"Echar luz a tanta oscuridad"

 Fotografía de Bruno Cerimele

Fotografía de Bruno Cerimele

“Niego los hechos que se me imputan”, arrancó Jorge Alberto D' Amico. El único imputado por la desaparición, torturas y homicidio de Germán Cantos continuó con su declaración indagatoria. Esta vez se refirió a los hechos que se le imputan y los negó categóricamente. Sostuvo que no era Capitán en el Batallón de Ingenieros de Combate 141 de Santiago del Estero, sino Teniente. Dijo que durante el ‘Operativo Independencia’ había concurrido como Jefe de compañía, no como oficial de inteligencia. Aseguró que en el período que a la causa Cantos atañe, él no estuvo en tránsito entre Santiago del Estero y Tucumán. “Respecto al hecho en sí del soldado Cantos, ya me voy a referir en otra indagatoria. Yo tengo claro lo que pasó”, fueron sus palabras sobre el final de esta instancia.

Jorge D’ Amico hizo su declaración sentado en el lugar que decidió ocupar. En los juicios de la megacausa y de la causa De Benedetti, los imputados que estaban en la sala se sentaban detrás de los defensores oficiales. Desde allí hacían sus anotaciones, seguían la audiencia y hablaban cada tanto con sus representantes. Jorge D’ Amico, vestido de saco y corbata, estuvo sentado a la derecha de los defensores oficiales. Más de un asistente llegó a pensar que era un abogado más. Desde allí presenció la mayor parte de la audiencia. Solo durante la declaración de la segunda testigo, Angelines Cantos, pidió seguir el debate desde una sala contigua.

Anteriormente había declarado Roberto Cantos. La sala había quedado como suspendida en el aire. Aplausos, lágrimas, nudos en las gargantas. Las palabras de Roberto calaron profundo el corazón de los presentes. Las razones por las que estaba allí, el dolor vivido, que sus padres no hayan podido participar en este juicio. “En nombre de mi padre que ya no está. Se murió con dos huecos en su corazón”, lamentó con la voz quebrada el hermano que tenía 18 años cuando empezó junto a su familia una búsqueda interminable.

Un tipo que se fue demasiado temprano

Roberto contó todo lo que recordaba de aquel sábado en que fue al lugar donde Germán prestaba el servicio militar. Habló de los días siguientes, de los años siguientes. Pero también se refirió a los años anteriores. Contó que su familia era muy católica, que el interés por el otro, la solidaridad, la habían aprendido en aquella Iglesia que con el tiempo fue ‘metamorfoseándose’. “Durante la dictadura la Iglesia empezó a decir que había que ‘aceptar’ la voluntad de Dios. Como si la voluntad de Dios hubiera sido eso”, reflexionó refiriéndose a los delitos cometidos por aquel Estado.

La figura del desaparecido es una instancia perversa. Eso puesto en el fondo del corazón de una madre se acerca bastante al infierno.
— Roberto Cantos

Una de las cosas que más le había llamado la atención a la familia Cantos fue que a Germán no le correspondía realizar el servicio militar. “Había sacado el número 009. Era número bajo”, recordaron los hermanos. Para mayor sorpresa fue incorporado tiempo después al correspondiente. Esas irregularidades había llamado la atención de la familia que consultó a Carlos Jensen, ex gobernador de facto. Jensen les había asegurado que en ningún lugar estaría más seguro que en el Batallón de Ingenieros 141. El lugar donde sus padres y sus hermanos lo vieron por última vez.

“La figura del desaparecido es una instancia perversa”, aseguró Roberto. “Eso puesto en el fondo del corazón de una madre se acerca bastante al infierno”, añadió. Esa madre que nunca más volvió a perder la tristeza en sus ojos, según recordó Angelines.

“Ese era Germán”, concluyó Roberto cuando describió a su hermano mayor. El que cantaba aún en los momentos de mayor oscuridad, como lo recordara más tarde la última testigo de la jornada. El que tenía una profunda inquietud espiritual e intelectual, como insistiera el mismo Roberto. “Un tipo que se fue demasiado temprano”, lamentó el hermano que lo miraba con admiración y al que le dedicó un poema.

"¿Dónde andará sonando todavía? ¿Cuál corazón cuáles latidos?", empieza preguntándose ese poema al que puso por título "La última canción, ¿cuál habrá sido?". *

Una generación desaparecida

Cada vez que se piensa en los años setenta es casi inevitable pensar en los jóvenes desaparecidos. En las utopías y los sueños desgarrados a fuerza de torturas y muertes. “De los 14 compañeros que empezaron su militancia social en el colegio, por lo menos 11 están hoy desaparecidos”, dijo Luis Garay. Luis era compañero de Germán desde el secundario.  Allí, según recordó, empezó su interés por las personas que sufrían privaciones. Eso que él llamó ‘militancia social’ se profundizó cuando en la universidad empezaron a participar en la militancia más política y politizada. Desde entonces las persecuciones no cesaron hasta que todos ellos fueron detenidos y la mayoría fueron desaparecidos. 11 de los 14. Una relación numérica que da cuenta que cuando se habla de ‘generación diezmada’, no se exagera.

