de Empujando Límites, un equipo conformado por ciclistas que promueven el uso de las bicicletas tándem y que los ampara a nivel país. En enero de 2025, cuando el termómetro marcaba los 40° en Tucumán, ella y su compañero Juan Maldonado decidieron darle vida al Tándem Club. Sofía recuerda que el primer sábado ambos tenían miedo de que nadie asista. Pero poco a poco, niños, niñas y adultos con discapacidad se fueron acercando al espacio como así también gente voluntaria para manejar las bicis. “La tándem genera eso, el contagio, la magia, la inclusión”, dice. 

En una bicicleta tándem la coordinación de los movimientos es un factor fundamental para que las ruedas giren. Si uno no pedalea, la bici se detiene. “La bicicleta tándem atraviesa todas las discapacidades. Si una persona puede mantener su espalda erguida, por más que tenga problemas motrices u otras discapacidades, puede subirse a una. Entonces nos trasciende a todos”, cuenta la referente del club. 

Los inicios

Foto: Marianella Jeréz | la palta

Durante la pandemia, Sofía y su compañero pedaleaban en bicicletas individuales. Fue en esa rutina que conoció al grupo Atreverse, que realizan travesías por todo el país para dar a conocer el uso de las tándem.

Una de las primeras experiencias de Sofía fue una expedición desde La Quiaca hasta Buenos Aires. “Un día antes de salir, probamos con Juan, mi guía, la bici tándem. Así que fue una cosa que aprendés, te adaptás o no seguís. Eso me cambió la vida”, dice. En esa primera aventura recorrió 1200 kilómetros en 33 días. Luego, sumó travesías en cinco regiones del país, compartiendo sus experiencias en cada pueblo que visitaban. Así le surgió la pregunta: “¿por qué no hacer eso en nuestra propia provincia?”. 

Protagonistas, guías voluntarios y un trabajo colectivo

El Tándem Club reúne alrededor de 20 personas, entre protagonistas o guiados, quienes van en el asiento trasero, y sus guías voluntarios, quienes conducen al frente.

El trabajo de un guía requiere de mucha comunicación, confianza y responsabilidad. En cada vuelta va detallando lo que sucede, indica qué pie se debe colocar en el pedal, comunica las curvas y describe el paisaje. Un guía puede ser cualquier persona de la sociedad. “Cada uno encuentra su lugar. Nos apoyamos y ayudamos entre todos porque somos un equipo. Lo que no tiene uno, lo tiene el otro. Y lo que no, se hace juntos”, dice Sofía. 

El trabajo colectivo llevó a que hoy el club cuente con cinco bicis tándem, gracias a donaciones y al esfuerzo de sus propios integrantes, que las armaron y las pusieron a disposición del grupo. Este trabajo, además, se hace a pulmón. Con orgullo, Sofía comenta que hace poco consiguieron la bandera que les representa y acompaña cada fin de semana.

Un espacio de recreación

A un costado, Bauti, uno de los integrantes del club, se prepara para pedalear. Coloca su casco y se acomoda en el asiento trasero. Por varios minutos, junto a su guía, recorre la pista. Su papá lo acompaña en otra bicicleta, mientras lo filma con su celular.

Foto: Marianella Jeréz | la palta

Sofía cuenta que muchas familias que tienen algún hijo o hija con discapacidad se acercan a preguntar sobre este deporte. Sin embargo, por miedo u otros motivos no se animan a que lo practiquen. Actualmente, dos niños y una niña asisten al club donde encuentran un lugar terapéutico y de recreación.  

“Ver a un chico que no puede expresarse o que no sale de su casa, y que de pronto pruebe la bici, se le vea ese temple, esa sonrisa… Me emociona y me explota el corazón”, dice Sofía, mientras sus ojos se achinan y una sonrisa de oreja a oreja aparece en su rostro. 

Fabiana es otra de las integrantes del grupo y se define como socia vitalicia del espacio, ya que desde el tercer sábado de enero se sumó al camino de las tándem. La mujer tiene disminución visual y cuenta que este deporte la ayudó a tener confianza para realizar otras actividades. “La bici acá es venir todos los días, convivir con distintos tipos de personas: chicos, jóvenes, grandes, porque todos tenemos un mismo motivo para venir”, dice. 

“En la calle tenés que coordinar más. Acá en la pista empezás a andar hasta que te bajás. En cambio salir, esperar un semáforo, volver a coordinar con tu guía, esa experiencia me gusta mucho”, dice Fabiana acerca de la primera maratón en la que participó con el club. Ahora se prepara para acompañar al grupo en la séptima edición del Foro Argentino de la Bicicleta. Este encuentro se realizará el 5, 6 y 7 de septiembre en el Museo de la Universidad Nacional de Tucumán (MUNT) con entrada libre y gratuita.

Cerca del mediodía, un grupo continúa rodando. Otros descansan, mientras toman mates y recuerdan sus experiencias en el espacio. Sofía los llama para hacer, como cada vez al final de la actividad, la foto grupal. Colocan una bici tándem por delante, se abrazan y sonríen a la cámara. Así finaliza otro sábado de rodar en la tándem, con la promesa de encontrarse en las pistas la próxima semana.