Las respuestas aún están flotando en el aire

 Fotografía: Exequiel Reinoso | La Palta

Fotografía: Exequiel Reinoso | La Palta

Los problemas de infraestructura en la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Tucumán no terminan. Basta visitar las instalaciones para ver como cada año se vuelve imposible tener un ciclo lectivo en buenas condiciones edilicias. A diferencia de otros centros de estudios, como las facultades de Derecho, Arquitectura o Ciencias Económicas, las condiciones que viven en Artes son deplorables. El problema principal es que las instalaciones no se adaptan, desde un comienzo, a las necesidades de los alumnos que forman las seis carreras que se dictan allí. 

En 2015 el problema le tocó más de cerca a los estudiantes de Teatro. Con el regreso a clases en el mes de febrero, se encontraron con que las instalaciones estaban peor. Cables sueltos, alacranes, falta de ventanas y puertas, agujeros en los techos y el escenario derrumbándose, forman la imagen del aula Paul Groussac, en el anexo de la facultad de Artes, ubicado en Alberdi al 100. “Lo que más me sorprendió fue el sótano, donde había mucha humedad y el cual se inundó en la última semana. Tiene la madera en muy mal estado y una de las paredes con mucha humedad, y son las soportan toda la estructura. No soy arquitecto, pero es algo que habría que ver con urgencia. También estaban las tomas corrientes salidos (sic), que son un peligro y más cuando se inundan”, contó Joaquín Villanueva, miembro del Centro de Estudiantes y alumno de la Tecnicatura en Sonorización. 

Las instalaciones del aula Groussac son deplorables, sin dudas. Desde el centro de estudiantes presentaron un pedido de audiencia al decanato acompañado con un detalle de cada una de las cosas a reacondicionar a corto y largo plazo. “Vamos viendo los problemas y tratamos de que se vayan solucionando. Por ejemplo, en algunos momentos dejaban de ir los no docentes y nos poníamos a disposición de hacer su trabajo, cuando no nos correspondía. Ahora nos encontramos con una situación en la que, prácticamente, ya no se puede estudiar. Entendemos que hay problemas que no se van a solucionar a brevedad pero ante todo, tiene que haber una decisión política y administrativa que busquen el cambio”, explicó Villanueva. 

La reunión que solicitaron se planteó con el objetivo de debatir y fijar prioridades entre los estudiantes y las autoridades. La nota nunca tuvo una respuesta concreta u oficial, solo rumores de que dentro de poco llegará una partida presupuestaria que podría atender las necesidades. “Hay cuestiones que son entendibles, y que deben esperar. Pero hay otras que son mucho más fáciles. Cuestiones como desinfectar ante la presencia de alacranes, por ejemplo, o mantener la limpieza del local. El personal que debe hacerlo no va a trabajar. Nosotros queríamos que por lo menos nos aseguren esto, y que se va a seguir un control para mantener en buen estado de salubridad las instalaciones”, agregó Joaquín. 

La falta de respuesta por parte de las autoridades derivó en más burocracia. Otra nota fue enviada a la semana siguiente y se solicitó, nuevamente, la reunión con los estudiantes. Lejos de acceder al pedido, el decanato se juntó con los docentes del Departamento de Teatro, donde se les informó que están realizando los pedidos en el Rectorado. Sin embargo aún todo está en el aire. “Ojala se dé, creo que lo más importante es que tomemos conciencia toda la comunidad para ponerse de acuerdo. Si no tenemos la partida presupuestaria, bueno, generaremos acciones conjuntas para que escuchen el reclamo”, agregó el estudiante. 

El local de calle Alberdi al 100, donde ensayan y estudian los chicos de teatro, no pertenece a la Universidad Nacional de Tucumán. Se trata de un espacio que es alquilado para que funcione la sede. Sin embargo, esta situación genera más interrogantes como ¿por qué seguir alquilando un lugar que no se adecua a las necesidades? o ¿quién debe hacer las reparaciones? Preguntas que no tienen respuestas todavía. 

A toda la problemática edilicia se le suma la inseguridad que se vive en el lugar. Hay situaciones que exceden a los estudiantes y que recae en el personal no docente, que no cumple con sus horarios de trabajo, según dijo Villanueva. En muchas ocasiones, contaron los estudiantes, estas personas deciden a qué hora cerrar el local de acuerdo a sus necesidades personales, siendo el horario establecido a las 21. 

“Las autoridades siempre terminan echándole la culpa a los estudiantes, Y no es así, la humedad de una pared o la rotura de un techo no la ocasiona un estudiante. Podría ser el desorden pero, aún así, tiene que estar el personal para atender estas cuestiones de limpieza y orden”, resumió Villanueva la situación con la que finalizan, cada año, los reclamos. Aun así, los estudiantes mantienen la esperanza de obtener una respuesta. Y no solo a través del centro que los representa, sino mediante la unión y el apoyo de todas las carreras que pertenecen a Artes.