Mario Giribaldi es uno de aquellos jóvenes desaparecidos. Mario había estado detenido en el Centro Clandestino de Detención (CCD) que funcionara en el ex Arsenal Miguel de Azcuénaga. En octubre de 1976 fue nuevamente trasladado a Santiago del Estero. Allí pudo conversar con Luis Garay que se encontraba detenido y el viernes fue uno de los cuatro testigos que declaró. En esa oportunidad le contó que en los interrogatorios le preguntaban por Germán Cantos. “Antes de la incorporación de Germán al Batallón, ya se preguntaba por él”, aseguró Garay ante el tribunal.

Germán y sus primos Anabel y Luis Antonio habían compartido la militancia durante el secundario, habían vivido en Tucumán. Los tres permanecen desaparecidos. Los tres fueron vistos en el ex CCD del ‘Arsenal’. “Nosotros sabíamos que Tucumán era el destino final de aquellas personas que eran consideradas peligrosas o a las que se creía que se les podía sacar más información”, aseguró Garay y de alguna manera respondió a la pregunta de por qué estos santiagueños, como tantos otros, fueron trasladados y vistos por última vez en el 'Arsenal'. O como lo llaman todos los que sobrevivieron a ese lugar: el infierno.

Una víctima, un imputado, una defensa que cuestiona testigos

“Una vida es un juicio universal”, dijo Julia Aignasse, la abogada que junto a Inés Lugones y Pedro Orieta representan la querella de la familia Cantos. Con esta aseveración concluyó una reflexión respecto a la importancia de este juicio en el que se juzga un solo imputado por una sola víctima.

Esa víctima es Germán Cantos, tenía 21 años cuando ingresó a cumplir el servicio militar. Era santiagueño y la última vez que lo vieron fue en el Arsenal Miguel de Azcuénaga. María Cristina Román de Fiad es una de las sobrevivientes de aquel infierno que pudo hablar con él. “Cantaba a pesar del horror que vivíamos”, recordó la testigo que declaró también el año pasado en la megacausa. “Yo no sé de dónde sacaba fuerzas para cantar”, dijo la mujer como pensando en voz alta.

“Hablé con él, le pregunté si era Germán Cantos al que lo había hecho secuestrar D’ Amico”, contó la testigo. “Sí, ese hijo de puta”, recordó que le había contestado Cantos. Los defensores no dudaron en señalar que la señora Román de Fiad había cometido falso testimonio. “No mencionó a D’ Amico en (la megacausa) Arsenales. O lo creó ahora, o lo calló en aquel momento”, argumentó Adolfo Bertini que junto a Vanessa Lucero representan la defensa oficial. María Cristina le explicó al tribunal que cuando declaró en la megacausa Jefatura II Arsenales lo había hecho por los casos Sánchez y Díaz y que no le habían preguntado por Cantos.

Con el mismo ímpetu la defensa intentó anular la declaración de Luis Garay y con ello impedir que se cite a un nuevo testigo. Lo que sucedió fue que Garay contó a la audiencia que hace un par de semanas un ex conscripto se acercó y le aseguró haber visto el domingo 5 de setiembre de 1976 a Germán (a la familia se le dijo que Germán había salido de franco el 3 de setiembre). Que estaba vestido de civil en las instalaciones del Batallón de Ingenieros de Combate 141, que le había comentado que hacía tres días que estaba allí y no lo dejaban salir porque estaban averiguando sus antecedentes. La fiscalía pidió que este nuevo testigo (cuyo nombre se preserva hasta que se produzca su declaración) sea citado e incorporado como prueba testimonial. 

La próxima audiencia será el viernes 8 de agosto. Para entonces se espera continuar con las últimas declaraciones testimoniales. Los familiares, amigos, afectos que acompañan cada audiencia, de alguna manera se hacen eco de las palabras de María de los Ángeles Petra Cantos. O Angelines, como ella prefiere ser llamada. “Lo que nosotros venimos a buscar es un poco de verdad. Echar luz a tanta oscuridad y que, a partir de la verdad, se haga justicia”.

*Se reproduce a continuación el poema escrito por Roberto Cantos para su hermano Germán:

La última canción, ¿Cuál habrá sido?

¿Dónde andará sonando todavía? 
¿Cuál corazón, cuáles latidos?
¿Se conmovieron con la melodía?
¿Qué será de mezclar
la canción con el gemido?
No hay poema para el grito.
Cantar para volver a ser aquel que no será,
cantar para volver a esos lugares sin dolor.
Cantar para salir por un segundo del infierno
Cantar para nacer y renacer,
y renacer.
Canción, caricia sobre la llaga.
Canción, dormir en el sollozo.
Canción de perfumar el abandono
Por la hendija la luz
Por la luz el amor
Y el dolor…
Y el desamor.