Megacausa: Narraciones en primera persona

 Fotografía de Bruno Cerimele

Fotografía de Bruno Cerimele

La feria judicial llegó a su fin y en la primera semana de febrero se reanudaron los juicios por delitos de lesa humanidad que se llevan a cabo en territorio argentino. En el caso de Tucumán, provincia donde se desarrolla el juicio por la Megacausa Jefatura II Arsenales II, la sesión se reanudó el jueves 7 pasadas las 10.30 h. Por el momento está previsto que sean jueves y viernes los días dedicados  a las audiencias de esta megacausa. El juicio que comenzó el  12 de noviembre del 2012 se encuentra en las instancias de declaraciones testimoniales. Para estas dos primeras jornadas del año se había previsto escuchar a 10 testigos por día, lo que, por diversas razones, no fue posible y se tuvieron que reprogramar algunos de ellos. Entre quienes ya declararon se encuentran: Vilma Hortensia R., Norma Natividad G., René Arturo R., Nélida L., Teresa Idelma D., José Benjamín E., Celedonio V., Fidel C., Hugo C., Juana Rosa P., Dora María P., Andrés Avelino A., Luis Eduardo B., María Cristina B. y Fernando Leopoldo L.

Cada uno de los testigos que se presentan ante el Tribunal cuentan lo que han visto y vivido durante los años del terrorismo de Estado. Ellos son piezas claves en la reconstrucción de esta historia, sus narraciones están plagadas de dolor pero a la vez de esperanzas, por eso no sorprende escuchar decir: “Hace 35 años que espero para que me tomen declaración”. Algunos fueron víctimas directas, hoy sobrevivientes, que vivieron en carne propia el horror; otros son familiares, amigos, compañeros que presenciaron los momentos en que sus seres queridos fueron llevados, muchos de ellos no volvieron nunca más. Todos y cada uno de los testigos hoy hacen frente al dolor y al miedo que les fue infundido durante casi 10 años de sangrienta dictadura.

Jueves 7: No es venganza, es justicia

Vilma Hortensia fue la primera testigo de este 2013.  Se sentó frente al Tribunal con una fortaleza admirable y comenzó a contar todo lo que recordaba del momento del secuestro de su hija Luisa Ibañez y su búsqueda incansable durante casi 36 años. Recorrió todos los lugares que pudo “Tenía la esperanza de que la tiren por ahí como hicieron con Bustos, Ferreyra y Sandoval” dijo Vilma. Su declaración fue extensa y no escatimó en tantos detalles le parecían relevantes. Señaló a Roberto “el Tuerto” Albornoz como uno de los principales responsables de la desaparición de su hija y, como evidencia de la perversión que imperaba en aquellos secuestros, contó cómo fue a parar en manos de una sobrina, novia de uno de los hijos de Albornoz, un anillo que pertenecía a Luisa.

Doña Vilma no se calló nada y cuando uno de los abogados defensores al hacerle preguntas sobre sus declaraciones afirmó datos que ella no había dicho no dudó en contestarle: “No me van a confundir, me arrancaron una hija, no un dedo”.  Antes de retirarse se dirigió directamente al presidente del Tribunal, mirándolo a los ojos le dijo “Yo le pido justicia señor Juez, no venganza, justicia”.

Más tarde fue el turno de Norma Natividad G. víctima sobreviviente de los secuestros y torturas de la dictadura militar. Fue secuestrada en 1975 en un operativo que se llevó adelante en San José y llevada a Jefatura de Policía. Allí vio como Roberto Albornoz sacaba a rastras a su hermana que había sido torturada y no podía caminar. Luego fue trasladada a la Escuelita de Famaillá donde vio nuevamente a su hermana “estaba torturada y violada” dijo, “la dejaron en libertad una noche, después en octubre de 1975 la volvieron a secuestrar y desde entonces está desaparecida”.

La sala fue desalojada por pedido de la abogada querellante Laura Figueroa, ya que las preguntas que continuaban apuntaban a su posible condición de víctima de delitos sexuales. Antes Norma había dicho que la noche de su secuestro la metieron a un camión junto a Juan Fote, Pedro Rodríguez y los hermanos Romero.

Viernes 8: No nos cercenen la palabra

La jornada del día jueves terminó con la declaración de nueve testigos, uno de los que figuraban en la lista de citados ya se había confirmado que no asistiría en la fecha por lo que el viernes empezaba todo como estaba previsto. La primera testigo en declarar fue Juana Rosa P. secuestrada el 13 de marzo del año 1976 en la casa de su madre, donde se encontraba con su hija de 8 meses de edad, y liberada en junio de 1979.

La historia de Juana fue una de las más desgarradoras de esta primera semana. Estuvo más de 3 años privada de su libertad y sufrió impensables tormentos. La noche del secuestro fue sumamente violenta, le rompieron el Documento Nacional de Identidad antes de salir de su casa advirtiéndole que a donde iba no lo necesitaría. La llevaron a la Jefatura donde le dieron patadas en todo el cuerpo “me sentí como una pelota de fútbol…cuando me dejaron ya no tenía los dientes de adelante”. En ese lugar escuchó gritos que describió como “aterradores de dolor” y entre esas voces reconoció la de su marido Manuel Francisco Pedregoza. Más tarde, cuando le conectaron los cables y la torturaron con picana eléctrica, logró ver por debajo de las vendas como hacían lo mismo con su esposo.

