De escuelas, derechos y deberes

 Imagen cortesía de Arvind Balaraman /  FreeDigitalPhotos.net

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En las últimas semanas apareció en todos los medios nacionales como “noticia” la toma de 25 escuelas secundarias de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En Tucumán, aunque sin tanta prensa, también ha estado ocurriendo algo similar en la Escuela de Agricultura y Sacarotecnia dependiente de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT.) Ambos casos responden a situaciones totalmente diferentes y con implicancias políticas bastante distintas, quizás esto último sea una de las razones de las repercusiones tan dispares. Pero en las dos situaciones se está hablando de los mismos protagonistas: los adolescentes.

“Estos chicos deberían estar estudiando en vez de hacer disturbios porque una escuela es el lugar donde se va a estudiar” es el primer imperativo que se escucha no solamente en las mesas familiares o en los bares sino también en los medios de comunicación. Pero ¿es la escuela el lugar dónde se va a estudiar y nada más?

En realidad el establecimiento educativo es el lugar físico donde asisten los niños, jóvenes y adolescentes  a recibir lo que en una sociedad determinada (compuesta por un vasto y complejo entramado de culturas), se establece por educación. Así entonces, se puede empezar a entender que “a lo que van los chicos a la escuela” es algo que varía según los diferentes momentos históricos, los contextos sociales y políticos y los saberes y creencias de los lugares.

Hoy los chicos van a la escuela a algo más que a aprender las leyes físicas y las fórmulas matemáticas, las fechas de los eventos históricos trascendentes, o la manera en que se conjugan los verbos. Sin desmerecer la importancia que puedan tener esos conocimientos, hoy hay quienes apuestan a la educación como un espacio donde se construye la sociedad. Entonces, quienes asisten a la escuela lo hacen también para ejercitar el pensamiento crítico y para “aprender” desde la más temprana edad a desenvolverse como ciudadanos con deberes y con derechos.

Si estos jóvenes saben que sus derechos se están avasallando, deberá ser hora de hacer un paréntesis en la adquisición de ciertos conocimientos y exigir, con la participación activa, que los mismos sean respetados. Sí, tienen derecho y la obligación de cumplir con determinada cantidad de días de clases, pero esos días no deberían ser solamente un número que arbitrariamente se marca. Lo que debería prevalecer es que esos días requeridos estén llenos de contenidos que superen los conocimientos formales, pero sobre todo que sean dados en las condiciones que corresponden.

Gabriela Cruz

gcruz@colectivolapalta.com.ar