Una justicia que respalde la verdad

 Fotografía de Bruno Cerimele

Fotografía de Bruno Cerimele

La sala de audiencias se fue llenando de a poco. Los familiares, amigos, militantes que cada viernes llegan desde la provincia de Santiago del Estero fueron ocupando las sillas vacías. La mayoría de ellos sostenían en sus manos una foto en blanco y negro del rostro de Germán Cantos. En esa fotografía se ven los ojos claros y la sonrisa alegre. “Yo no sé de dónde sacaba fuerzas para cantar”, había dicho una testigo la semana anterior y este viernes el testimonio de otro sobreviviente que lo conoció en cautiverio le dio otras pinceladas al perfil del chico de 21 años.

“Nos hacía este pequeño chiste que nos traía una pequeña sonrisa después de tantas angustias”, dijo Héctor Oscar Justo. Germán estaba a cargo de servir la comida como parte del trabajo esclavo al que eran sometidos algunos secuestrados. “Hoy tenemos lechón, mañana pollo y pasado, tal vez, pescado”, contó Héctor que les decía mientras les servía una paupérrima polenta con huesos en las latas de conservas y, con ese chascarrillo, le imprimía un poco de humor al horror.

Nos hacía este pequeño chiste que nos traía una pequeña sonrisa después de tantas angustias.
— Héctor Oscar Justo

Héctor Oscar Justo fue el cuarto y último testigo de la jornada. Es un sobreviviente que estuvo detenido en el Centro Clandestino de Detención (CCD) que funcionara en el ex Arsenal Miguel de Azcuénaga. Allí le había tocado estar frente a Luis Cantos Carrascosa (primo de Germán) en esa especie de caballerizas que describieran, en juicios pasados, cientos de sobrevivientes del 'infierno'. Con Luis habían tenido varias conversaciones a escondidas en las que advirtieron que Héctor era vecino de una pariente de los Cantos aquí en Tucumán. “Si llegás a salir deciles que estoy aquí, que en el otro lado (el otro pabellón del mismo lugar) están Germán y Anabel”, y lo que a Héctor le había parecido una remota posibilidad hoy les da una certeza, en medio de tantas incertidumbres, a la familia Cantos.

El primer testimonio que se escuchó el viernes 8 de agosto fue el de O.P. (su identidad se preserva por ser testigo protegido). O.P. fue también testigo víctima en la megacausa Jefatura II Arsenales. Ya entonces había descrito las condiciones en las que estaban alojados los rehenes en el CCD de ‘Arsenales’. El viernes pasado habló de las conversaciones que mantuvo con Germán, de lo que compartió con él en el cautiverio y de sus primos Luis y Anabel Cantos.

Rafael Garnica, el segundo testimonio que se escuchó, es un nuevo testigo incorporado a partir de la declaración brindada por Luis Garay la semana pasada. Garnica se acercó al Instituto Espacio para la Memoria de Santiago del Estero para contar que había visto a Germán en el Batallón de Ingenieros de Combate un día domingo. Que el muchacho estaba vestido de civil y que le había dicho que lo tenían allí hacía unos días porque estaban averiguando sus antecedentes. Su testimonio fue expuesto ante el tribunal presidido por Juan Carlos Reynaga a pesar de las objeciones de la defensa y del mismo imputado. “Hoy, 38 años después, entra por la ventana este testigo que dudosamente recién ahora se acuerda y quiere declarar”, había dicho al empezar la audiencia el imputado en esta causa Jorge D’Amico, como desconociendo los años de terror y la dificultad para confiar en las instituciones de justicia después de décadas de impunidad.

Ramón Iglesias, el tercer testigo en declarar el viernes, vio por última vez a Germán Cantos en el Batallón de Ingenieros de Combate. Contó que Germán estaba vestido de civil esperando que le firmaran un documento para poder retirarse. “Todos los changos que estaban conmigo los han hecho salir, a mí me han hecho quedar”, le había dicho Germán, que además le había pedido que lo esperara en una pizzería cercana al cuartel. “Para que me acompañes a casa porque tengo miedo”, recordó que le dijo. Desde entonces no supo nada más de aquel chico rubio y de ojos claros.

La tercera audiencia finalizó cerca de las 14 del pasado viernes. Se espera que el próximo 15 de agosto terminen de declarar los testigos que faltan y se dé inicio a los alegatos. De este modo el viernes 29 se estará dictando sentencia en un juicio que, como dijera Inés Lugones (una de las abogadas querellantes), demostrará uno de los circuitos represivos que involucraba las provincias de Tucumán y de Santiago del Estero. Se espera que, después 38 años de lucha, llegue un poco de justicia y se respalde desde allí esa verdad por la que la familia Cantos luchó todos estos años. Una verdad que don Francisco Cantos y doña Petra López -padres de Germán- llevaron como bandera y que hoy sus otros hijos siguen sosteniendo con la entereza de los luchadores.