Juana contó ante todos los presentes como después de ser torturada la tiraron en un camión “como una bolsa de papa”. Allí también habían puesto a Manuel y los trasladaron junto a otras personas a la Escuela Universitaria de Educación Física. Reconoció el lugar porque ella había sido estudiante de la carrera del profesorado de educación física, conocía los ruidos del trampolín de pileta, las campanadas de la Iglesia y los aviones que circulaban por el entonces Aeropuerto. En este Centro Clandestino de Detención (CCD) tuvo la oportunidad de ver a Manuel con el abdomen negro, no sabe si eran quemaduras o golpes; también vio a su cuñada Dora Pedregoza, ambos secuestrados la misma noche que ella.

Con su esposo habían encontrado una manera de comunicarse, a través de una simulación de tos, de este modo es como ella se dio cuenta que una noche se lo llevaban y desde entonces nunca más supo nada de él.

Cuando Juana fue llevada estaba embarazada, cuidó su embarazo como pudo, resistiendo las picanas, los golpes y el hambre. Después de haber soportado que la acusen de delirar con un embarazo psicológico y debido a las pérdidas que sufría la llevaron a la Maternidad de Tucumán donde no pudieron hacerle un aborto. Fue trasladada a Buenos Aires donde dio a luz a su hijo. “Nació con todos los huesos quebrados…tenía el nervio óptico distendido… la rótula en la ingle” Contó Juana sosteniendo la voz como podía y recordando las secuelas que su hijo tiene hasta el día de hoy.

El testimonio que esta sobreviviente aportó estuvo plagado de detalles y de nombres de personas que logró ver en tantos años de secuestro. Cuando volvió a su casa la niña que había dejado estaba próxima a cumplir los 5 años de edad. En medio de todo este dolor Juana demostró agradecimiento por poder declarar aunque sea después de tanto tiempo “No es lo mismo estar sola frente a un secretario que toma declaración que hoy”.

Una de las últimas personas que pudo  dar su testimonio el viernes fue María Cristina B. que contó minuciosamente el contexto en el que conoció a Estela López, militante desaparecida en la década del 70’. Los detalles de su relato molestaron a la defensa que intentó evitar que la audiencia escuche como vivían aquellos años quienes tenían un fuerte compromiso social y político, sin embargo el Tribunal consideró que aquella testigo debía seguir con su testimonio. Antes de retirarse María Cristina expresó lo que muchos sienten: “No nos cercenen la palabra, porque si nos cercenan la palabra es como si los volvieran a matar a todos”

Planteos, dilaciones y tensión en la sala

Raúl Edgardo Elías ya estaba sentado frente al Tribunal y se había dispuesto que se escuchara el audio de su declaración prestada en la causa Jefatura I. Este mecanismo (de escuchar los audios de declaraciones en causas anteriores) se realiza para evitar que los testigos víctimas deban repetir narraciones dolorosas y atraviesen nuevamente situaciones traumáticas. Está basado en el Protocolo de Estambul donde se establece el tratamiento a este tipo de testigos. Cabe mencionar que se han escuchado los audios de otros testigos en este juicio y que ante los planteos de la defensa el Tribunal ya resolvió que así se haría dando los fundamentos para tal decisión. Sin embargo, los abogados de la defensa nuevamente utilizaron la objeción como método de dilación evitando que el testimonio de Elías pueda continuar. Los jueces pasaron a lo que sería un breve cuarto intermedio para resolver los planteos realizados por esta parte, pero al regresar y anunciar que se continuaría como estaba previsto el testigo ya había sido retirado y en su lugar estaba una miembro del Sistema Provincial de Salud (SiProSa).

Lo que había ocurrido fue que durante el cuarto intermedio el imputado Oscar Humberto Gómez debió ser atendido por el personal de salud que se encuentra en la sala. La especialista determinó que debido a su elevada presión Gómez debía ser trasladado a un sanatorio para su atención y posterior observación. Esta situación ocasionó que los abogados de la defensa aleguen sobre las condiciones en las que se encuentran los detenidos en la unidad N° 9 del Penal de Villa Urquiza. Los gritos y aplausos ante las palabras de los defensores por parte de los familiares de los imputados no se hicieron esperar, lo que produjo un ambiente de tensión en la sala.

¿Cómo evitar pensar en el dolor, la angustia, la impotencia de los sobrevivientes y familiares de desaparecidos que allí estaban presentes? Ellos, que sufrieron el trato más inhumano posible, que noche a noche eran electrocutados, que fueron ultrajados y violados, que perdieron todo lo que tenían, hoy escuchan que los responsables de todo aquello que tuvieron que vivir piden mucho más que las condiciones que la Constitución establece. Exigen estar en sus casas, junto a sus familias y en libertad, derechos que ellos negaron cuando se creían todopoderosos.

Gabriela Cruz

gcruz@colectivolapalta.com.ar