Transformar el dolor en lucha

Fotografía de  FB- Merendero Reyes

Fotografía de FB- Merendero Reyes

Todos los que conocen a Ana Reales saben cuán maternal y luchadora es. De esas mujeres con garra que ante la adversidad no se detienen. Y es que Ana sabe de adversidades. Atravesó el dolor más grande de su vida cuando su hijo falleció en enero de 2017 a manos de la policía y desde entonces el nombre de Miguel Reyes se suma a la lista de víctimas del gatillo fácil. “A mi hijo lo mataron como un perro”, repite Ana en la radio, en la televisión, en cada charla a la que es invitada a disertar, a cada periodista que la llama para entrevistarla. “Mi hijo era un ser humano, no un animal”.

A casi dos años de aquel enero, Ana no solo es referente en la lucha contra la violencia policial e institucional en Tucumán, sino que, además, supo construir una mesa de apoyo a la causa de su hijo para buscar justicia. En esa mesa se encuentran organizaciones de derechos humanos que la ayudan a hacer frente a las instituciones judiciales y de seguridad. Pero sirve, además, para contenerse. Para abrazarse ante la injusticia.

Ana decidió transformar el dolor, hace un mes y medio atrás, cuando instaló un merendero en su barrio San Cayetano, en San Miguel de Tucumán. Este proyecto empezó convocando a 10 chicos y hoy asisten más de 60. Todas las tardes, cuando vuelven de la escuela, Ana sirve el mate cocido y una vez a la semana funciona un espacio de apoyo escolar. “Cuando veo a los chicos me acuerdo de mis hijos y de Reyes. Uno de los chicos me dijo el otro día ‘doña Ana, con el mate cocido que usted me da yo me voy a dormir’. Eso me partió el alma”, cuenta Ana.

La comunidad ayuda a que el espacio crezca. Con el aporte de los vecinos, la gestión del merendero es posible. “Gracias a Dios donde golpeó puertas me ayudan con algo, así sea con medio kilo de azúcar o un poquito de yerba”, cuenta Ana con respecto a cómo los vecinos aportan al espacio y contribuyen a su sostén. Al día de hoy el merendero no funciona los días de lluvia porque Ana, al no contar con cocina ni con techo en el espacio, debe cocinar a leña.

“Esto me da vida para salir a la calle a pedir justicia”, expresa Ana y se aferra a la lucha junto a los organismos que la acompañan. De esta manera canaliza su dolor a casi dos años de la muerte de su hijo: “Es mi manera de pedir justicia por todas las víctimas de la policía”.